Victor's profileDesde un décimo piso...PhotosBlogLists Tools Help

Desde un décimo piso...

(crónicas de la vida urbana de un profesional treintón, separado, con dos hijos)
11/1/2009

Curvas de aprendizaje

El término Curvas de Aprendizaje (Learning Curves) llegó a mí a través de los videojuegos. Unos cuantos años atrás, allá cuando tenía una Playstation o una Dreamcast, solía comprar revistas sobre el tema. En ellas, dentro de los muchísimos factores de evaluación de cada videojuego (que incluyen la parte gráfica, lo entretenido que es, la ambientación, el argumento, y mucho más), se incluía la Curva de Aprendizaje.
 
¿Curva de Aprendizaje? ¿Acaso se necesita aprender a jugar videojuegos? La respuesta es si. En el principio de los tiempos, cuando todo se reducía a Space Invaders, Pac-Man y Rally-X, este aprendizaje tomaba apenas un par de minutos, lo suficiente para manejar una palanquita y, a lo sumo, un botón. Pero, con el paso del tiempo la complejidad de los videojuegos ha aumentado considerablemente, y hoy un control estándar tiene la friolera de dos palancas y más de diez botones. Además, las historias son más complejas, y lo que se puede hacer dentro de los juegos también. Tomemos por ejemplo un Grand Theft Auto: se puede caminar, correr, entrar en edificios, cambiarse de ropa, tener sexo, disparar, golpear, y algunas combinaciones de lo anterior. Obviamente, lograr disparar desde un auto en movimiento no es algo fácil de hacer, por lo que para llegar a eso se requiere aprender algunos pasos previos.
 
Volviendo al punto inicial: en términos muy simples, un atributo buscado en los juegos era el que la Curva de Aprendizaje no fuera muy pronunciada. ¿Cómo así? Muy simple de explicar con una analogía: si algo, cualquier cosa, es muy difícil de aprender desde el principio, generará frustración y la gente le hará el quite. Rápidamente los fabricantes de videojuegos aprendieron de esto, y comenzaron a producir juegos que tienen una curva de aprendizaje progresiva, no muy pronunciada, en la que el proceso de aprendizaje forma parte del juego en si mismo. Así, los God of War, Gran Turismo, Halo, Guitar Hero, Grand Theft Auto y similares, comienzan con una pequeña introducción y un trozo de juego básico, en el que se enseñan los principios iniciales, la funcionalidad mínima. Y así, poco a poco y progresivamente, a cada pequeño paso, se va entregando más información de funcionalidades, y de lo que hay que hacer. Y se aprende, bueno, jugando. Así, al cabo de un par de semanas el jugador ya conoce todos los botones, todas las funciones, y está listo para entrar en tierra derecha, en la parte de alta complejidad del juego.
 
Lo divertido del caso es que este concepto, de las Curvas de Aprendizaje, no es exclusivo del mundo de los juegos de video. Todas las destrezas, todas las habilidades, todo lo que aprendemos en nuestra vida, está sujeto a ellas. Cada nueva tarea que aprendemos se cimenta sobre las bases de lo que aprendimos antes. La vida entera puede verse como eso, como un proceso de aprendizaje con su respectiva curva. Y cada paso que damos en el mundo del aprendizaje es eso, un paso. Un escalón. Y así debe ser, puesto que en el momento en que lo que tenemos al frente no es un escalón sino un muro, quiere decir que la curva de aprendizaje es muy pronunciada y que es posible que hasta ahí no más lleguemos en ese aprendizaje.
 
Cada cosa nueva que aprendemos es un avance, progresivo, sobre algo que ya sabemos. Y la lógica de los procesos de aprendizaje está explícita en nuestra mente. Ejemplo de ello es el dicho "se debe aprender a caminar antes de aprender a correr". Prácticamente todo lo que aprendemos tiene un orden, una secuencia lógica, sea esto un deporte, manejar un vehículo, otro idioma, un nuevo programa en el computador. Y la curva de aprendizaje es el incremento de dificultad que conlleva cada uno de los pasos de esa secuencia. Y esta curva es determinante en el resultado final. Si es muy pronunciada -ya se dijo- espantará y, si por el contrario, tiene poca pendiente, el aprendiz se aburrirá rápido porque sentirá que no aprende nada pese al tiempo dedicado al proceso.
 
Pasa con las destrezas físicas, con las asignaturas del colegio o la universidad, o con un programa. Cada paso a su vez. Cada escalón. Y cuando el escalón sea muy pronunciado, se debería buscar la manera de fraccionarlo en escalones más pequeños. Ejemplo: aprender a andar en bicileta. Para lograr el equilibrio, al principio, se baja la pendiente de la curva de aprendizaje por el expediente de las rueditas chicas. Después la curva se incrementará si el aprendiz quiere aprender a andar sin manos, o a hacer piruetas al nivel de los X-Games.
 
Los colegios han sabido asimilar este concepto, y aplicarlo en buena forma. Yo lo experimento en forma casi diaria, con lo que aprenden mis hijos en el colegio, acompañándolos a estudiar, viendo cómo hacen las tareas. Los procesos formativos han cambiado enormemente desde la época en que yo fui al colegio, y se nota. La enseñanza ahora es más entretenida.
 
¿A qué voy con todo esto? A que, en un análisis final, no debería haber nada que una persona normal no pudiera aprender, en la medida en que la curva de aprendizaje asociada sea la correcta para él o ella. La misión de quienes enseñan, de los educadores, de los maestros (además de definir objetivos, entregar contenidos, y evaluar, dentro de una larga lista), debería ser el poder adaptar la curva, suavizándola, y eliminando los saltos bruscos. Tal como hacen los videojuegos: enseñando a jugar un paso a la vez (y si no me creen que esta es la forma correcta, pregúntenme por qué abandoné el juego de Superman Returns apenas después de la primera etapa).

Kalfukura

portadaKALFUKURA
Cortesía de mi buen amigo Lecaros, recibí una invitación para asistir a la FILSA (Feria Internacional del Libro de Santiago) y al lanzamiento del nuevo libro de Jorge Baradit, Kalfukura.
 
Tuve oportunidad de conocer a Baradit hace cosa de dos meses, en la última sesíón de los coloquios de Literatura Fantástica que organizó el Instituto Chileno Norteamericano durante el mes de agosto. En esa ocasión, junto con galletas y quesos para picar, y un buen tinto, Baradit compartió una mesa redonda con los autores Darío OssesPatricio Jara (que un par de días después salió a librerías con Quemar un Pueblo). Como moderador de la mesa, el reputadísimo Francisco Ortega (autor de El Número Kaifman). Ese día, la conversación se movió por distintos derroteros, y el par de horas del coloquio pasaron rápidamente. Escuchar a este grupo de escritores, con los que comparto más de un punto de vista y de formación, fue una experiencia interesantísima.
 
Así las cosas, asistir al lanzamiento del nuevo libro de Baradit apareció como una excelente alternativa para una tarde de sábado, antes de partir con los niños a pedir dulces de jálogüin.
 
Pero antes de adentrarme en el lanzamiento en si, y en Kalfukura, un poco de historia. Jorge Baradit explotó en las librerías locales el año 2007, con su primera novela, Ygdrasil. Ambientada en un futuro tecnologizado más allá de lo razonable, militares mexicanos descubren una persona sobre la cual se han realizado experimentos que han dado como resultado la fragmentación de su alma. Así de fuerte. Al año siguiene, publicó Synco, una novela ambientada en una línea temporal alternativa en la que el gobierno de la Unidad Popular no terminó el 11 de Septiembre de 1973, y en la que se logró implementar un sistema informático de control, tecnológicamente revolucionario para la época, que logró resolver los problemas de la época y transportarnos a un Chile distinto al actual.
 El lanzamiento estuvo buenísimo. Una hora de charla en la que los ya mencionados Baradit, Ortega y Osses, a quienes se sumó (en reemplazo de Patricio Jara) Jorge David, alias Dr. Zombie, entretuvieron a unos ciento cincuenta asistentes hablando del libro, de la fantasía local, de nuestros mitos, de la historia, todo como parte de una edición especial de la serie de podcast que Baradit y Ortega realizan bajo el título de Desde el Fin del Mundo (para los que quieran escuchar el show completo, el podcast del mismo está acá). Una fiesta. Jolgorio total. Reflejo claro de algo que sólo puedo imaginar: lo que siente un autor al entregar al mundo a su nueva criatura con una masa de fanáicos al frente.
 
¿De qué va Kalfukura? Una novela fantástica, de aventuras, la que -en palabras del autor- habla sobre "la conquista mágica de América". Baradit es, en primer lugar, un tipo arrojado. En un mes y medio parió este libro, tercer paso en su aventura en las letras. Baradit es, además, un tipo entretenido. Su participación en charlas y mesas redondas no tiene desperdicio. Baradit es, en tercer lugar, un tipo honesto: durante el lanzamiento se le preguntó el por qué había tirado toda la carne a la parrilla en Kalfukura, en vez de fraccionarla, descartando así la posibilidad de escribir una serie de libros con buen nivel de venta (acá cabe recordar que Ygdrasil se convirtió en un éxito de ventas en España, con lo que tiene e interés de ese mercado ya asegurado); su respuesta fue simplemente que así le había salido.
 
En definitiva: ya sea por las virtudes de Baradit, por las ganas de leer un buen libro de fantasía, o -por último- por el manoseado argumento de "es chileno", les recomiendo acercarse a su librería más cercana y hacerse con una copia. No se arrepentirán. Es más, en unos cuantos años, cuando Baradit se convierta en el fenómeno mundial que está destinado a ser, cuando sus libros sean hechos películas de gran presupueso en Hollywood, cuando el tipo se radique en otro país y aparezca en la lista del Forbes como uno de los autores que más gana en el mundo cortesía de sus libros, podrán decir con orgullo "yo leo sus libros desde hace mucho tiempo", y demostrarlo, mostrando su copia de la primer edición de Kalfukura.
10/11/2009

Se acaba desenfocados

¿Cómo nos afectan las personas que conocemos, las decisiones que tomamos, los lugares en los que estamos? ¿Cómo se va desarrollando nuestra vida según estos parámetros? La interrelación entre sucesos aparentemente inconexos muchas veces es sorprendente.
 
¿A qué voy? A que en este momento de la vida (desde una perspectiva de lo que hago) me defino como un ingeniero al que le gusta escribir. Y esto porque en los últimos seis años he tenido distintos espacios en los que escribir. Y esos espacios, todos, han partido de un mismo origen: la lista de cómics en que participaba Rolando. Así es: los distintos e-zines o sitios web, la publicación en CeroUno el año pasado, e incluso ahora la posibilidad de publicar el libro que escribí, todo eso, ha sido a través de amigos que he hecho en comics_cl. Quién más, quién menos, en ese grupo humano virtual he encontrado más que personas con las que compartir una afición. He encontrado amigos, espacio, motivación para desarrollar una veta que estuvo largo tiempo dormida.
 
¿Por qué hago este análisis aquí y ahora? Porque -tristemente- uno de los e-zines a los que llegué desde comics_cl, el ñoñolog desenfocados.cl, cierra sus puertas. Mi buen amigo Lecaros baja la cortina en su encarnación actual. No más artículos. Lo que ya está arriba se quedará un tiempo, pero más pronto que tarde desaparecerá.
 
Atrás quedan casi cinco años en los que escribí de ñoñerías varias: el renacimiento de Green Lantern, los New X-Men de Morrison, Superman Returns, la película Hollywoodland, el último libro de Harry Potter, Planet Hulk, World War Hulk, y un par de cosas más, incluída mi reseña a la peor película de la historia, Blonde Ambition. Entremedio, migraciones de plataforma, borrado masivo de artículos, y la siempre presente edición de Lecaros, abierto a recibir mis colaboraciones en todo momento y lugar.
 
Quizás desenfocados nunca fue un sitio muy grande, popular o visitado. Pero fue un sitio con onda, donde las ñoñerías se llevaban con orgullo. Es triste, aunque entendible, que estas ventanas se cierren. Pero así es el mundo, sobre todo en el rápido negocio del internecs, donde estas quijotadas autosustentadas, que en muchas ocasiones no generan ingresos, no se pueden mantener para siempre.
 
La vida ha sorprendido gratamente a mi yo escritor. Desde la primera columna que envié a puertocero en el 2003, hasta ahora, debo haber escrito sobre un cuarto de millón de palabras en notas varias y en mi libro (tengo pendiente hacer los números totales). He descubierto que hay gente que sigue este blog, que ya pasó las 12.000 visitas. Me han publicado tres veces en un medio impreso. Me han llegado correos de amigos a los que les llegó un correo apuntando a algún artículo que escribí. Me atreví a mandar cuentos al Santiago en 100 palabras. Un par de amigos me ha dado las gracias y se han emocionado leyendo alguna tontera que posteé en alguna parte. Y tengo terminado un libro que, quizás, se publique y venda. Todo eso, todas las alegrías que me ha dado esto de escribir, no habrían sido posibles de no existir tipos como mis amigos Orpheus (que regentaba puertocero) y Lecaros.
 
Quién sabe qué nos depare el destino, o en qué vuelta del camino nos volvamos a encontrar. Pero independientemente de cómo o cuándo sea, será con la alegría de reencontrarse con alguien con quien se compartió algo bueno. Con alguien a quien conocí inicialmente de la manera más improbable. Porque, como decía al principio, los recovecos de la vida y los compañeros de ruta están donde uno menos los espera. Como sea, y hasta entonces, gracias, Lecaros. Fue un gusto colaborar con desenfocados. Me quedo con el mejor de los recuerdos del segundo sitio que me acogió, que me dió un espacio, que me permitió -si se quiere- alzar vuelo.
 
10/10/2009

Pet Shop Boys en vivo, en Santiago (otra vez!)

Y los Pet Shop Boys volvieron a Santiago. Y pasé de no haberlos visto nunca en la vida en vivo, a haberlos visto dos veces en menos de tres años. No es malo.

Así es: no han pasado ni tres años desde su visita en Marzo/2007 como parte de su tour Cubism, y reaparecieron con nuevo disco (el muy interesante Yes!) y una nueva gira llamada Pandemonium. Esta vez, en el Arena Santiago (me resisto con uñas y dientes a referirme al lugar con el nombre de la indigna compañía que de algún modo patrocina el lugar). Mucho más acogedor, y con mejor acústica que la Estación Mapocho. ¡Y con asientos!

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Para comenzar, debo aclarar que las diferencias entre los dos espectáculos son numerosas. No sólo cambió la lista de canciones que interpretaron, sino también la escenografía, la puesta en escena, los elementos de apoyo, las distintas rutinas... puede ser que sigan cantando las mismas canciones clave, los hits imperdibles, pero cada show es una experiencia en si misma. Si alguien tiene claro el concepto de espectáculo audiovisual, son estos tipos.

Como sea, todo comienza con un escenario muy minimalista, con dos cuadrados grandes, blancos, construidos en base a cubos (lo divertido es que el tour anterior se llamaba Cubism, no éste!), sobre los que comienzan a proyectarse las imágenes asociadas a los primeros temas: Hearts y Love Etc., mientras tanto Neil Tennant como Chris Lowe entran al escenario con sus cabezas convertidas en sendos cubos. Por decir lo menos, llamativo. Consistente.

Eventualmente aparecieron más elementos, al punto que hasta el soporte del teclado de Chris Lowe se convirtio en pantalla... y su chaqueta en una bola de espejos.

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Acá tengo que hacer una pausa aclaratoria. Hace poco menos de un mes llegó a mis manos una copia de un excelente documental llamado Pet Shop Boys: A Life in Pop. En esta película, que dura poco más de dos horas, se explora la historia de la banda, desde que eran infantes, hasta el momento presente. Si bien es un tanto proselitista, aporta información interesante respecto de la banda.

Con esa información, por ejemplo, se entiende claramente que las imágenes que proyectan durante Always on my Mind corresponden a su pueblo, y que -al final- le cantan una canción de amor a sus orígenes. ¿Nostálgico? Quizás. Y, adicionalmente, se comprende mucho mejor el rol de Chris Lowe, que -en opinión de algunos desnformados- sobra.

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Del disco nuevo -que, hay que decirlo, está bastante bueno- además de Love Etc., interpretaron All Over the World, Did You See Me Coming? (en mi opinión la mejor de sus nuevas canciones) y Building a Wall ("no tanto para dejarte a tí afuera, sino más para quedarme yo dentro"). Al momento de tocar esta última, la escenografía inicial se derrumba, tal y como si fuera un muro.

Y ahí la cosa pasó a mayores. Go West, en la que ahora se proyectan imágenes de chinos, no de rusos. Se a Vida E, en versión completa (no truncada como en el show anterior). Left to my Own Devices. New York City Boy. Y en todas las voz de Tennant luce impecable. Este tipo comenzó en el negocio hace ya veinticinco años, y aparentemente no tiene para cuando parar.

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A esas alturas toda la concurrencia ya estaba de pie bailando, saltando, gritando, cantando.

Tennant cantaba y cantaba, y muy de vez en cuando hacía gala de su pobrísimo español, que le alcanza para decir "buenas noches" y "fabulosos" (refiriéndose al público). Y Lowe aporreaba sus teclados. Y con eso bastaba para armar la fiesta.

¿Puntos en contra? En mi opinión, apenas uno: hizo falta el potente apoyo vocal del tour anterior. Canciones como Suburbia y Go West sonaron más débiles por lo mismo.

Y, además, la ausencia de So Hard. Pecado mortal. Segundo show consecutivo en que dejan fuera una de sus mejores canciones. Y que el show se hizo muy corto. 90 minutos se pasaron volando.

¿Puntos a favor? Las rutinas de baile en algunas canciones (memorable la pelea de la pareja en Jealousy), con la incorporación del hasta ahora impávido Chris Lowe en una secuencia, estuvieron buenísimas. Y ni hablar de la pareja de bailarinas gemelas (si es que lo eran... desde la antepenúltima fila se veían idénticas).

Y bueno, los cubos se caían, se levantaban, se convertían en escaleras, en plataformas, quedaban colgando... Y en un giro sorprendente, aparece Tennat con una capa de rey y se pone a cantar Viva la Vida, de Coldplay. Demostrando, una vez más, que un buen tema de rock puede pasar a ser un buen tema de pop bailable.

Para terminar el espectáculo, Being Boring: "nunca nos sentimos aburridos, porque nunca fuimos aburridores". Nunca mejor dicho. Con los Pet Shop Boys, imposible aburrirse. Y será, esperemos, hasta que vengan de nuevo. Porque seguirán viniendo. Por mi parte, esperaré escuchando sus canciones y disfrutando con grabaciones de sus otros shows en vivo.

Quién sabe como serán las cosas de acá a tres años. Ni idea. Pero es reconfortante el saber que más allá de lo que pase, en unos años más este parcito volverá por estos lados, prodigando entretenimiento electrónico y permitiendo que uno se conecte con tiempos pretéritos, a partir de sus canciones de los '80 y los '90, y animarse con su mensaje de fondo: "los problemas volarán de tu mente, es fácil creer que permanecerán, pero no los encontrarás en tu camino". Sabias palabras. Y si un dúo synth-pop puede promover esa idea y, mejor aún, hacerla bailable, vamos por buen camino.

9/26/2009

Otra vez La Cuarta

Me cuesta imaginar un hecho más doloroso en la vida de una persona que la pérdida de un hijo. El ciclo de la vida, al menos como es entendido en su modo normal, dice que uno enterrará a sus padres, y que los hijos lo enterrarán a uno. Así debe ser el mundo. Uno asume un rol en la vida, en el momento en que se decide a ser padre o madre, y busca cumplir con ese rol a cabalidad hasta el fin de sus días.
 
Me cuesta imaginar una voz, una expresión, más asociada a los momentos de felicidad deportiva de nuestro país que la de Pedro Carcuro. El periodista de TVN nos ha acompañado en prácticamente todas las -escasas- situaciones en las que el deporte nacional no ha brindado una alegría especial. Su característico "me pongo de pie" ha trascendido más allá del ámbito deportivo y se ha instalado en el léxico popular, al igual que el "justicia divina" del desaparecido JM, Julio Martínez.
 
Me cuesta imaginar un medio de comunicación impreso más dicharachero y festivo que La Cuarta. Los ágiles reporteros de este matutino se las arreglan para relatar con el lenguaje más coloquial posible los diversos sucesos del acontecer nacional y mundial, poniendo un tinte de humor en cada noticia que relatan. Así, todos los eufemismos locales se ven reflejados de manera, si no poética, al menos artística.
 
¿Qué tienen que ver estos tres puntos en una misma nota?
 
El pasado viernes 25 de septiembre, falleció el hijo menor de Pedro Carcuro. Al día siguiente, sábado 26 de septiembre, todos los diarios del país consignaron la noticia en su primera plana, cosa esperable en tanto se trata de un hecho vinculado a un periodista conocido -y querido- en todo el país. Como era de esperarse, cada matutino lo hizo de modo fiel a su estilo.
 
La Cuarta, una vez más, supo demostrar que es mucho más que un diario divertido. No sólo estuvo a la altura de las circunstancias, reseñando el hecho con todo el respeto que se merece, sino -más aún- lo hizo de modo tal que la noticia se convirtió en expresión de apoyo representativa del medio en sí y del sentir de, imagino, una gran mayoría de compatriotas. ¿Cómo hizo esto? Consignando el siguiente titular como noticia principal del día: "¡Fueza Pedro! Estamos contigo para que te pongas de pie". Claro. Contundente. Preciso.
 
Una vez más me saco el sombrero ante los periodistas de La Cuarta. Una vez más han demostrado que tienen lo que se necesita, según la clásica escuela del periodismo impreso, para trascender más allá de las noticias que publican. Una vez más han demostrado que lo de ellos no es mera redacción y consignación de hechos, sino el ponerle enjundia, corazón, sentimento. Una vez más me dan argumentos para sustentar mi hipótesis de que para trabajar en ese medio se requiere un talento especial. Cualquiera puede escribir en un medio sin corazón, sin opinión, sin sentimientos. No cualquiera puede escribir en La Cuarta.
 
 

Victor Gutiérrez

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