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10/10/2009 Pet Shop Boys en vivo, en Santiago (otra vez!)¿Puntos a favor? Las rutinas de baile en algunas canciones (memorable la pelea de la pareja en Jealousy), con la incorporación del hasta ahora impávido Chris Lowe en una secuencia, estuvieron buenísimas. Y ni hablar de la pareja de bailarinas gemelas (si es que lo eran... desde la antepenúltima fila se veían idénticas). Y bueno, los cubos se caían, se levantaban, se convertían en escaleras, en plataformas, quedaban colgando... Y en un giro sorprendente, aparece Tennat con una capa de rey y se pone a cantar Viva la Vida, de Coldplay. Demostrando, una vez más, que un buen tema de rock puede pasar a ser un buen tema de pop bailable. Para terminar el espectáculo, Being Boring: "nunca nos sentimos aburridos, porque nunca fuimos aburridores". Nunca mejor dicho. Con los Pet Shop Boys, imposible aburrirse. Y será, esperemos, hasta que vengan de nuevo. Porque seguirán viniendo. Por mi parte, esperaré escuchando sus canciones y disfrutando con grabaciones de sus otros shows en vivo. Quién sabe como serán las cosas de acá a tres años. Ni idea. Pero es reconfortante el saber que más allá de lo que pase, en unos años más este parcito volverá por estos lados, prodigando entretenimiento electrónico y permitiendo que uno se conecte con tiempos pretéritos, a partir de sus canciones de los '80 y los '90, y animarse con su mensaje de fondo: "los problemas volarán de tu mente, es fácil creer que permanecerán, pero no los encontrarás en tu camino". Sabias palabras. Y si un dúo synth-pop puede promover esa idea y, mejor aún, hacerla bailable, vamos por buen camino. 6/26/2009 Michael Jackson: 1958 - 20095/5/2009 Inner Circle - Sweat1994. Marzo. Inner Circle alegraba el almanaque con esta alegre y festiva canción para comenzar el año académico.
Sweat (1993) - Inner Circle 5/26/2008 Lo que estoy escuchando (i)Me gusta ir por la vida escuchando música. Desde 1990, cuando para navidad me regalaron mi primer Walkman, he llevado conmigo una suerte de banda sonora que acompaña y –a la vez- calza (o de frentón discrepa) con el ánimo que pueda tener en ese determinado momento.
El viejo, querido y mamotrético (a nadie se le ocurriría colgarse un aparato de dimensiones semejantes en el cintutón por estos días) Walkman para tocar cassettes y escuchar radio FM quedó en la historia. Desde hace un par de años llevo un mp3 player encima. Con 256 Megabytes, es suficiente para una buena cantidad de canciones, las que cambio con menos frecuencia de la que me gustaría. Casi es una lista base que está establecida en términos fijos (al menos hasta que decida cambiar todas las canciones!).
Mi lista musical de este último mes y medio es la siguiente (en estricto orden alfabético):
1. Alejandro Silva / Himno nacional de Chile en versión metal No puedo evitar sentir escalofríos cada vez que escucho esta pieza instrumental. Nuestro himno nacional interpretado magistralmente en guitarra eléctrica. Alguna vez me gustaría que, en un partido de fútbol, se pusiera esta versión.
2. Barenaked Ladies / History of everything El tema de apertura de la serie The Big Bang Theory. Pop con letra difícil, que evoca el buen humor que me causa ver la serie.
3. Billy Idol / Dancing with myself Pop ochentero, revisitado en una película infantil (Flushed Away), interpretado por un grandioso Billy Idol en el top de sus capacidades vocales. Una canción como para no deprimirse.
4. Cinderella / Sherlter me Rock comercial de los noventa. Una banda yanqui de segundo nivel, que claramente va a la sombra de Aerosmith o Guns’n Roses, tocando con una canción completamente pop, con buenos arreglos instrumentales y un estribillo fácil y pegadizo.
5. Danny Elfman / Back to School Comienza la sección Danny Elfman (ex integrante de Oingo Boingo y principalmente asociado a las películas de Tim Burton). Este tema es de 1987, muy alegre, y forma parte del score de la película Back to School.
6. Danny Elfman / Mars Attacks Main Titles Elfman en su peak, para el soundtrack de Mars Attacks (de Tim Burton): coros, arreglos que –supuestamente- deberían inspirar miedo pero dan risa, algo completamente consistente con la película.
7. Danny Elfman / M. I. B. Main Theme Extraña mezcla: instumentos sinfónicos con sintetizadores e instrumentos pop. Nunca he tenido claro si es una orquesta que tiene una banda pop, o si es una banda pop con una orquesta detrás. Como sea, potente y atípica. Elfman, a la altura de los Men In Black.
8. Danny Elfman / Sledge Hammer! Otro tema de apertura de serie de TV: en este caso, Sledge Hammer! (la copia chistosa de Dirty Harry). De la época en que Elfman aún no salía del pop, es una excelente demostración de cómo hacer música incidental que sale del marco estándar.
9. David Bowie / Queen bitch Una de las cosas buenas de las películas de Wes Anderson es que sus soundtracks suelen estar plagados de joyas inglesas de los ’70. Esta es una, con la que cierra The Life Acquatic of Steve Zisou.
10. David Byrne / Make believe mambo En los ’90 Byrne (escocés, ex líder de los Talking Heads) dejó la banda y se dedicó a experimentar con ritmos de diversas partes del mundo. Esta es su interpretación de un mambo (con orquesta completa, bronces y percusión). Los vientos son so-ber-bios!
11. David Lee Roth with the John Jorgensonn Bluegrass / Jump Una de las canciones más emblemáticas de los ’80 fue Jump, de Van Halen. Acá, David Lee Roth reinterpreta su viejo hit con una banda ligeramente distinta: instrumentos típicos del folklore sureño norteamericano (nada más que cuerdas y percusión artesanal, nada eléctrico).
12. David Lee Roth / Just like paradise Diamond Dave post Van Halen. Toda su pirotecnia vocal, toda su energía, con una tremenda banda detrás (Steve Vai es el guitarrista), tratando de demostrar que él era el espíritu en la botella de Van Halen. Lamentablemente para Dave, Van Halen vivía más allá de él (grande Sammy Hagar).
13. Debbie Gibson / We could be together La Gibson fue un portento musical en la escena musical yanqui hacia fines de los ’80. Con 16 años interpretó y produjo un multiplatino titulado Out of the Blue. Esta canción es de su segundo disco (Electric Youth) y es –en mi opinión- la canción mejor lograda musicalmente de toda su discografía adolescente.
14. Fatboy Slim / Kung Fu Fighting (Techno Dance Remix) Carl Douglas grabó en los ’70 la versión original de esta canción. Slim la cubrió en los ’90, llenando los vaciós sonoros con bajos, percusión y teclados, y agregando un rapeo encima. La versión americana de Shaolin Soccer termina con esta canción. Y le queda perfecta.
15. Hanna Montana / Best of both worlds Producto 100% comercial de la factoría Disney. Primera canción que me muestra me hija. Razón suficiente para tenerla en la colección (encima, es pegadiza y –como buen producto Disney- está bien hecha).
16. Hans Zimmer / Thunderbirds are go! La horripilante película de imagen real de los Thunderbirds (más conocidos por estos pagos como Rescate Internacional), la serie de TV del grupo de hermanos que se dedicaba a misiones de rescate a lo largo y ancho del mundo protagonizada por marionetas, tenía en sus créditos de apertura esta versión del inmortal tema de Barry Gray.
17. Howard Shore / The ring goes south La música que compuso Shore para el score de las películas de Peter Jackson basadas en The Lord of the Rings estuvo a la altura del desafío. Y este tema es una muestra perfecta de ello. Parte suavemente, y va creciendo, tal como la aventura de los hobbits en dicha historia, hasta llegar a una fanfarria que terminaría siendo representativa de la pelicula en su totalidad (y que, aún siete años después de escucharla por primera vez, me emociona).
18. Jack Johnson / Upside down Curious George es una película de animación tradicional con las voces de Will Ferrell y Drew Barrymore, que adapta un cuento sobre un monito (llamado George). El soundtrack es de Jack Johnson, un cantante pop yanqui aficionado a la música suave, si se quiere más relajada y para ambientes íntimos, y que en este caso bebe de las fuentes de las instrumentalizaciones latinas.
19. Joe Satriani / Summer song Satriani. Summer Song. ¿Algo más que decir?. Cinco minutos de destreza sobre una guitarra. La compañía perfecta para manejar en una carretera despejada (o para jugar Gran Turismo… mal que mal, esta canción es parte de su soundtrack!)
20. Joey Ramone / What a wonderful world El padre del punk cubriendo al padre del jazz. Una canción alegre y positiva, cantada con la música y el tono de quien nos legó joyas como I Wanna Be Sedated y The KKK Took My Baby Away.
21. John Meyer / Route 66 Original de Chuck Berry, esta versión –que cierra la película Cars- la adelanta unas cuantas décadas y, respetando elementos de la musicalización original, como el piano, la deja convertida en una canción nueva y remozada, alegre, rítmica, de esas que uno no puede estar triste al escuchar.
22. John Ottman / He’s back Lejos, el mejor tema el score de Superman Returns: el momento en que el mundo toma conciencia de que Superman ha vuelto. Una introducción suave y precisa, para luego dar paso a la fanfarria en su versión más grandilocuente hasta la fecha: Superman está de regreso, ¡a celebrar se ha dicho! 1/8/2008 Temas repetitivos…Uno de mis placeres culpables es la música pop. Desde tiempos inmemoriales, escucho algún tema entretenido por ahí y me quedo pegado días enteros. Me ha pasado muchísimas veces, al punto de (en la época en que compartíamos el Taller Multimedia de la biblioteca de la USM con un par de amigos) llegar a aburrir a la gente con las ene más una repeticiones de la misma canción. Claro que yo pensaba que este problema era exclusivamente mío. Hasta que ví el episodio 2x17 de How I Met Your Mother: Arrivederci, Fiero. Este episodio se centra en la despedida de Marshall de su viejo y querido auto, en el cual hay puesto un cassette (si, un cassette) con UN SOLO TEMA (I'm Gonna Be (500 Miles) de The Proclaimers. Según la historia, es la única canción que ha sonado en ese auto desde que Marshall lo recibió de parte de sus hermanos. Y pensar que creía que yo era repetitivo. (para los
que no conozcan la canción, acá está: 10/22/2007 1001 Discos...Como he dicho muchas veces, los gringos son dados a hacer listas
sobre cualquier tema posible. Un par de años atrás, cuando recién
empezaba a escribir para la difunta PuertoCero, recordé una idea basada en esta costubre gringa: los
Desert Island Discs. El juego era hacer una lista con
los diez discos que te llevarías a una isla desierta (evidentemente
subentendiendo que tendrías electricidad y un reproductor). Obviamente
el concepto ya está más que obsoleto, habida consideración que hoy por
hoy cualquier reproductor de mp3 que se precie tiene capacidad para veinte o treinta
discos completos, o bien para unas trescientas o más canciones, pero en
esos momentos (cuando el formato mp3 no existía y los discos duros eran de 20 megas) era una muy buena idea. Ahora, la pregunta sería ¿qué temas pondrías en tu
iPod si te fueras a una isla desierta?.
Una pequeña variación sobre este concepto (las listas) es el que usan Rob Fleming/Gordon y sus amigotes Dick y Barry en High Fidelity
(el libro de 1995 de Nick Hornby o la película dirigida el 2000 por Stephen Frears, ustedes elijan: ambos son buenos y se complementan, claro que uno es en
Londres y la otra es en Chicago),
haciendo listas de cinco temas: mejores aperturas de un disco, mejor
primer tema, mejor canción para después de terminar, y así
sucesivamente. Melómanos empedernidos.
El punto es que, en el contexto de estas listas norteamericanas, hace poco descubrí en librerías un mamotreto titulado 1001 Discos Que Hay Que Escuchar Antes de Morir.
El libraco en cuestión, de 900+ páginas y sus buenos kilos de peso,
tiene (obviamente) una lista compuesta por 1001 discos -imperdibles a juicio de los autores, un ejército de críticos
de rock de distintas nacionalidades liderados por Robert Dimery- ordenados cronológicamente a partir de mediados de la década del
50.
La fecha, que podría parecer antojadiza, tiene relación con la aparición del concepto de álbum, junto con el disco de vinilo o long play de
33 1/3 rpm. Antes de ese formato, no existían los "discos" como tales.
Adicionalmente el long play trajo otro bonus: el gran tamaño del disco
era más que apropiado para, además de la creatividad de la música, ser
creativos también en la carátula (y luego ya no sólo en la carátula,
sino en todo el empaque).
El primer disco de la lista es uno de Frank Sinatra, seguido por uno de -quien más- Elvis Presley. Siguen dentro de esa década Fats Domino, Little Richard, algunos
jazzistas, un dúo country y un par de orquestas afrocubanas. Para cada
disco consignado se indica el productor musical y el productor
artístico (cuando la información está disponible), el tiempo de
duración (algunas de estas joyas no superan la media hora) y, en
algunos casos, los temas del disco.
Y vamos aprendiendo, y descubriendo grandes músicos/interprétes de mediados del siglo pasado. Como Louis Prima y su Just a Gigoló, luego cubierto por David Lee Roth en su primera aventura solista. Seguramente en las próximas páginas encontraré algunos tesoros. Si descubro algo valioso y desconocido, lo comentaré. 4/16/2007 Pet Shop Boys en Santiago de Chile (por fin)Veamos: este dúo británico tecno me gusta desde que tengo uso de razón y/o preferencias musicales propias. Bailaba con su música, intercalada entre los hits del Rock Latino, en las fiestas del colegio por allá por los ’80. Incluso me compré algún cassette en el que venían So Hard y Being Boring, ya en la Universidad. El cuarto CD de mi colección (en orden cronológico) fue su Discography (para los que quieran saber: el primero fue The Cars Greatest Hits, y los dos siguientes fueron Atado a Un Sentimiento y Obsesión de Miguel Mateos). Vinieron a Chile un lejano 1994. Yo estaba terminando la U, en calidad de casi egresado, viendo un tema de memoria con una empresa de Rancagua, pobre cual rata, alojándome en el departamento de los amigos de un amigo. Cero posibilidad de verlos. Seguramente nunca más vendrían. Me tendría que conformar con seguirlos escuchando. Hace un par de años llegó a mis manos un DVD titulado Pet Shop Boys Montage, un recital en vivo, lleno de proyecciones, con guitarra electroacústica, coro y bailarines. Un lujo. Lo miré un par de cientos de veces. Luego vino el PopArt, un compilado con todos sus singles en formato videoclip. Y los tipos seguían sacando discos nuevos. Y así fue como, en enero, anuncian visita a Chile. A Santiago, ni más ni menos. Al Teatro
Caupolicán. Aparentemente la venta de boletos se les dio bien, y terminaron
cambiando el escenario a la
Estación Mapocho
(ver notas anteriores). Y así fue como, hace un par de semanas, terminé parado en “General”, en el concierto de los Pet Shop Boys en Chile. Básicamente veinte años después de la primera vez que escuché una canción de ellos. ¿Mi ánimo? ¡Una fiesta! Fui al recital con una intención clara: bailar y pasarlo bien. El sonido, pese a la mala acústica de la Estación Mapocho, estuvo perfecto. La voz de Neil Tennant se mantiene intacta pese al innegable paso de los años. Y obviamente las pistas pregrabadas más los teclados de Chris Lowe no tuvieron fallas (ni han bajado la calidad de su sonido en vivo, cortesía de la magia del almacenamiento digital). El apoyo fue de antología. Varios bailarines, vestuario, coros, pantalla gigante, luces… pero lo que más me llamó la atención fue la sincronización entre los distintos elementos: en muchas ocasiones el vestuario (y los movimientos) de los bailarines en el escenario coincidían con los que se mostraban en la pantalla gigante. En otra canción (Where The Streets Have No Name/Can’t Take My Eyes Off Of You), la pantalla mostraba la cara de Tennant, inmóvil, la cuál sólo se movía para cantar –sincronizadamente, claro está- el coro. El espacio físico, la gente, si bien abundante, no era impedimento para pasarlo bien. Esto, principalmente debido a que un número no menor de personas prefirieron ver el recital desde la incómoda altura de las bases de las columnas que soportan el techo de la Estación, dejando así más espacio para los demás. Amables ellos, que nos permitieron bailar a destajo. En la espera previa al concierto, un conjunto de canciones ochentenas de la corriente del pop de la época, A-Ha, OMD, Smiths, todo en clave bailable, como para ir seteando el mood correcto: party time! El concierto cumplió a cabalidad con lo prometido: dos horas de Pet Shop Boys en el escenario. Y, si bien la lista de hits del parcito es larga como la fila para pagar el permiso de circulación el último día, creo que los tocaron todos con dos excepciones “parciales” (ya me explicaré al respecto) y dos ausencias. West End Girls, Go West, Suburbia, Being Boring, Left To My Own Devices, Heart, Domino Dancing, Can You Forgive Her, Always On My Mind, Rent, la ya mencionada Where The Streets Have No Name/Can’t Take My Eyes Off Of You y varias otras pasaron por la parrilla musical de la noche, la cual no sólo estuvo cargada a los hits bailables, sino también a canciones más tranquilas. Necesitábamos respirar un poco, supongo. Las que más extrañé (las ausentes) fueron What Have I Done To Deserve This (que cantaban a dúo, o a trío, con Dusty Springfield) y New York City Boy. Y las que definitivamente no me dejaron conforme, en tanto fueron tocadas parcialmente, fueron Se A Vida E, de la que sólo sonó la introducción, primera estrofa y coro, y So Hard, aún menos respetada: sólo la introducción, y cantada por el coro (aunque, es un deber decirlo, la dama que hacía la voz femenina tenía un vozarrón que ya se lo quisiera cualquier estrella del medio local). En resumen, una experiencia memorable. Uno de los pendientes de la adolescencia finalmente sacado de la lista. Si alguien, a mis quince años, me hubiera contado que a los treinta y cuatro iba a estar, un día cualquiera, bailando Always On My Mind con los Pet Shop Boys tocándola EN VIVO, no le habría creído. 4/2/2007 Pet Shop Boys en Santiago de Chile – reclamo 2Pero hay que reconocerle algo a la producción del evento: se esfuerzan en hacer las cosas mal. Mi pregunta de fondo es: si haciendo las cosas mal ganan plata… ¿cuánta ganarían si hicieran las cosas bien? En fin, queda para un análisis posterior. El punto: en el acceso trasero de la Estación había un cartel en el que se señalaba: “prohibido entrar con esto, aquello, lo otro, botellas de vidrio, etc. etc. etc.”. Lo leí, una, dos, tres veces con mis ojitos con los que suelo leer, con los mismos que leo El Mercurio los domingos, The Clinic jueves por medio y una buena cantidad de libros al año. Botellas de vidrio, decía el cartel. Dado que el recital sería largo, y que me daría sed, opté por comprar una botella de agua mineral, helada, con gas. Vital. Avanza la fila, entro, llego al control de seguridad, y me obligan a deshacerme de la botella. “Por razones de seguridad”, me dicen. Como es obvio, le señalé al Señor Don Guardia de Seguridad la conveniencia de corregir el cartel, y lo incoherente (e innecesario) que es poner “botellas de vidrio” si lo que está prohibido es entrar con “botellas” en general. En fin. Todo sea por la seguridad, si no hay botellas desaparece la posibilidad de que me caiga una botella en la cabeza, pensé. Entré al recinto y, oh, cuál sería mi sorpresa cuando veo un cristiano caminando con una botella curiosamente similar a aquella de la que yo me había desecho minutos antes. Me acerco al “kiosco” montado al interior del recinto y adivinen qué: vendían agua mineral en botella!!! Seguridad mis polainas! Agarro a otro tipo de la productora y, tras conversar un rato con él, confiesa: la única razón por la que se impide entrar al público con botellas de agua es co-mer-cial. Seguridad nada. Ahora bien, la razón me parece atendible y entendible. Pero lo que no puedo entender (ni aprobar) es la necesidad de la mentira. Los tipos de las salas de cine al menos son más honestos: ponen cartelitos en los que dice “prohibido entrar a la sala con alimentos comprados fuera del cine”. Ahora, simple matemática me indica que el porcentaje que pueden ganar estos tipos con este ardid es marginalmente despreciable comparado con lo que ganan por el espectáculo. Con entradas a $15.000 y a $25.000 y 9.000 asistentes, el nivel de ingresos estuvo en el orden de los $200.000.000. Vender 1.000 botellas de agua, esto es, una por cada nueve asistentes (y estoy siendo amable, pues deben haber vendido unas 300), a $500 cada una, da $500.000. Ingresos adicionales por un 0,25% de los ingresos por el show en si mismo. Entonces... ¿para qué molestarse tanto? ¿No valdrá más la pena tener al consumidor feliz? No, claro, no es la manera en que se hacen las cosas acá. Pet Shop Boys en Santiago de Chile – reclamo 1Contextualicemos un poco. Mi depa está en línea recta con la Estación Mapocho, a unas diez cuadras, por lo que me fui al recital caminando. Claro que no estoy en línea con el acceso principal, más bien estoy en línea con lo que sería la entrada trasera de la estación, el lugar por el que salían los trenes cuando había trenes. En corto, caminé unas doce cuadras: diez hasta calle Balmaceda, y luego dos más por Balmaceda hasta llegar a la puerta de la Estación Mapocho. Ahí, recién ahí, un tipo de la producción me dijo “el acceso es por atrás”. “¿Qué?”. “La entrada es por la parte trasera de la estación”. Notable. Un concierto programado con semanas de anticipación, con avisos en los diarios, etc., y los retardados de la producción no son capaces de avisar ANTES que el acceso no es por donde usualmente entra la gente a la Estación Mapocho (digamos que es por donde he entrado cada vez que he ido a una exposición, a una feria, o a lo que sea que haya ido al lugar), sino por un acceso alternativo. Cuento corto, tuve que desandar dos de las doce cuadras que ya había andado. En corto caminé cuatro cuadras de más gracias a los astutos de la productora. Los cuales, además, no eran capaces de poner un miserable cartel que dijera “Entrada” ni nada. Mediocridad típica local. Lo peor es que ya me estoy comenzando a convencer de que esa es la “chilean way of life”. Pero bueno. Llevaba muchos años esperando poder ver a los Pet Shop Boys en vivo (la vez anterior estaba en Rancagua, tenía una entrevista para un tema de memoria en El Teniente, y no tenía plata para ir a verlos), y una simple estupidez como esta no me echaría a perder el momento. |
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