Victor's profileDesde un décimo piso...PhotosBlogLists Tools Help

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    10/10/2009

    Pet Shop Boys en vivo, en Santiago (otra vez!)

    Y los Pet Shop Boys volvieron a Santiago. Y pasé de no haberlos visto nunca en la vida en vivo, a haberlos visto dos veces en menos de tres años. No es malo.

    Así es: no han pasado ni tres años desde su visita en Marzo/2007 como parte de su tour Cubism, y reaparecieron con nuevo disco (el muy interesante Yes!) y una nueva gira llamada Pandemonium. Esta vez, en el Arena Santiago (me resisto con uñas y dientes a referirme al lugar con el nombre de la indigna compañía que de algún modo patrocina el lugar). Mucho más acogedor, y con mejor acústica que la Estación Mapocho. ¡Y con asientos!

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    Para comenzar, debo aclarar que las diferencias entre los dos espectáculos son numerosas. No sólo cambió la lista de canciones que interpretaron, sino también la escenografía, la puesta en escena, los elementos de apoyo, las distintas rutinas... puede ser que sigan cantando las mismas canciones clave, los hits imperdibles, pero cada show es una experiencia en si misma. Si alguien tiene claro el concepto de espectáculo audiovisual, son estos tipos.

    Como sea, todo comienza con un escenario muy minimalista, con dos cuadrados grandes, blancos, construidos en base a cubos (lo divertido es que el tour anterior se llamaba Cubism, no éste!), sobre los que comienzan a proyectarse las imágenes asociadas a los primeros temas: Hearts y Love Etc., mientras tanto Neil Tennant como Chris Lowe entran al escenario con sus cabezas convertidas en sendos cubos. Por decir lo menos, llamativo. Consistente.

    Eventualmente aparecieron más elementos, al punto que hasta el soporte del teclado de Chris Lowe se convirtio en pantalla... y su chaqueta en una bola de espejos.

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    Acá tengo que hacer una pausa aclaratoria. Hace poco menos de un mes llegó a mis manos una copia de un excelente documental llamado Pet Shop Boys: A Life in Pop. En esta película, que dura poco más de dos horas, se explora la historia de la banda, desde que eran infantes, hasta el momento presente. Si bien es un tanto proselitista, aporta información interesante respecto de la banda.

    Con esa información, por ejemplo, se entiende claramente que las imágenes que proyectan durante Always on my Mind corresponden a su pueblo, y que -al final- le cantan una canción de amor a sus orígenes. ¿Nostálgico? Quizás. Y, adicionalmente, se comprende mucho mejor el rol de Chris Lowe, que -en opinión de algunos desnformados- sobra.

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    Del disco nuevo -que, hay que decirlo, está bastante bueno- además de Love Etc., interpretaron All Over the World, Did You See Me Coming? (en mi opinión la mejor de sus nuevas canciones) y Building a Wall ("no tanto para dejarte a tí afuera, sino más para quedarme yo dentro"). Al momento de tocar esta última, la escenografía inicial se derrumba, tal y como si fuera un muro.

    Y ahí la cosa pasó a mayores. Go West, en la que ahora se proyectan imágenes de chinos, no de rusos. Se a Vida E, en versión completa (no truncada como en el show anterior). Left to my Own Devices. New York City Boy. Y en todas las voz de Tennant luce impecable. Este tipo comenzó en el negocio hace ya veinticinco años, y aparentemente no tiene para cuando parar.

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    A esas alturas toda la concurrencia ya estaba de pie bailando, saltando, gritando, cantando.

    Tennant cantaba y cantaba, y muy de vez en cuando hacía gala de su pobrísimo español, que le alcanza para decir "buenas noches" y "fabulosos" (refiriéndose al público). Y Lowe aporreaba sus teclados. Y con eso bastaba para armar la fiesta.

    ¿Puntos en contra? En mi opinión, apenas uno: hizo falta el potente apoyo vocal del tour anterior. Canciones como Suburbia y Go West sonaron más débiles por lo mismo.

    Y, además, la ausencia de So Hard. Pecado mortal. Segundo show consecutivo en que dejan fuera una de sus mejores canciones. Y que el show se hizo muy corto. 90 minutos se pasaron volando.

    ¿Puntos a favor? Las rutinas de baile en algunas canciones (memorable la pelea de la pareja en Jealousy), con la incorporación del hasta ahora impávido Chris Lowe en una secuencia, estuvieron buenísimas. Y ni hablar de la pareja de bailarinas gemelas (si es que lo eran... desde la antepenúltima fila se veían idénticas).

    Y bueno, los cubos se caían, se levantaban, se convertían en escaleras, en plataformas, quedaban colgando... Y en un giro sorprendente, aparece Tennat con una capa de rey y se pone a cantar Viva la Vida, de Coldplay. Demostrando, una vez más, que un buen tema de rock puede pasar a ser un buen tema de pop bailable.

    Para terminar el espectáculo, Being Boring: "nunca nos sentimos aburridos, porque nunca fuimos aburridores". Nunca mejor dicho. Con los Pet Shop Boys, imposible aburrirse. Y será, esperemos, hasta que vengan de nuevo. Porque seguirán viniendo. Por mi parte, esperaré escuchando sus canciones y disfrutando con grabaciones de sus otros shows en vivo.

    Quién sabe como serán las cosas de acá a tres años. Ni idea. Pero es reconfortante el saber que más allá de lo que pase, en unos años más este parcito volverá por estos lados, prodigando entretenimiento electrónico y permitiendo que uno se conecte con tiempos pretéritos, a partir de sus canciones de los '80 y los '90, y animarse con su mensaje de fondo: "los problemas volarán de tu mente, es fácil creer que permanecerán, pero no los encontrarás en tu camino". Sabias palabras. Y si un dúo synth-pop puede promover esa idea y, mejor aún, hacerla bailable, vamos por buen camino.

    6/26/2009

    Michael Jackson: 1958 - 2009

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    Respecto de Michael Jackson se pueden discutir muchas cosas, pero hay dos hechos de la causa que no resisten ningún análisis.

    El primero, es que fue el artista pop que dominó, sin contrapesos, la industria de la música durante los '80, por lo que se ganó el merecido apodo de Rey del Pop. Las cifras son indiscutibles: Thriller, su disco de 1982, vendió 45 millones de copias en todo el mundo durante el período 83-84 (y está consignado en el libro Guiness de los Récords como el disco más vendido de todos los tiempos). En total, acumuló un estimado de 750 millones de discos vendidos para toda su producción. Y puso 13 singles en el número 1. Pero no sólo era una voz: también tenía una descollante destreza como bailarín. Y como si todo lo anterior no bastara, supo hacer del naciente videoclip su arma más potente, elaborando sofisticados videos para cada nuevo single.

    El segundo, es que no tuvo lo que se llama una infancia normal. Hijo menor de una familia obrera de Indiana, y criado bajo la estricta fe de los Testigos de Jehová, desde la infancia fue formado y entrenado para participar en el grupo musical de la familia. Los cinco hermanos Jackson, bajo el nombre Jackson Five, publicaron su primer disco cuando Michael tenía apenas 11 años. Los cuatro singles de ese disco llegaron al número uno. ¿Cómo procesa ese éxito un pre-adolescente? ¿Cómo lo hace si, además, es la esperanza para que su familia cambie de condición social?

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    Claramente no es un desafío fácil. Muchísimas veces hemos visto historias de niños artistas que terminan siendo el único sostén de su familia, por lo que son -literalmente- explotados hasta que crecen lo suficiente como para terminar el abuso, o bien la sociedad se da cuenta y toma cartas en el asunto. Pero eso pasa hoy. Cuarenta años atrás, nadie se metía, nadie opinaba, ni tampoco existían todas las teorías y herramientas de psicología infantil de las que disponemos hoy.

    Así las cosas, cuando en 1972 Michael ya tenía su primer -y exitosos- single como solista en el mercado, el adolescente ya estaba completamente desconectado de la realidad. El mundo que conocía era uno solo: la música. Producir y producir. La historia dice que su padre, Joe, era severo y estricto. Incluso violento.

    El mayor daño ya estaba hecho. Un genio musical por lotería genética, disciplina de trabajo por formación, e incapacidad de relacionarse normalmente con otros seres humanos por crianza. Pero, en ese entonces, eso nadie lo sabía. Simplemente se suponía que era parte de su personalidad, y que cuando superara la adolescencia estos problemas se resolverían.

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    Saltamos a 1978, cuando Jackson saca su primer disco como adulto, a los 20 años, con producción de Quincy Jones: Off The Wall. Pese  los siete millones de copias vendidas, Jackson seguía participando del grupo musical de sus hermanos.

    En este disco el éxito se sustentó solo por la capacidad musical del artista. Cuatro singles en el top ten, sin pasos exclusivos de baile y con videos prehistóricos. Y sin polémicas. Era un afroamericano más, con su color de piel original y el pelo ídem. Y con la sonrisa de un tipo de veinte años que sabe que está a pronto a comerse el mundo. Y así debió ser.

    El salto más grande fue en 1982, con su segundo disco "adulto": Thriller. Nuevamente producido por Quincy Jones, las canciones, los videos, y la popularización de su uso del paso de baile conocido como moonwalk lo convirtieron en un destructor imparable.

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    Eso, sin contar que participaron en este disco Paul McCartney, Eddie Van Halen y Vincent Price.

    El disco estuvo más de dos años en los rankings, siendo número uno por un total de treinta y siete semanas. Siete de sus nueve temas fueron top ten. Este disco recibió ocho Grammys. Y así sucesivamente.

    Aprovechando el impulso, en 1983 volvió a trabajar con McCartney en un nuevo single, en 1984 salió en gira con sus hermanos, y en 1985 -junto a Lionel Richie- compuso We Are The World.

    Ya era una figura mundial, rostro de Pepsi, y acá en Chile juntábamos las laminitas del álbum que tenía su nombre. Y comenzaron los rumores: que recibía tratamientos hormonales para mantener su voz, que dormía en una cámara hiperbárica, y se compró un rancho en California, en el que puso un parque de diversiones privado (quizás buscando recuperar la infancia que perdió ensayando).

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    Por esos mismos años comenzó su transformación estética, con su piel aclarándose cada vez más (aunque él atribuía este cambio de tono a una enfermedad llamada vitiglio).

    Recién en 1987 apareció su siguiente disco: Bad. La fórmula se repetía: Quincy Jones en producción, destreza vocal, buenos acompañantes, abundante baile y videos de primera línea. ¿La recompensa? Cinco singles en el número uno, distribuidos a lo largo de todo un año.

    Claro que Bad no tuvo el éxito superespectacular de Thriller, y vendió "apenas" un tercio de copias en comparación.

    Pero Jackson, físicamente, ya no se parecía a sí mismo. Ya había pasado a ser una caricatura, y como tal empezó a ser tratado (y apodado). Los periódicos sensacionalistas británicos lo bautizaron como "Wacko Jacko".

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    Para su siguiente disco, aparecido en 1991, Jackson definió su propio apodo: El Rey del Pop.

    Dangerous (que así se llama el disco en cuestión) no fue producido por Quincy Jones.

    Si bien el primer single (Black or White) debutó en el número uno, no estuvo ajeno a la controversia. Con esto, la imagen de Jackson cada vez era más difícil de mantener en buena forma.

    Para complicar aún más la situación, en 1992 aparecería el grunge, Nirvana, y todos lo demás, cambiando el gusto del público masivo desde la hiperproducción hacia la simpleza.

    Como si todo lo anterior no bastara (y, de nuevo, quizás tratando de recuperar la infancia perdida), Jackson se rodeaba de niños. Hasta que en 1993 fue acusado de acoso a un adolescente de 13 años. Con la imagen que tenía ante el público, el veredicto de la sociedad fue rápido y determinante. Claro que el veredicto legal no fue necesario: dos años más tarde sus abogados lograron un acuerdo, a cambio de entre 18 y 20 millones de dólares con los demandantes.

    Para tratar de limpiar su imagen, en 1994 se casó con Lisa Marie Presley, la hija del Rey del Rock. Todo el mundo entendió la jugada como una maniobra de publicidad. El matrimonio terminaría apenas diecinueve meses más tarde.

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    El precipicio se acercaba a pasos agigantados.

    Su siguiente producción, un compilatorio llamado HIStory, que además traía un disco con material nuevo, no tuvo la fuerza suficiente para empujarlo de vuelta a su posición de Rey del Pop, pese a la enorme efigie del artista qua aparecía en la cubierta del disco.

    En 1996 se casó de nuevo, con la enfermera Debbie Rowe, teniendo dos hijos: Prince Michael y Paris Michael Katharine. El matrimonio terminó en 1999.

    El 2001 publicó un nuevo disco de material original: Invincible. Tampoco logró el éxito esperado y, para peor, se edscubrió que el productor ejecutivo de Sony asociado al disco estaba involucrado a una red de pornografía. Cuento corto, Jackson terminó su relación con el sello, en medio de una guerra de declaraciones.

    De ahí en más, la larga caída. Las apariciones en público cada vez más esporádicas, tapado con mascarillas, los rumores de su rostro cayéndose a pedazos, la escena con sus hijos en un balcón en Alemania, y así sucesivamente.

    Hasta que ayer, finalmente, encontró el descanso.

    ¿Qué nos queda de Michael Jackson? Un par de excelentes discos, varios videos insuperables, y un mensaje claro: los niños-artistas deben ser prohibidos. Ningún valor, artístico, comercial, o humano, debería estar por encima del derecho de los nilos a... ser niños.

    5/5/2009

    Inner Circle - Sweat

    1994. Marzo. Inner Circle alegraba el almanaque con esta alegre y festiva canción para comenzar el año académico.
     

    Sweat (1993) - Inner Circle
    5/26/2008

    Lo que estoy escuchando (i)

    Me gusta ir por la vida escuchando música. Desde 1990, cuando para navidad me regalaron mi primer Walkman, he llevado conmigo una suerte de banda sonora que acompaña y –a la vez- calza (o de frentón discrepa) con el ánimo que pueda tener en ese determinado momento.

     

    El viejo, querido y mamotrético (a nadie se le ocurriría colgarse un aparato de dimensiones semejantes en el cintutón por estos días) Walkman para tocar cassettes y escuchar radio FM quedó en la historia. Desde hace un par de años llevo un mp3 player encima. Con 256 Megabytes, es suficiente para una buena cantidad de canciones, las que cambio con menos frecuencia de la que me gustaría. Casi es una lista base que está establecida en términos fijos (al menos hasta que decida cambiar todas las canciones!).

     

    Mi lista musical de este último mes y medio es la siguiente (en estricto orden alfabético):

     

    1. Alejandro Silva / Himno nacional de Chile en versión metal

    No puedo evitar sentir escalofríos cada vez que escucho esta pieza instrumental. Nuestro himno nacional interpretado magistralmente en guitarra eléctrica. Alguna vez me gustaría que, en un partido de fútbol, se pusiera esta versión.

     

    2. Barenaked Ladies / History of everything

    El tema de apertura de la serie The Big Bang Theory. Pop con letra difícil, que evoca el buen humor que me causa ver la serie. 

     

    3. Billy Idol / Dancing with myself

    Pop ochentero, revisitado en una película infantil (Flushed Away), interpretado por un grandioso Billy Idol en el top de sus capacidades vocales. Una canción como para no deprimirse.

     

    4. Cinderella / Sherlter me

    Rock comercial de los noventa. Una banda yanqui de segundo nivel, que claramente va a la sombra de Aerosmith o Guns’n Roses, tocando con una canción completamente pop, con buenos arreglos instrumentales y un estribillo fácil y pegadizo.

     

    5. Danny Elfman / Back to School

    Comienza la sección Danny Elfman (ex integrante de Oingo Boingo y principalmente asociado a las películas de Tim Burton). Este tema es de 1987, muy alegre, y forma parte del score de la película Back to School.

     

    6. Danny Elfman / Mars Attacks Main Titles

    Elfman en su peak, para el soundtrack de Mars Attacks (de Tim Burton): coros, arreglos que –supuestamente- deberían inspirar miedo pero dan risa, algo completamente consistente con la película.

     

    7. Danny Elfman / M. I. B. Main Theme

    Extraña mezcla: instumentos sinfónicos con sintetizadores e instrumentos pop. Nunca he tenido claro si es una orquesta que tiene una banda pop, o si es una banda pop con una orquesta detrás. Como sea, potente y atípica. Elfman, a la altura de los Men In Black.

     

    8. Danny Elfman / Sledge Hammer!

    Otro tema de apertura de serie de TV: en este caso, Sledge Hammer! (la copia chistosa de Dirty Harry). De la época en que Elfman aún no salía del pop, es una excelente demostración de cómo hacer música incidental que sale del marco estándar.

     

    9. David Bowie / Queen bitch

    Una de las cosas buenas de las películas de Wes Anderson es que sus soundtracks suelen estar plagados de joyas inglesas de los ’70. Esta es una, con la que cierra The Life Acquatic of Steve Zisou.

     

    10. David Byrne / Make believe mambo

    En los ’90 Byrne (escocés, ex líder de los Talking Heads) dejó la banda y se dedicó a experimentar con ritmos de diversas partes del mundo. Esta es su interpretación de un mambo (con orquesta completa, bronces y percusión). Los vientos son so-ber-bios!

     

    11. David Lee Roth with the John Jorgensonn Bluegrass / Jump

    Una de las canciones más emblemáticas de los ’80 fue Jump, de Van Halen. Acá, David Lee Roth reinterpreta su viejo hit con una banda ligeramente distinta: instrumentos típicos del folklore sureño norteamericano (nada más que cuerdas y percusión artesanal, nada eléctrico). 

     

    12. David Lee Roth / Just like paradise

    Diamond Dave post Van Halen. Toda su pirotecnia vocal, toda su energía, con una tremenda banda detrás (Steve Vai es el guitarrista), tratando de demostrar que él era el espíritu en la botella de Van Halen. Lamentablemente para Dave, Van Halen vivía más allá de él (grande Sammy Hagar).

     

    13. Debbie Gibson / We could be together

    La Gibson fue un portento musical en la escena musical yanqui hacia fines de los ’80. Con 16 años interpretó y produjo un multiplatino titulado Out of the Blue. Esta canción es de su segundo disco (Electric Youth) y es –en mi opinión- la canción mejor lograda musicalmente de toda su discografía adolescente.

     

    14. Fatboy Slim / Kung Fu Fighting (Techno Dance Remix)

    Carl Douglas grabó en los ’70 la versión original de esta canción. Slim la cubrió en los ’90, llenando los vaciós sonoros con bajos, percusión y teclados, y agregando un rapeo encima. La versión americana de Shaolin Soccer termina con esta canción. Y le queda perfecta.

     

    15. Hanna Montana / Best of both worlds

    Producto 100% comercial de la factoría Disney. Primera canción que me muestra me hija. Razón suficiente para tenerla en la colección (encima, es pegadiza y –como buen producto Disney- está bien hecha).

     

    16. Hans Zimmer / Thunderbirds are go!

    La horripilante película de imagen real de los Thunderbirds (más conocidos por estos pagos como Rescate Internacional), la serie de TV del grupo de hermanos que se dedicaba a misiones de rescate a lo largo y ancho del mundo protagonizada por marionetas, tenía en sus créditos de apertura esta versión del inmortal tema de Barry Gray.

     

    17. Howard Shore / The ring goes south

    La música que compuso Shore para el score de las películas de Peter Jackson basadas en The Lord of the Rings estuvo a la altura del desafío. Y este tema es una muestra perfecta de ello. Parte suavemente, y va creciendo, tal como la aventura de los hobbits en dicha historia, hasta llegar a una fanfarria que terminaría siendo representativa de la pelicula en su totalidad (y que, aún siete años después de escucharla por primera vez, me emociona).

     

    18. Jack Johnson / Upside down

    Curious George es una película de animación tradicional con las voces de Will Ferrell y Drew Barrymore, que adapta un cuento sobre un monito (llamado George). El soundtrack es de Jack Johnson, un cantante pop yanqui aficionado a la música suave, si se quiere más relajada y para ambientes íntimos, y que en este caso bebe de las fuentes de las instrumentalizaciones latinas.

     

    19. Joe Satriani / Summer song

    Satriani. Summer Song. ¿Algo más que decir?. Cinco minutos de destreza sobre una guitarra. La compañía perfecta para manejar en una carretera despejada (o para jugar Gran Turismo… mal que mal, esta canción es parte de su soundtrack!)

     

    20. Joey Ramone / What a wonderful world

    El padre del punk cubriendo al padre del jazz. Una canción alegre y positiva, cantada con la música y el tono de quien nos legó joyas como I Wanna Be Sedated y The KKK Took My Baby Away.

     

    21. John Meyer / Route 66

    Original de Chuck Berry, esta versión –que cierra la película Cars- la adelanta unas cuantas décadas y, respetando elementos de la musicalización original, como el piano, la deja convertida en una canción nueva y remozada, alegre, rítmica, de esas que uno no puede estar triste al escuchar.

     

    22. John Ottman / He’s back

    Lejos, el mejor tema el score de Superman Returns: el momento en que el mundo toma conciencia de que Superman ha vuelto. Una introducción suave y precisa, para luego dar paso a la fanfarria en su versión más grandilocuente hasta la fecha: Superman está de regreso, ¡a celebrar se ha dicho!

    1/8/2008

    Temas repetitivos…

    Uno de mis placeres culpables es la música pop. Desde tiempos inmemoriales, escucho algún tema entretenido por ahí y me quedo pegado días enteros. Me ha pasado muchísimas veces, al punto de (en la época en que compartíamos el Taller Multimedia de la biblioteca de la USM con un par de amigos) llegar a aburrir a la gente con las ene más una repeticiones de la misma canción.  

    Claro que yo pensaba que este problema era exclusivamente mío.  

    Hasta que ví el episodio 2x17 de How I Met Your Mother: Arrivederci, Fiero. Este episodio se centra en la despedida de Marshall de su viejo y querido auto, en el cual hay puesto un cassette (si, un cassette) con UN SOLO TEMA (I'm Gonna Be (500 Miles) de The Proclaimers. Según la historia, es la única canción que ha sonado en ese auto desde que Marshall lo recibió de parte de sus hermanos.

    Y pensar que creía que yo era repetitivo. 

    (para los que no conozcan la canción, acá está:    Default-tiny The Proclaimers - I Will Walk 500 Miles uploaded by 8514-tiny DJmidgetman)

    12/28/2007

    Un remix (del final de la versión americana de Shaolin Soccer)

      Default-tiny Techno Fatboy Slim- Kung Fu fighting (Dance Remix).mp3 uploaded by benji2k
    10/22/2007

    1001 Discos...

    Como he dicho muchas veces, los gringos son dados a hacer listas sobre cualquier tema posible. Un par de años atrás, cuando recién empezaba a escribir para la difunta PuertoCero, recordé una idea basada en esta costubre gringa: los Desert Island Discs. El juego era hacer una lista con los diez discos que te llevarías a una isla desierta (evidentemente subentendiendo que tendrías electricidad y un reproductor). Obviamente el concepto ya está más que obsoleto, habida consideración que hoy por hoy cualquier reproductor de mp3 que se precie tiene capacidad para veinte o treinta discos completos, o bien para unas trescientas o más canciones, pero en esos momentos (cuando el formato mp3 no existía y los discos duros eran de 20 megas) era una muy buena idea. Ahora, la pregunta sería ¿qué temas pondrías en tu iPod si te fueras a una isla desierta?.
     
    Una pequeña variación sobre este concepto (las listas) es el que usan Rob Fleming/Gordon y sus amigotes Dick y Barry en High Fidelity (el libro de 1995 de Nick Hornby o la película dirigida el 2000 por Stephen Frears, ustedes elijan: ambos son buenos y se complementan, claro que uno es en Londres y la otra es en Chicago), haciendo listas de cinco temas: mejores aperturas de un disco, mejor primer tema, mejor canción para después de terminar, y así sucesivamente. Melómanos empedernidos.
     
    El punto es que, en el contexto de estas listas norteamericanas, hace poco descubrí en librerías un mamotreto titulado 1001 Discos Que Hay Que Escuchar Antes de Morir. El libraco en cuestión, de 900+ páginas y sus buenos kilos de peso, tiene (obviamente) una lista compuesta por 1001 discos  -imperdibles a juicio de los autores, un ejército de críticos de rock de distintas nacionalidades liderados por Robert Dimery- ordenados cronológicamente a partir de mediados de la década del 50.
     
    La fecha, que podría parecer antojadiza, tiene relación con la aparición del concepto de álbum, junto con el disco de vinilo o long play de 33 1/3 rpm. Antes de ese formato, no existían los "discos" como tales. Adicionalmente el long play trajo otro bonus: el gran tamaño del disco era más que apropiado para, además de la creatividad de la música, ser creativos también en la carátula (y luego ya no sólo en la carátula, sino en todo el empaque).
     
    El primer disco de la lista es uno de Frank Sinatra, seguido por uno de -quien más- Elvis Presley. Siguen dentro de esa década Fats DominoLittle Richard, algunos jazzistas, un dúo country y un par de orquestas afrocubanas. Para cada disco consignado se indica el productor musical y el productor artístico (cuando la información está disponible), el tiempo de duración (algunas de estas joyas no superan la media hora) y, en algunos casos, los temas del disco.
     
    Y vamos aprendiendo, y descubriendo grandes músicos/interprétes de mediados del siglo pasado. Como Louis Prima y su Just a Gigoló, luego cubierto por David Lee Roth en su primera aventura solista. Seguramente en las próximas páginas encontraré algunos tesoros. Si descubro algo valioso y desconocido, lo comentaré.
    4/16/2007

    Pet Shop Boys en Santiago de Chile (por fin)

    Veamos: este dúo británico tecno me gusta desde que tengo uso de razón y/o preferencias musicales propias. Bailaba con su música, intercalada entre los hits del Rock Latino, en las fiestas del colegio por allá por los ’80. Incluso me compré algún cassette en el que venían So Hard y Being Boring, ya en la Universidad. El cuarto CD de mi colección (en orden cronológico) fue su Discography (para los que quieran saber: el primero fue The Cars Greatest Hits, y los dos siguientes fueron Atado a Un Sentimiento y Obsesión de Miguel Mateos).

    Vinieron a Chile un lejano 1994. Yo estaba terminando la U, en calidad de casi egresado, viendo un tema de memoria con una empresa de Rancagua, pobre cual rata, alojándome en el departamento de los amigos de un amigo. Cero posibilidad de verlos. Seguramente nunca más vendrían. Me tendría que conformar con seguirlos escuchando. 

    Hace un par de años llegó a mis manos un DVD titulado Pet Shop Boys Montage, un recital en vivo, lleno de proyecciones, con guitarra electroacústica, coro y bailarines. Un lujo. Lo miré un par de cientos de veces. Luego vino el PopArt, un compilado con todos sus singles en formato videoclip. Y los tipos seguían sacando discos nuevos.

    Y así fue como, en enero, anuncian visita a Chile. A Santiago, ni más ni menos. Al Teatro Caupolicán. Aparentemente la venta de boletos se les dio bien, y terminaron cambiando el escenario a la Estación Mapocho (ver notas anteriores).

    Y así fue como, hace un par de semanas, terminé parado en “General”, en el concierto de los Pet Shop Boys en Chile. Básicamente veinte años después de la primera vez que escuché una canción de ellos. ¿Mi ánimo? ¡Una fiesta! Fui al recital con una intención clara: bailar y pasarlo bien.

    El sonido, pese a la mala acústica de la Estación Mapocho, estuvo perfecto. La voz de Neil Tennant se mantiene intacta pese al innegable paso de los años. Y obviamente las pistas pregrabadas más los teclados de Chris Lowe no tuvieron fallas (ni han bajado la calidad de su sonido en vivo, cortesía de la magia del almacenamiento digital). 

    El apoyo fue de antología. Varios bailarines, vestuario, coros, pantalla gigante, luces… pero lo que más me llamó la atención fue la sincronización entre los distintos elementos: en muchas ocasiones el vestuario (y los movimientos) de los bailarines en el escenario coincidían con los que se mostraban en la pantalla gigante. En otra canción (Where The Streets Have No Name/Can’t Take My Eyes Off Of You), la pantalla mostraba la cara de Tennant, inmóvil, la cuál sólo se movía para cantar –sincronizadamente, claro está- el coro.

    El espacio físico, la gente, si bien abundante, no era impedimento para pasarlo bien. Esto, principalmente debido a que un número no menor de personas prefirieron ver el recital desde la incómoda altura de las bases de las columnas que soportan el techo de la Estación, dejando así más espacio para los demás. Amables ellos, que nos permitieron bailar a destajo. 

    En la espera previa al concierto, un conjunto de canciones ochentenas de la corriente del pop de la época, A-Ha, OMD, Smiths, todo en clave bailable, como para ir seteando el mood correcto: party time!

    El concierto cumplió a cabalidad con lo prometido: dos horas de Pet Shop Boys en el escenario. Y, si bien la lista de hits del parcito es larga como la fila para pagar el permiso de circulación el último día, creo que los tocaron todos con dos excepciones “parciales” (ya me explicaré al respecto) y dos ausencias. West End Girls, Go West, Suburbia, Being Boring, Left To My Own Devices, Heart, Domino Dancing, Can You Forgive Her, Always On My Mind, Rent, la ya mencionada Where The Streets Have No Name/Can’t Take My Eyes Off Of You y varias otras pasaron por la parrilla musical de la noche, la cual no sólo estuvo cargada a los hits bailables, sino también a canciones más tranquilas. Necesitábamos respirar un poco, supongo. 

    Las que más extrañé (las ausentes) fueron What Have I Done To Deserve This (que cantaban a dúo, o a trío, con Dusty Springfield) y New York City Boy. Y las que definitivamente no me dejaron conforme, en tanto fueron tocadas parcialmente, fueron Se A Vida E, de la que sólo sonó la introducción, primera estrofa y coro, y So Hard, aún menos respetada: sólo la introducción, y cantada por el coro (aunque, es un deber decirlo, la dama que hacía la voz femenina tenía un vozarrón que ya se lo quisiera cualquier estrella del medio local).

    En resumen, una experiencia memorable. Uno de los pendientes de la adolescencia finalmente sacado de la lista. Si alguien, a mis quince años, me hubiera contado que a los treinta y cuatro iba a estar, un día cualquiera, bailando Always On My Mind con los Pet Shop Boys tocándola EN VIVO, no le habría creído.

    4/2/2007

    Pet Shop Boys en Santiago de Chile – reclamo 2

    Pero hay que reconocerle algo a la producción del evento: se esfuerzan en hacer las cosas mal. Mi pregunta de fondo es: si haciendo las cosas mal ganan plata… ¿cuánta ganarían si hicieran las cosas bien? En fin, queda para un análisis posterior. 

    El punto: en el acceso trasero de la Estación había un cartel en el que se señalaba: “prohibido entrar con esto, aquello, lo otro, botellas de vidrio, etc. etc. etc.”. Lo leí, una, dos, tres veces con mis ojitos con los que suelo leer, con los mismos que leo El Mercurio los domingos, The Clinic jueves por medio y una buena cantidad de libros al año. Botellas de vidrio, decía el cartel. Dado que el recital sería largo, y que me daría sed, opté por comprar una botella de agua mineral, helada, con gas. Vital. Avanza la fila, entro, llego al control de seguridad, y me obligan a deshacerme de la botella. “Por razones de seguridad”, me dicen. Como es obvio, le señalé al Señor Don Guardia de Seguridad la conveniencia de corregir el cartel, y lo incoherente (e innecesario) que es poner “botellas de vidrio” si lo que está prohibido es entrar con “botellas” en general. En fin. Todo sea por la seguridad, si no hay botellas desaparece la posibilidad de que me caiga una botella en la cabeza, pensé.

    Entré al recinto y, oh, cuál sería mi sorpresa cuando veo un cristiano caminando con una botella curiosamente similar a aquella de la que yo me había desecho minutos antes. Me acerco al “kiosco” montado al interior del recinto y adivinen qué: vendían agua mineral en botella!!! Seguridad mis polainas! Agarro a otro tipo de la productora y, tras conversar un rato con él, confiesa: la única razón por la que se impide entrar al público con botellas de agua es co-mer-cial. Seguridad nada. Ahora bien, la razón me parece atendible y entendible. Pero lo que no puedo entender (ni aprobar) es la necesidad de la mentira. Los tipos de las salas de cine al menos son más honestos: ponen cartelitos en los que dice “prohibido entrar a la sala con alimentos comprados fuera del cine”. 

    Ahora, simple matemática me indica que el porcentaje que pueden ganar estos tipos con este ardid es marginalmente despreciable comparado con lo que ganan por el espectáculo. Con entradas a $15.000 y a $25.000 y 9.000 asistentes, el nivel de ingresos estuvo en el orden de los $200.000.000. Vender 1.000 botellas de agua, esto es, una por cada nueve asistentes (y estoy siendo amable, pues deben haber vendido unas 300), a $500 cada una, da $500.000. Ingresos adicionales por un 0,25% de los ingresos por el show en si mismo.

    Entonces... ¿para qué molestarse tanto? ¿No valdrá más la pena tener al consumidor feliz? No, claro, no es la manera en que se hacen las cosas acá.

    Pet Shop Boys en Santiago de Chile – reclamo 1

    Contextualicemos un poco. Mi depa está en línea recta con la Estación Mapocho, a unas diez cuadras, por lo que me fui al recital caminando. Claro que no estoy en línea con el acceso principal, más bien estoy en línea con lo que sería la entrada trasera de la estación, el lugar por el que salían los trenes cuando había trenes. En corto, caminé unas doce cuadras: diez hasta calle Balmaceda, y luego dos más por Balmaceda hasta llegar a la puerta de la Estación Mapocho. Ahí, recién ahí, un tipo de la producción me dijo “el acceso es por atrás”. “¿Qué?”. “La entrada es por la parte trasera de la estación”. 

    Notable.

    Un concierto programado con semanas de anticipación, con avisos en los diarios, etc., y los retardados de la producción no son capaces de avisar ANTES que el acceso no es por donde usualmente entra la gente a la Estación Mapocho (digamos que es por donde he entrado cada vez que he ido a una exposición, a una feria, o a lo que sea que haya ido al lugar), sino por un acceso alternativo. 

    Cuento corto, tuve que desandar dos de las doce cuadras que ya había andado. En corto caminé cuatro cuadras de más gracias a los astutos de la productora. Los cuales, además, no eran capaces de poner un miserable cartel que dijera “Entrada” ni nada.

    Mediocridad típica local.

    Lo peor es que ya me estoy comenzando a convencer de que esa es la “chilean way of life”.

    Pero bueno. Llevaba muchos años esperando poder ver a los Pet Shop Boys en vivo (la vez anterior estaba en Rancagua, tenía una entrevista para un tema de memoria en El Teniente, y no tenía plata para ir a verlos), y una simple estupidez como esta no me echaría a perder el momento.