Victor's profileDesde un décimo piso...PhotosBlogLists Tools Help

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    11/1/2009

    Curvas de aprendizaje

    El término Curvas de Aprendizaje (Learning Curves) llegó a mí a través de los videojuegos. Unos cuantos años atrás, allá cuando tenía una Playstation o una Dreamcast, solía comprar revistas sobre el tema. En ellas, dentro de los muchísimos factores de evaluación de cada videojuego (que incluyen la parte gráfica, lo entretenido que es, la ambientación, el argumento, y mucho más), se incluía la Curva de Aprendizaje.
     
    ¿Curva de Aprendizaje? ¿Acaso se necesita aprender a jugar videojuegos? La respuesta es si. En el principio de los tiempos, cuando todo se reducía a Space Invaders, Pac-Man y Rally-X, este aprendizaje tomaba apenas un par de minutos, lo suficiente para manejar una palanquita y, a lo sumo, un botón. Pero, con el paso del tiempo la complejidad de los videojuegos ha aumentado considerablemente, y hoy un control estándar tiene la friolera de dos palancas y más de diez botones. Además, las historias son más complejas, y lo que se puede hacer dentro de los juegos también. Tomemos por ejemplo un Grand Theft Auto: se puede caminar, correr, entrar en edificios, cambiarse de ropa, tener sexo, disparar, golpear, y algunas combinaciones de lo anterior. Obviamente, lograr disparar desde un auto en movimiento no es algo fácil de hacer, por lo que para llegar a eso se requiere aprender algunos pasos previos.
     
    Volviendo al punto inicial: en términos muy simples, un atributo buscado en los juegos era el que la Curva de Aprendizaje no fuera muy pronunciada. ¿Cómo así? Muy simple de explicar con una analogía: si algo, cualquier cosa, es muy difícil de aprender desde el principio, generará frustración y la gente le hará el quite. Rápidamente los fabricantes de videojuegos aprendieron de esto, y comenzaron a producir juegos que tienen una curva de aprendizaje progresiva, no muy pronunciada, en la que el proceso de aprendizaje forma parte del juego en si mismo. Así, los God of War, Gran Turismo, Halo, Guitar Hero, Grand Theft Auto y similares, comienzan con una pequeña introducción y un trozo de juego básico, en el que se enseñan los principios iniciales, la funcionalidad mínima. Y así, poco a poco y progresivamente, a cada pequeño paso, se va entregando más información de funcionalidades, y de lo que hay que hacer. Y se aprende, bueno, jugando. Así, al cabo de un par de semanas el jugador ya conoce todos los botones, todas las funciones, y está listo para entrar en tierra derecha, en la parte de alta complejidad del juego.
     
    Lo divertido del caso es que este concepto, de las Curvas de Aprendizaje, no es exclusivo del mundo de los juegos de video. Todas las destrezas, todas las habilidades, todo lo que aprendemos en nuestra vida, está sujeto a ellas. Cada nueva tarea que aprendemos se cimenta sobre las bases de lo que aprendimos antes. La vida entera puede verse como eso, como un proceso de aprendizaje con su respectiva curva. Y cada paso que damos en el mundo del aprendizaje es eso, un paso. Un escalón. Y así debe ser, puesto que en el momento en que lo que tenemos al frente no es un escalón sino un muro, quiere decir que la curva de aprendizaje es muy pronunciada y que es posible que hasta ahí no más lleguemos en ese aprendizaje.
     
    Cada cosa nueva que aprendemos es un avance, progresivo, sobre algo que ya sabemos. Y la lógica de los procesos de aprendizaje está explícita en nuestra mente. Ejemplo de ello es el dicho "se debe aprender a caminar antes de aprender a correr". Prácticamente todo lo que aprendemos tiene un orden, una secuencia lógica, sea esto un deporte, manejar un vehículo, otro idioma, un nuevo programa en el computador. Y la curva de aprendizaje es el incremento de dificultad que conlleva cada uno de los pasos de esa secuencia. Y esta curva es determinante en el resultado final. Si es muy pronunciada -ya se dijo- espantará y, si por el contrario, tiene poca pendiente, el aprendiz se aburrirá rápido porque sentirá que no aprende nada pese al tiempo dedicado al proceso.
     
    Pasa con las destrezas físicas, con las asignaturas del colegio o la universidad, o con un programa. Cada paso a su vez. Cada escalón. Y cuando el escalón sea muy pronunciado, se debería buscar la manera de fraccionarlo en escalones más pequeños. Ejemplo: aprender a andar en bicileta. Para lograr el equilibrio, al principio, se baja la pendiente de la curva de aprendizaje por el expediente de las rueditas chicas. Después la curva se incrementará si el aprendiz quiere aprender a andar sin manos, o a hacer piruetas al nivel de los X-Games.
     
    Los colegios han sabido asimilar este concepto, y aplicarlo en buena forma. Yo lo experimento en forma casi diaria, con lo que aprenden mis hijos en el colegio, acompañándolos a estudiar, viendo cómo hacen las tareas. Los procesos formativos han cambiado enormemente desde la época en que yo fui al colegio, y se nota. La enseñanza ahora es más entretenida.
     
    ¿A qué voy con todo esto? A que, en un análisis final, no debería haber nada que una persona normal no pudiera aprender, en la medida en que la curva de aprendizaje asociada sea la correcta para él o ella. La misión de quienes enseñan, de los educadores, de los maestros (además de definir objetivos, entregar contenidos, y evaluar, dentro de una larga lista), debería ser el poder adaptar la curva, suavizándola, y eliminando los saltos bruscos. Tal como hacen los videojuegos: enseñando a jugar un paso a la vez (y si no me creen que esta es la forma correcta, pregúntenme por qué abandoné el juego de Superman Returns apenas después de la primera etapa).
    1/24/2009

    Una pérdida

    Acabo de caer en cuenta de que en el verano escribo más obituarios o notas recordando personas que han dejado el mundo de los vivos que durante el resto del año. Sólo el verano pasado desaparecieron el escritor de cómics Steve Gerber, el ex-campeón del mundo de ajedrez Bobby Fischer, el actor Heath Ledger y el también actor -y comediante- George Carlin. Todos tipos famosos, cercanos a través de su historia y su trabajo, pero lejanos en un plano personal. Muertes que uno lamenta desde la historia contemporánea, desde el arte, desde los cómics, desde la irreverencia. Muertes lamentables, pero al fin y al cabo lejanas.

    El lunes de la semana que termina me enteré, a través de facebook, de la primera desaparición significativa de este año. Y en este caso tampoco es una muerte cercana (nadie, digamos, de mi círculo directo de amigos y conocidos), pero es una muerte muchísimo más cercana que los casos antes mencionados: Marcelo Dragas.

    Conocí a Marcelo hará cosa de unos veinte años, en el movimiento EJE de Quilpué (si, sorprendentemente, en mi adolescencia participé de un grupo de iglesia). Las circunstancias en las que lo conocí fueron bastante... atípicas. Apareció como el pololo de una niña que a mí me gustaba. Y él sabía de esta situación. Quizás la mejor manera de retratarlo sería diciendo que, ya en ese entonces, tenía la generosidad y la madurez necesarias para no ser pesado conmigo... pudiendo haberlo sido, dado que sabía que a mí me gustaba/había gustado su polola. Pero no. Marcelo era especial. Un buen tipo. Siempre de buen ánimo, con una sonrisa, y -como ya dije- generoso. Al poco tiempo entré a la universidad y, con la excusa del poco tiempo disponible (para no tener que detallar de que estaba chato de las humanas conductas de los líderes del espiritual grupo-, dejé de participar, pero no sin antes invitar a EJE a una amiga, Yanella, que llevaba meses hinchándome para ello.

    Pasaron los años y no volví a saber de Marcelo ni de Yanella, ni de nadie más del EJE. Me vine a Santiago. Comencé una nueva vida. Hasta que este año, cortesía de facebook, me encontré con Yanella. Diseñadora, madre de dos hijos, casada ni más ni menos que con... Marcelo. Tal cual. Las vueltas que tiene la vida. Lo que para uno puede ser una anécdota irrelevante, puede afectar completamente la vida de otra persona (tal como una decisión aparentemente intrascendente, como tomar un avión a una hora distinta que la acostumbrada o pasar por un café, puede afectar la propia vida en maneras insospechadas). Ambos diseñadores gráficos, ella dedicada a criar los hijos, él trabajando en algo fuera de su profesión. Hablamos un par de veces con Yanella, vimos de que nos echara una mano con los diseños de un emprendimiento que estaba comenzando en ese momento con un amigo (y que ha avanzado bien poco, la verdad), y desde entonces compartimos un par de mensajes de vez en cuando en el chat de facebook.

    Hasta que el lunes en (nuevamente) facebook, me aparece que una ex-compañera de curso se incorporó al grupo yo conocí a Marcelo Dragas. Claramente tenía que ser un error de redacción. Entré al grupo. No era un error. Efectivamente... había un grupo para recordar al desaparecido Marcelo. Un rápido googleo y los hechos de la causa: trabajando como instalador de cable, el poste en el que estaba encaramado -con todas las medidas de seguridad- cedió y se le cayó encima. No me alcanzo a imaginar el impacto, la situación, todo, para Yanella. Recuerdo que la muerte de Rolando, hace ya más de siete años, nos impactó duramente... y eso que la esperamos durante varias semanas. Y Rolando no tenía hijos.

    La vida es frágil, y a veces, muy breve. Al menos Marcelo la supo vivir bien, como un buen tipo. Me habría gustado tener la oportunidad de compartir con él ahora de adulto, de haberle dado las gracias por la manera en que se comportó conmigo en aquél entonces. Ya no fue. Me quedo con el recuerdo de haber conocido a una persona que ya era una gran persona cuando aún era un adolescente. Me quedo con la certeza de que fue inmediatamente recibido en un lugar mejor. Y me quedo con la seguridad de que, desde allá, seguirá cuidando de Yanella y de sus hijos.

    Un abrazo a la distancia, Marcelo. Por acá se te recuerda con cariño.

    1/1/2009

    Resumen del 2008

    Y se fue el 2008. Tal cual. Otro período de 365 días terminado. Y, como corresponde, va mi evaluación/resumen de lo mejor y lo peor…

     

    En lo profesional, inmejorable: me he pasado los últimos siete meses por distintos lugares de Latinoamérica como parte del equipo global de transformación de un gigante informático. Mi día está lleno de conference calls con personas en lugares tan remotos como Bratislava y Eslovaquia, he hecho amigos en distintas latitudes, comparto espacio físico con un equipo de profesionales de primera línea –tanto en lo humano como en lo técnico-, tengo mi jefe en Brasil, y lo único que quiero es que este proyecto concluya en un éxito para luego poder participar en otros. Así de simple. Quizás suene a lugar común, pero para mí este es el trabajo soñado. Digamos que si pudiera pedir que inventaran un trabajo para mí… pediría algo muy, pero que muy similar a éste.

     

    En lo personal, inmejorable también: finalmente pude cerrar un tema largo –demasiado- y complejo, que me estaba dañando y quitando energía. Aprendí muchísimo: un poco respecto a lo poco que uno conoce a alguna gente que cree conocer muy bien, pero mucho más respecto de la gente a la que tengo cerca y que estuvo conmigo. Y, encima, el año cerró con excelentes perspectivas personales para lo que viene, que aparecieron de la forma menos esperada…

                      

    A nivel de pasatiempos, dos grandes logros: la publicación de tres artículos en la (ahora difunta) revista local CeroUno, y mi participación en el evento anual del aniversario de Superman organizado por DailyPlanet.cl.

     

    Y, en lo que es cultura de consumo, mi resumen del año es:

     

    Cine

    Lo mejor: Iron Man

    Definitivamente Robert Downey Jr. se sacó los zapatos con su interpretación del playboy Tony Stark y de Iron Man. Una película pareja, entretenida, excelentemente lograda, que abre el apetito para Iron Man 2… y para la peli de los Avengers! (y encima la vi gratis en Avant Premiere!)

     

    Runner-Up: The Dark Knight

    Si, Heath Ledger encarnó un payaso terrorífico a la perfección… pero la película es treinta minutos muy larga, y –a ratos- demasiado imposible (incluso para alguien que está dispuesto a creer que un millonario se va a disfrazar de quiróptero y a perseguir malhechores por las noches).

     

    Decepción: La Buena Vida

    Andrés Wood venía andando firme con su producción. Tanto, que ni siquiera me preocupé de saber de qué iba su última película. ¿De qué iba? De nada. Tres historias sin conexión aparente, buses del Transantiago, y poco más.

     

    Lo que espero para el 2009: como pocas veces, no tengo mayor anticipación para este año a nivel de películas no aptas para todo público. Lo único, ver qué tan mal queda la adaptación de JJ Abrams para Star Trek.

     

    Cine Todo Espectador

    Lo mejor: Wall-E

    La última Pixar superó todo lo anterior, con ventaja. El pequeño robot compactador de basura demostró más capacidad histriónica que varios que van de actores por la vida. Y la despiadada crítica al actual modo de vida occidental no puede haber dejado a nadie indiferente.

     

    Runner-Up: Kung Fu Panda

    Dreamworks Animation no se quedó a la zaga. No sólo sacó dos largos este año (éste y Madagascar 2), sino que además le alcanzó para hacer una película entretenida, chistosa, y con mensaje. Al final, lo importante está dentro de ti.

     

    Decepción: HSM3

    Lo peor que me tocó ver este año en gran pantalla, orientado al público infantil, fue High School Musical 3. Cero argumento, latera, ningún desarrollo nuevo para los personajes… el lado comercial de Disney al ataque.

     

    Lo que espero para el 2009: en dos palabras, Bolt y Up! (ambas de Disney).

     

    TV

    Lo mejor: The IT Crowd

    Esta serie británica sobre Roy y Moss, dos técnicos de soporte, eternamente relegados al sótano de su compañía, y su nueva jefa (que no tiene la más mínima idea sobre informática), pasó rápidamente a ser mi favorita. Solo los ingleses podrían retratar tan bien los vicios de ese pequeño mundo. Advertencia: el coeficiente de identificación para cualquiera que haya trabajado en soporte puede ser demasiado alto!

     

    Runner-Up: Big Bang Theory

    Increíblemente los guionistas de esta serie fueron capaces de conservar el interés de la primera temporada, pese a la solución de “el” conflicto principal. Moviendo la atención hacia los personajes “secundarios”, y enfrentando nuevas situaciones, esto puede seguir muchísimo tiempo.

     

    Segundo Runner-Up: How I Met Your Mother

    Si uno deja pasar el hecho de que esta serie debería tender a aclarar quién demonios es la madre de los hijos futuros de Ted, y se concentra solamente en las aventuras (y desventuras) de estos seis amigos, HIMYM no tiene desperdicio. En lo que va de la cuarta temporada, es un gustazo.

     

    Decepción: en blanco.

    Simplemente, este año no vi TV que no me gustara. Punto.

     

    Lo que espero para el 2009:

    Que la calidad de las series que estoy siguiendo se mantenga… y que algún día sepamos quién es la mamá de los hijos de Ted!

     

    Libros – Ficción

    Lo mejor: Anansi Boys, de Neil Gaiman

    Gaiman, creador de Sandman, se luce con esta novela escrita en tono humorístico, en el que el hijo de un dios antiguo tiene que conocer y enfrentar su origen, su supuesto hermano, y su enemigo natural, todo en el contexto… de que es un simple oficinista británico.

     

    Runner-Up: The Yiddish Policemen Union, de Michael Chabon

    Chabon es un artista. Calificado por muchos como la última maravilla de la narrativa norteamericana, su última novela (sobre un asesinato en el ficticio asentamiento judío de Alaska) se comienza a desarrollar aparentemente sin dirección clara, hasta que –repentinamente- todas las piezas calzan, y la historia atrapa y no suelta hasta el final. Soberbio.

     

    Decepción: Slam, de Nick Hornby

    Hornby, uno de mis autores favoritos (y de quién leí este año el buenísimo All The Way Down), se quedó corto con esta novela sobre un skater que se enamora y tiene un hijo. Difícilmente una novela en la que la voz de la sabiduría viene de Tony Hawk podrá ser buena…

     

    Lo que espero para el 2009:

    Leer los nuevos autores chilenos de ficción, y sorprenderme gratamente. Le tengo hartas ganas a Synco, de Baradit.

     

    Libros – No Ficción

    Lo mejor: Guinness World Records Games 2008, del Equipo Guinness

    El Guinness. De los Video Juegos. ¿Se puede pedir más?

     

    Runner-Up: El Fabuloso Libro de las Leyendas Urbanas, de Jan Harold Brunvand

    Un compendio de casi setecientas páginas con lo mejor de las leyendas urbanas contemporáneas, desde los cocodrilos en las alcantarillas de New York a los ladrones de riñones, con distintas versiones, variaciones, y un seguimiento histórico.

     

    Decepción: La Vida Deshilachada, de Francisco Mouat

    Mouat, autor de un par de joyas previas (Chilenos de Raza y Crónicas Ociosas) abusó de sus logros y se mandó un libro compilación de sus escritos para la revista El Sábado. No es que esté mal… pero un poco de sabor extra no habría estado de más. Un montón de crónicas de dos páginas dejan con gusto a poco.

     

    Lo que espero para el 2009:

    Uno de mis objetivos personales es terminar mi propio libro de No-Ficción… y verlo publicado!

     

    Cómics – Serie

    Lo mejor: All Star Superman, de Grant Morrison y Frank Quitely

    ¡El único repetido! Al cerrar el 2007, y al cerrar el 2008, ¡la mejor serie de cómics fue esta! Lamentablemente, ya se acabó… pero con maestría. Cada número es un tratado sobre “cómo escribir a Superman”.

     

    Runner-Up: World War Hulk, de Greg Pak, Gary Frak y John Romita Jr.

    La continuación de Planet Hulk. El gigantón verde está cabreado, y con razón. Y esta vez el origen de su furia tiene nombres: Mr. Fantastic, Black Bolt, Charles Xavier, Stephen Strange,  y Tony Stark. Y no se va a andar con chicas para desquitarse.

     

    Decepción: Final Crisis, de Grant Morrison y varios

    Tenía buena pinta… pero me parece que el villano salió de la nada, que la matanza de héroes no tiene ninguna justificación, y –encima- ¡cada dos por tres aparece OTRA revista adicional que comprar!

     

    Lo que espero para el 2009:

    Por fin un BUEN título de Superman dentro de la continuidad. ¿Es mucho pedir?

     

    Categoría especial: ¡Lugar!

    Producto de los distintos acontecimientos del 2008, no me queda otra que seleccionar, por esta única oportunidad, como lugar del año a los Starbucks Coffe. Los locales de Callao, Agustinas al 1100, y Parque Arauco fueron testigos de reuniones con amigos, gestos de cariño, y conversaciones duras a lo largo del año. Y, hacia el final, en el local del Aeropuerto conocí a un angelito... Así las cosas, no hay opción posible: Starbucks Coffee fue el lugar del 2008.

    11/28/2008

    Las pequeñas grandes cosas

    El miércoles, por razones que van más allá de esta nota (y que, quizás algún día, pondré por escrito), sufrí un golpe emocional. Estando solo en un país extraño. Sin amigos, sin nadie a quien recurrir, en quién buscar apoyo. Una experiencia límite desde el punto de vista de los sentimientos. En casa, están los amigos, la contención, las cervezas compartidas, echar puteadas, por último volver a ver una película. Abrazos, palmoteos, un "va a pasar". Lejos de casa no hay nadie. A lo más una línea telefónica, un chat, un email.
     
    Ayer, la situación mejoró y empeoró a la vez. Mejoró, porque al día siguiente lo malo ya no parece tan malo y el dolor comienza a pasar. Empeoró porque, al buscar apoyo remoto de mis amigos lejanos, empezaron a aparecer más detalles, la verdad en su conjunto comenzó a revelarse, y el golpe emocional del día anterior dejó de ser tal para pasar a ser una sucesión de golpes que recibí, sin darme cuenta, durante los últimos ocho meses.
     
    El día terminó. Volé a Lima. Llegué a mi hotel, fui a tomar unas cervezas en un local fuera del Parque Kennedy en Miraflores, regresé a mi hotel y dormí.
     
    Hoy, bajé a tomar desayuno. Una de las cosas buenas de la vida de hotel es el desayuno buffet. Una de las cosas malas de la vida de hotel es el tomar desayuno solo. En términos generales, en un día promedio, no me afecta en lo más mínimo. Es parte de mi rutina y ya. Pero hoy, la verdad, no tenía ganas de tomar desayuno sin compañía. Como sea, elegí una mesa para dos (no hay mesas unitarias), tomé la servilleta y la dispuse de modo tal que quedara claro que esa mesa ya estaba ocupada. Fui por mi vaso de jugo de naranjas. Lo dejé en la mesa. Fui por mis cereales con yoghurt. Volví a mi mesa. Y, en el puesto frente al mío, estaba sentado un viejito. Mientras el mozo le explicaba que la mesa estaba ya ocupada. El caballero comenzó a pararse, deshaciéndose en disculpas, a lo que le dije que no importaba, y que evidentemente preferiría compartir mi desayuno con él en vez de tomar desayuno solo. El señor en cuestión dió las gracias, nos presentamos, y comenzamos a conversar un desayuno.
     
    El señor en cuestión era de Estonia, jubilado, biólogo, paseando por sudamérica. Lo que siguió fue una charla entretenida sobre un montón de temas, amenizada con café con leche, croissants, fruta... Así, lo que iba a ser un desayuno triste y solo, terminó siendo una interesante conversación con este caballero, delgado, de pelo cano, ojos claros y anteojos que, en cierta manera, me evocó al personaje de George Burns en Oh, God! Cuento corto, este señor me acompañó en un momento del camino. Me ayudó con la carga. Me distrajo, si se quiere.
     
    Volví a mi habitación. Una amiga con la que no hablo hace tiempo estaba saludándome en el chat. A pito de nada. Extraño.
     
    Tomé mis cosas, salí del hotel, llegué a las oficinas de la empresa para la que trabajo en Lima. Al rato, una celebración. Cumpleaños. Recibiendo el saludo de los colegas que ya he conocido en esta oficina. Como para no pensar en problemas.
     
    Vuelvo a mi puesto de trabajo. Otro amigo hablándome por el chat de facebook. Uno que nunca habla. Hoy habló. Echando la talla. Pero, quizás, intuyendo algo.
     
    En definitiva, cuatro pequeñas cosas que hoy me recuerdan que nunca estamos solos. Que en todo momento Dios está velando por nosotros. Quizás no en persona, pero sí a través de las demás personas con las que compartimos este mundo. Que en ningún caso las cosas son tan malas como parecen.
    11/25/2008

    Un casi-no-despegue

    De un tiempo a esta parte, los aeropuertos y los aviones se han convertido en elementos recurrentes en mi vida laboral. A estas alturas del año, ya me he subido (y bajado) de 19 aviones, tengo acumulada una buena cantidad de millas, y la cosa no tiene pinta de detenerse.
     
    Así las cosas, ya tengo armada mi rutina: prechequear, llegar al aeropuerto con la debida anticipación, dejar el bolso, pasar por policía internacional, comer algo, irme a la sala de embarque, conectarme a internet, revisar correos, apagar el computador, ponerme a la fila, subirme al avión, agarrar mi librito, comer lo que sea que sirvan (sea un plato propiamente tal o el bastante exiguo esná -no snack, esná, conjunción de las palabras es y nada-, volver a mi librito, agarrar mis cosas, bajarme, ir a internación, por mi maleta, a aduana, tomar el taxi respectivo y llegar a destino. Todo lo anterior, casi sin mirar por la ventana. Casi sin tomar en consideración lo que está pasando (sobre todo si el libro es bueno).
     
    Ayer, mientras estaba leyendo mi librito (Freakonomics, de Levitt y Dubner) y el avión aceleraba por la pista para despegar en Santiago con rumbo a Lima, repentinamente el piloto aplicó los frenos.
     
    Bruscamente. No sé qué velocidad alcanza un avión durante el despegue, ni qué porcentaje de la pista ya habíamos avanzado, pero la frenada se sintió fuerte. Ya íbamos rápio-rápido (yo diría que a punto de despegar), cuando se escuchó el rugido de los motores y se sintió la sacudida de la desaceleración. Más fuerte que en los típicos aterrizajes en pista chica de pueblo idem. Peor aún: en los aterrizajes uno está esperando el sacudón del freno. Yo en este caso iba sentado leyendo en estado de total relajo. Obviamente mi libro pasó a segundo plano instantáneamente. Y empezaron a volar en mi cabecita las tesis de cuál sería el problema y qué pasaría.
     
    Sabiendo que los momentos más críticos del vuelo son el despegue y el aterrizaje, no era muy difícil que el asunto pasara a mayores. Afortunadamente el avión logró detenerse dentro de los márgenes de seguridad y vovler carreteando al edificio del aeropuerto. Después de unos minutos, el piloto explicó que en pleno despegue se les había encendido una alarma así que optaron por abortar. Buena cosa. Si el avión iba a tener un problema, mejor que fuera en tierra y no a no sé cuántos metros de altura. Tras unos veinte minutos, se nos hizo bajar del avión y abordar otro de reemplazo. Cuento corto, salimos dos horas después de lo programado. Cuento largo, perdí mi conexión en Lima. Así que ahora estoy, por cortesía de Lan, hospedado en el Ramada del Aeropuerto de Lima. Otro lápiz de hotel más para la colección.
     
    Ni modo. Más vale perder una conexión que algo más importante. Al fin y al cabo, igual voy a llegar a Arequipa. Horas más, horas menos, da lo mismo. Afortunadamente, los ágiles de Lan son bastante competentes y preocupados. Incluso al llegar a Lima me estaban esperando y todo.
     
    En resumen, una anécdota más que agregar a los viajes del año. Algo que no pasó a mayores. Con su cuota de susto en el momento, pero -afortunadamente- nada más.
    11/17/2008

    Junta

    Hace algunos días compré el último libro de Francisco Mouat (autor, entre otros títulos, de Chilenos de Raza y de Crónicas Ociosas, y quien, junto con Juan Pablo Meneses y Sergio Paz, es de los más destacados exponentes de lo que yo llamo la crónica urbana contemporánea): La Vida Deshilachada.

    Este conjunto de breves notas publicadas por Mouat en la Revista Sábado de El Mercurio cubre una variedad de tópicos y situaciones. Como de costumbre, está bien escrito, y deja en claro que el autor es un tipo que siente lo que escribe. Como quien dice, le pone corazón a sus letras. Pero el objetivo de este post no es hacer crítica literaria ni mucho menos: hay personas mucho mejor preparadas que yo para reseñar La Vida Deshilachada (pero si les gusta el periodismo en primera persona, capaz de mostrar algunas pinceladas de lo que es nuestra sociedad actual, y bien escrito, no puedo dejar de decir: vayan y cómprenlo).

    Como sea, en la página 225 del volumen aparece una crónica titulada Libro de Clases. En ese artículo, Mouat repasa algunos recuerdos de su época escolar, una novela de Vargas Llosa (Los Cachorros),  y la sana costumbre del curso de su padre de reunirse sagradamente todos los años.

    Como alguien muy sabio dijo por ahí, todo fluye. Leí ese relato el día jueves pasado, justo a tiempo para asistir a mi primera reunión con mis ex compañeros de colegio. La primera en veinte años. En el pasado se hicieron otras, pero por diversas razones no pude asistir, o simplemente ni siquiera me enteré. Planificada para el sábado, a través de facebook, en la parcela de una compañera en las afueras de la ciudad en que crecí.

    En veinte años he mantenido contacto ocasional con un par de compañeros del colegio. Algunos llamados telefónicos, emails, incluso un café de vez en cuando con uno, o ir a conocer el bebé recién nacido de otra. Pero nada más. Del grueso del grupo, nada. Encontrarse con alguno casualmente en una vereda de Santiago o en un Mall, pero nada más.

    La verdad sea dicha, mi relación con mi curso no era de las mejores, lo cual es fácilmente entendible. Durante mis años de estudio jamás me caractericé por mi simpatía personal, mi empatía o mi solidaridad académica. Ahora, más viejo, he aprendido a ser empático, y a maquillar un poco las cosas antes de decirlas… pero a los 16 años era un pendejo de mierda que decía las cosas tal y como las pensaba en ese entonces, sin ninguna clase de consideración ni filtro. Todas verdades absolutas para ese entonces. En fin. Por algo se llama adolescencia. Y yo adolecía de criterio.

    Así las cosas, el sábado iba en un bus rumbo a mi pueblo para volver a encontrar, por vez primera, a varias personas con las que compartí un período importante de mi vida. Mis expectativas, para ser honesto, no eran de las mejores: cuando más aspiraba a tener un buen rato de conversación con los dos o tres más cercanos, copuchar un rato con el resto, y retirarme a una hora prudente.

    Pero, como ya dije, todo fluye.

    Poco a poco comenzaron a llegar los ex–compañeros y ex-compañeras. Los abrazos y los apretones de manos dieron paso a las cervezas, la comilona bien regada y el desfile de anécdotas de esos años, matizadas con las actualizaciones al presente: matrimonios, hijos, separaciones, viajes, trabajos y todos esos resúmenes en los que uno puede sintetizar lo que ha vivido. Obviamente, complementado con la calidez de la noticia inmediata: el embarazo vigente, el matrimonio reciente…

    Todo escuchado con honesta atención. Con risas sinceras, con más abrazos, y con más conversación. Al cabo de unas horas ya había tenido oportunidad de hablar prácticamente con todos, y me sentía en paz conmigo mismo: de alguna manera, toda la pesadez que yo tuve para con ellos en esos años se iba –lenta pero inexorablemente- diluyendo. Mal que mal son veinte años, y yo hoy por hoy soy otra persona, con otros defectos (o quizás con los mismos, pero más controlados).

    La junta siguió su camino. Las tallas siguieron, las fotos de rigor, seguimos comiendo (y tomando), algunos empezaron a hablar más estropajosamente que de costumbre, escuchamos música de esos años –que a su vez trajo aún más recuerdos-, y yo a cada momento me sentía más emocionalmente recargado. No tengo una explicación racional, ni argumentos que lo justifiquen, pero me sentí bien en ese grupo. Por primera vez, veinte años después, me sentí parte de. Raya para la suma: saldo completamente positivo. Una tarde de sábado excelentemente bien invertida.

    Todo fluye. La vida te va llevando, y te da las oportunidades para ir corrigiendo. En este caso, todo fluyó. Por lo que dijo uno de los ex–compañeros al momento de irse, yo figuré como co-autor intelectual de la junta. Enhorabuena. Pero el mayor mérito es de quien puso la casa y de quien recaudó los fondos e hizo las compras (los nombres no serán revelados para proteger a los inocentes). Yo solo comenté en facebook que deberíamos juntarnos en tal fecha. Y nada más. Pero como una cosa lleva a la otra…

    Yo… doy las gracias. A los que fueron. A aquellos con los que tuve la oportunidad de conversar. A quienes hablaron desde el corazón, desde la empatía, desde el cariño. No tengo palabras para expresar lo bien que me sentí en esta compañía, lo bien que me hizo el compartir esas pocas horas. Espero que volvamos a reunirnos. Espero tener la oportunidad de volver a disfrutar de un tiempo con este grupo. Espero volver a ver a varios antes de veinte años. Antes de un año. Antes de un mes. Almuerzos, happy hours, cafés (con o sin piernas), la excusa que sea. Total, todo fluye.

    ¿Y la vuelta a Santiago? Ese trayecto da para otro posteo. Pero en otra categoría. Quizás algún día. Si me recupero de la impresión. DSCN0572
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    7/27/2008

    Mientras tanto...

    Ha pasado bastante agua bajo el puente. Por temas laborales, he pasado una buena cantidad de días fuera de Santiago, y no precisamente con mucho tiempo para escribir. Pero eso no detiene el pasar del tiempo ni que ocurran cosas.

    En primera, conocí Sao Paulo, urbe gigantesca si las hay (y hasta publiqué algunas fotos de la Avenida Paulista por aquí). Detalle negativo de la primera visita, me robaron el celu. Mi viejo Sony Ericsson W600i, recién revivido tras más de un año en panne, se fue en las manos de un ciclista/lanza por la Rua Augusta (así que quienes quieran mantener contacto, favor re-enviarme sus números de teléfono móvil). Y bueno, lo material siempre se recupera (nota al margen: en mi tercera visita vi la misma situación desde la perspectiva del testigo, cuando un par de tipos en bicicleta le quitaron el móvil a una dama en plena Paulista a eso de las ocho de la noche). Dentro de lo positivo, impresionado con las librerías de la ciudad: Livraria Cultura y FNAC no tienen nada que envidiarle a una Barnes and Noble o a una Border's gringa. ¡Y los precios! Engrosé mi biblioteca con varios volúmenes y revistas (claro que en portugués), como Persépolis.

    Y cumplí 36 años. Y entre los regalos, me llegó un CD buenísimo de MPB (Música Popular Brasileira): América Brasil, de Seu Jorge (acá va mi track favorito: Burgesinha
      boomp3.com).

    Y tuve oportunidad de recorrer un poco más de Sao Paulo, yendo al parque de Ipiranga, donde están el Museo de Zoología y el Museo Paulista. Más allá de la evaluación de los museos en sí (a los que los santiaguinos Museo de Historia Natural y Museo de Historia Nacional no tienen nada que envidiar), lo más destacable es la cantidad de gente en los museos: llenos. Fila para entrar, mucha gente recorriéndolos, ¡un gusto! Y acá en Santiago, en los museos el público brilla por su ausencia.

    Y tuvimos el evento de los 70 Años de Superman en la Biblioteca de Santiago. Y mis expectativas fueron ampliamente superadas. En el momento peak, tuvimos doscientas personas en el auditorio. Y eso, para un evento organizado por aficionados, es harto. Y fue una fiesta... la gente disfrutó, se tomó fotos, aplaudió, opinó, y preguntó si seguíamos al otro día. Y llegó disfrazada, con poleras.

    Y fui a ver Batman: The Dark Knight. Y a riesgo de ser tildado de fundamentalista, no me gustó demasiado. La encontré treinta minutos muy larga. Y demasiado fantástica: las hazañas caóticas del Joker son imposibles, incluso en el contexto de la película de un playboy millonario que se disfraza de murciélago en las noches y sale a combatir el crimen. Con semejante capacidad logística, el Joker no habría sido delincuente: habría sido candidato a algo. Presidente, o qué se yo. O estaría trabajando para Cortázar, resolviendo los líos del Transantiago. Aunque reconozco el -a estas alturas lugar común- que Ledger se sacó los zapatos para interpretar a un Joker completamente desatado, lleno de tics, que inspira a partes iguales risa y terror.

    7/14/2008

    CeroUno de Julio en kioskos

    cubierta_08 Como vengo dando la lata hace meses, me estoy convirtiendo en una suerte de colaborador asiduo a la revista local CeroUno, entretención digital, orientada al cada vez más creciente público consumidor de tecnología, videojuegos, gadgets y esas vainas.

    El número 8, correspondiente al mes Julio, recién salió a kioskos, a módicos $1.990, por lo que pueden correr e ir a comprarla.

    Mi colaboración para este mes (que aún no veo en su edición final) es sobre la evolución del joystick, desde el control del Pong y el control del Atari 2600, hasta los controles sensibles al movimiento como el de la Wii, incluyendo algunos controles raros como la caña de pescar, las maracas, y el eye-toy.
    cubierta_07 En el número 7, correspondiente al mes de Junio, contribuí con un ranking (en co-autoría con Alejandro Alaluf, el editor de la revista) histórico de los 10 mejores juegos de carreras de autos de todos los tiempos:
    Speed Racing
    Pole Position
    Out Run
    Final Lap
    Virtua Racing
    Super Mario Kart
    Cruisin' USA
    Gran Turismo
    Burnout
    Need for Speed

    La versión final del artículo la pueden ver on-line acá.
    cerouno Y en el número 4 (Marzo) está mi primera colaboración, Partituras Electrónicas de Ayer y Hoy: un artículo que cubre la evolución de la música que ha acompañado nuestras aventuras digitales desde el simple bip del Pong hasta la música sinfónica de los últimos Final Fantasy y las enormes bandas de sonido que acompañan los Grand Theft Auto, e incluso la evolución de esta música como expresión artística, al punto de generar shows en vivo como Video Games Live!.

    El artículo completo se puede leer aquí.


    6/12/2008

    Ayer en kioskos...

    img035 Mi segunda incursión en la prensa escrita, esta vez elaborando un ranking:
    Los diez mejores juegos históricos de carreras, desde el viejo y querido Speed Racing hasta  el presente.

    (Y, encima, en co-autoría con el editor de la revista).

    En kioscos y emporios diversos a módicos $1.990.

    Opiniones y comentarios serán bienvenidos.
    5/6/2008

    Victoria aprendió a tomar fotos

    DSCN2774
    Fotografía tomada el viernes 2/may/2008 en el Museo de Bellas Artes de Santiago.
    4/29/2008

    Update fotográfico

    Victoria y Maximiliano (y tres más)
    Victoria y Maximiliano (y las Antonias Martínez y Vidal, y Emilia Carril).
    4/1/2008

    La sección elseworlds de dailyplanet.cl referenciada en Uruguay

    Báez, emperador de la república independiente de dailyplanet.cl, me mandó un dato: en un artículo publicado el 18 de enero de este año en la versión internet del diario uruguayo El País acerca de Superman, se incluyó un link a mi humilde sección de elseworlds en dailyplanet.

    El texto dice: '
    El mundo Superman (ya con 70 años de historia) es vasto y complejo, el personaje de la "S" en el pecho debió ir adaptándose al paso de las décadas y cada vez parece más difícil encontrar formas de mantenerlo fresco. Una alternativa válida y exitosa ha sido la serie "Elseworlds" (otros mundos) donde, justamente, se sitúa al personaje en situaciones paralelas, ajenas a la vida diaria en Metrópolis y a su trabajo de periodista.

    "Red son", publicada en 2003, propone que pasaría si la cápsula que lo trajo desde su planeta natal no hubiera caído en un apacible pueblito de Estados Unidos, sino en una granja colectiva en la Unión Soviética de los años ’50, en plena guerra fría. El hijo de Kripton se convierte en orgullo de la propaganda soviética, lleva la hoz y el martillo en el pecho y lucha por el imperio comunista de Stalin contra el capitalismo americano (cuyo abanderado principal es –obviamente- Lex Luthor).

    Entre otros Elseworlds podemos destacar a "Kal", que muestra a un Superman caballero ambientado en la época medieval, o "True brit", un comic de tono humorístico que supone un hombre de acero criado en Inglaterra y al servicio de su majestad, quien le propone tareas casi imposibles como "mejorar la programación de la BBC".

    Podés encontrar mucha más información en Daily Planet, una completísima página chilena dedicada a nuestro homenajeado.

    http://www.dailyplanet.cl/?cat=11'

    El link directo a la nota acá (hay que registrarse para leerlo).

    3/18/2008

    Música y videojuegos

    Ha pasado ya una semana desde la salida a kioscos del número 4 de CeroUno.

    Varios amigos y conocidos ya me han expresado sus opiniones respecto del artículo (claro que nadie ha posteado ni un mísero comentario acá): en general, todos han suido bastante amables y han evaluado positivamente el texto.

    Para mantener el tema vigente, les dejo un video con una presentación de VideoGames Live!, uno de los shows de música de videojuegos que menciono en el artìculo.
      
    3/10/2008

    Los chicos están… más grandes

    Los años no pasan en vano. Aunque a veces me termine dando cuenta de las maneras más inverosímiles. Me explico: día a día noto que los chicos crecen, tanto en tamaño como en habilidades, lenguaje, destrezas, personalidad, actitud… pero hay detalles que denotan crecimiento que no dejan de ser sorprendentes.                

    El sábado estaba en la feria chilena del libro, buscando el último de tres libros entretenidos que le pidieron a Victoria como parte de la casi-infinita lista de materiales para el año (¿habráse visto definición más ambigua que libros entretenidos? ¿qué diablos es eso? Porque yo encontré de lo más entretenido el Señor de los Anillos, pero creo que si la mando con ese libro al cole me lo tirarían por la cabeza…).

    El punto es que estábamos en la librería aquella, buscando el tercer título. En eso, veo en una repisa un libro de Lazy Town (explicación para los adultos sin hijos: Lazy Town es una serie de televisión, creada por un ex campeón de aeróbica de Finlandia o Noruega, que transmiten en el Discovery Kids, y que incita a los niños a tener una vida sana, hacer deporte, y alimentarse balanceadamente con frutas y verduras en vez de golosinas. Si al tipo que inventó esto no le han dado el Nobel, el Pulitzer y el Wurlitzer, lanzo inmediatamente su candidatura). Ver el libro y preguntar hija, ¿y qué tal éste de Lazy Town?, fue una misma cosa.

    Lo que no me esperaba ni por asomo fue la respuesta: no, papá, ¿no ves que lazy town lo dan el discovery kids? Ahí acabé de enterarme que el grupo social del que mi pequeña hija forma parte ya declaró ciertos contenidos televisivos como para niños pequeños. El canal de TV por el que hinchaba y moría apenas un par de años atrás ahora es para niños chicos. Ahora ella ve Jetix o el Disney Channel. Y, por propia confesión, si en esos canales no dan nada bueno, no pasa por el Discovery Kids: simplemente apaga la tele.  

    Y pensar que hace apenas tres años, me tenía cantando canciones de Barney… las mismas de las que ahora reniega.

    (Por transitividad, Maximiliano comparte la evaluación de su hermana: pese a estar en Pre-Kinder, el tampo quiere ver esos programas... para niños chicos).

    3/6/2008

    Comienza la temporada escolar (II y final)

    DSCN2734 No hay primera sin segunda. Tal como a Victoria hace dos años, hoy le tocó a Maximiliano  su primer día de clases propiamente tal: su primer día de Pre-Kinder.

    Digo propiamente tal porque, a diferencia de su hermana (cuya primera salida fuera de casa fue directamente al Pre-Kinder), él participó el año pasado del Jardín Infantil del Colegio, así que ya está un tanto curtido en las lides de interactuar con otros niños, compartir una sala de clases, y estar bajo las órdenes de dos tías.

    Las únicas diferencias notorias con respecto del año pasado son el cambio de sala, y el que este año tiene que usar el buzo del colegio (y ya no ir vestido con ropa de calle).

    Así las cosas, esta mañana don Maximiliano se reunió con nueve de sus compañeritos (algunos nuevos y otros que ya conocía del año pasado), los que junto con los diez enanos que tienen su primer día mañana, suman los veinte alumnos de este Pre Kinder 2008. Sumando los años, y si todo sigue su curso normal, terminarán Cuarto Medio en algún momento del 2021 (¡y yo estaré próximo a cumplir los 50!).

    Afortunadamente, Maximiliano no se preocupa de estos menesteres. Es más, yo creo que ni siquiera tiene conciencia de la travesía que está empezando. Para él, el solo hecho de ir al Colegio es entretenido, tiene amigos, juega, realiza actividades, lo pasa bien. Lo que aprende... termina siendo un efecto lateral del proceso. Y así es como debería ser todo el proceso educativo: educación disfrazada de entretención. Aprender sin darse cuenta...

    3/5/2008

    Comienza la temporada escolar

    Dos años atrás comentaba acá el primer día de clases de Victoria, cuando enfrentó por vez primera el colegio en su primer día de PreKinder (con sangrado de nariz y todo).

    El tiempo no pasa en vano. Y, en la vida de Victoria, dos años equivale a poco menos de un tercio de su vida. Un tercio de su vida la ha pasado yendo al colegio (¡y eso que todavía le faltan doce años!). Como sea, hoy la acompañé a su primer día de clases en Primero Básico. Varias caras de los últimos años se repiten, otras no, pero la regla general es la misma: las caritas de bebés que solían aparecer en las mañanas ya no están: ahora son caras de niños y niñas, con opiniones, comentarios, ideas... pequeñas personas que crecen y, cada vez más, se van acercando, lentamente, a quienes serán de grandes.

    Ya no están en el primer piso del colegio: ahora son grandes, están en el segundo piso. Ya no es una sala de jardín infantil: ahora es una sala de clases, con mesas y sillas. Ya no usan buzo: ahora es uniforme, con faldita y todo. Se vienen desafíos interesantes: otro esquema de clases, notas, evaluaciones, asignaturas.

    Conociendo a mi chiquilla como la conozco, sé que le tomará un poco de tiempo el adaptarse al nuevo esquema, estará incómoda al principio, y luego se sentirá como pez en el agua. Por lo pronto, sólo queda alegrarse por el comienzo de una nueva etapa (y por el entusiasmo y el ansia con los que ella misma estaba esperando este día).
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    3/1/2008

    Toda historia tiene un comienzo (III y final)

    Pero sigamos con la historia. En puertocero publiqué un total de veinticinco artículos, en los doce meses que corrieron entre Septiembre 2003 y Agosto 2004. Después de los tres artículos del post anterior, escribí sobre el mundo de Matrix; un par de crónicas turísticas (destinos de vacaciones, lo bueno del centro de Santiago); críticas de videojuegos (GTA Vice City, Gran Turismo 3, Final Fantasy y R-Type Final); sobre películas (la trilogía de Star Wars, Kevin Smith, Big Fish, Kill Bill y Batman The Movie, la de Adam West y el bati-repelente de tiburones); acerca de música (el difunto Joey Ramone y su versión de What a Wonderful World, rock latino de los ’80, Nobuo Uematsu y tecno ochenteno); algunas columnas del mundo laboral (maestros, padawans y pequeños saltamontes; resilencia; y pedir disculpas); y, para terminar, un especial con tres artículos relacionados con el hombre de acero: el mito, la música, y Smallville Season One (todos estos artículos están perdidos en un respaldo que Mr. Carrillo tiene guardado en su casa. Esperemos que algún día se apiade de mí y me envíe una copia).

    En lo que a blogs respecta, en geocities alcancé a publicar once artículos, en blogspot apenas cuatro, y acá ya superé los ciento treinta (la temática siempre ha sido la misma: películas, videojuegos, y opiniones personales).  

    En dailyplanet, además de los veintiún artículos sobre elseworlds, he publicado otros cinco (tres en la categoría enciclopedia, una noticia, y una reseña).

    En desenfocados, trece artículos más, sobre temas tan variados como Harry Potter and the Deathly Hallows; las películas Superman Returns, Hollywoodland, Alvin y las Ardillas, Love in Time of Cholera y Enchanted; las sagas de comic Planet Hulk, World War Hulk, y Green Lantern: Rebirth; la super-caja de DVDs de Superman; la peli directo a video Superman/Doomsday; y John Byrne

    Raya para la suma: doscientos once artículos en cincuenta y cuatro meses (lo que da un promedio redondeado de cuatro artículos al mes, o uno a la semana). Analizando con un poco más de profundidad, durante los últimos meses hay un promedio de 800 palabras por artículo (con un mínimo de 172 y un máximo de 1486 palabras). Así que, si se extrapola este promedio al total de artículos, ¡resulta que he escrito la friolera de 167.810 palabras! (lo que, según entiendo, alcanzaría para una novela de unas 500 páginas).

    Con ese volumen de artículos (y palabras) en el aire, hace cosa de un mes se me antojó escribir algo más grande, más voluminoso, más –si se quiere- ambicioso. La pregunta que vino a continuación fue ¿y dónde lo posteo? ¿en mi blog? ¿en desenfocados? (en dailyplanet ni hablar, pues está completamente fuera del tópico del sitio). Claramente ambas eran alternativas válidas… pero, ¿por qué no intentar algo distinto? ¿algo, digamos, no electrónico?  

    (Un paréntesis oportunista en la historia: unos cuatro atrás meses me compré el primer número de una nueva revista chilensis: cerouno. En un punto intermedio entre la wired gringa y la muy interesante local, es –extrañamente- un medio original, no una franquicia de una revista foránea, donde se habla del mundo digital, la tecnología, gadgets y otras yerbas afines).

    Como es mejor tener amigos que plata, ni corto ni perezoso le comenté a uno de mis amigos periodistas relacionados con la mencionada revista cerouno cual era el proceso para enviar o proponer un artículo a la revista. La respuesta fue simple: mándale un email al editor. Así que eso hice. Mandé un mail, pimponeamos un poco, escribí mi artículo, lo envié, y me senté a esperar el veredicto del omnipotente editor, el que me sería entregado algunos días más tarde.

    ¿Qué alternativas existían? Solo dos. La primera, que el artículo fuera rechazado, con lo que simplemente lo podría publicar en mi blog o en otro lugar, sabiendo que no había “dado la nota” para una publicación “formal”. La segunda, que lo aceptaran (con reparos o sin ellos) y lo publicaran… ninguna de las alternativas era mala, y el mejor escenario incluía mi nombre impreso en letras de molde. 

    Cuento corto, el próximo número de cerouno contendrá mi debut en formato impreso. Mi primer artículo publicado (unas 1500 palabras) en una revista propiamente tal, no gratuita, por la que algunas desembolsan un par de morlacos para leer.

    Así que estén atentos. En los próximos días (obviamente avisaré por esta vía) estará en kioscos el número 4 (marzo-abril) con un artículo firmado por su servidor.

    2/25/2008

    Toda historia tiene un comienzo (II)

    (Otro paréntesis: muchos años antes, entre 1984 y 1988, participé en el Taller de Periodismo de mi colegio en Quilpué. Ahí las notas eran anónimas, y nada más interesante que la entrevista al dueño del kiosco, y en ese caso yo era parte del comité editor, así qué básicamente todo lo que escribía (en una de las suaves máquinas de escribir de la biblioteca del colegio) se imprimía vía mimeógrafo y se publicaba para la lectura del público escolar). 

    Pero volvamos al 2005. Terminado puertocero, me quedé –literalmente- sin tribuna. Mi primer website, en geocities, llevaba ya varios años muerto, y no era precisamente dinámico. Lo escribí de una tirada, por allá por 1998 (con el objetivo de aprender los rudimentos de html y practicar mi inglés escrito), sobre tópicos como la UTFSM, la Doom Patrol de Grant Morrison, y no mucho más (lamentablemente un día quise rediseñarlo y lo borré completamente. En fin). En ese momento estaba entre trabajos, y reconvertí mi espacio de geocities en una especie de blog. Luego me moví a blogspot, donde comencé a escribir con más frecuencia, y finalmente acá a spaces de msn, siempre con el título genérico Desde un décimo piso, donde trato de postear con cierta periodicidad.

    Ya en el 2006, entra Lecaros (otro amigo de comics_cl) y su ñoñolog, desenfocados. Tímidamente le pregunté si recibía colaboraciones, y me encontré con un afortunado si. Así, comencé a enviarle artículos, principalmente críticas de cine y cómics, sin ninguna frecuencia específica. Por esa misma fecha, aparece Báez y su blog pre-Superman Returns. Pasado el estreno de la película, ese blog se reconvirtió en dailyplanet.cl, donde envié, durante los primeros meses del 2007, algunos artículos aislados. Hacia fines del año pasado, Báez me asignó una sección fija (los elseworlds) donde llevo a la fecha 21 artículos publicados, todos sobre los mundos alternativos del queso azul:
    Elseworlds - Red Son - Kal - Speeding Bullets - True Brit - Distant Fires - Generations - Metropolis - World’s Funniest - A Nation Divided - Superman Inc. - War of the Worlds - The Dark Side - Generations 2 - Generations 3 - Superman Monster - Son of Superman - Last Son of Earth - Last Stand of Krypton - At Earth’s End - Yes, Tyrone, there is a Santa Claus

    Así, tengo mi apetito por escribir dividido entre tres espacios: dailyplanet para todo lo que está relacionado con Superman, desenfocados para las ñoñerías comiqueras y de cine, y Desde un décimo piso para todo lo que no califique en alguna de las categorías anteriores, desde la muerte de Bobby Fischer hasta la última serie de TV que estoy viendo, pasando por devaneos como éste (y, por supuesto, la publicación de fotografías recientes de Victoria y Maximiliano para que las amistades que están lejos vean como crecen estos niños, oiga). En eso estaba yo inocentemente cuando se me ocurre buscar en la red una canción. Una canción muy específica, de un juego de Dreamcast (la última consola Sega, que pretendió competir contra la PS2, la XBox y la GameCube con desastrosos resultados, tan desastrosos que Sega ya no fabrica consolas) llamado Metropolis Street Racer (que derivaría en el exitoso Project Gotham de XBox). Bueno, este jueguito tenía una agradable banda de sonido, en la que uno podía escoger la canción que escuchaba mientras manejaba. Y a mí me gustaba mucho una cancioncita en particular, una canción bien popera, cantada por una mujer, titulada Don’t Wait. Logré encontrarla en la red, donde me enteré además de que esa canción era responsabilidad de un tal Richard Jacques, un británico que se dedica al negocio de la música de videojuegos. Ese dato, esa canción, junto con un par de temas más de bandas de videojuegos y un poco de investigación, me dieron material para un nuevo artículo, más grande de lo que suelo escribir, sobre música y videojuegos.

    ¿Sería capaz de saltar una nueva barrera? Permanezcan en la sintonía para saberlo.

    Toda historia tiene un comienzo (un paréntesis en la historia)

    Acabo de recibir el siguiente texto vía e-mail del fundador y dueño de puertocero a modo de replica/respuesta a mi posteo de ayer:

    Victor Gutiérrez y Puertocero.
    MI COLUMNA SOBRE SUS
    COLUMNAS

    Esta es una columna sobre las columnas de Victor Gutiérrez en el extinto sitio Puertocero, que yo dirigía hace unos años. A lo menos hay dos historias  estrechamente ligadas.

    Por Nelson Carrillo Rios.

    Hace unos dias compré por fin la edición original en español de Harry Potter y Las reliquias de la Muerte. Aún no lo leo, espero el momento oportuno. Mientras eso sucede, pienso que cuando comencé a leer La Piedra Filosofal yo mismo era otra persona, y ocho años después la persona que comenzó leyendo la saga es muy distinta a la persona que la va a terminar. Eso me recuerda algo que dijo un cineasta alguna vez, que nosotros como espectadores terminamos reinventando las peliculas, y que ese es el gran fracaso de los directores, porque al final  a la gente no le importa la historia que éste les quiere contar, sino que les importa más sus propias historias al momento de ver las películas.

    Victor Gutiérrez fue el primer colaborador de esa aventura quijotesca que fue Puertocero. Atravesando una fuerte tormenta de cesantía, lo primero que hice fue agarrarme a un débil salvavidas que fue hacer un programa radial por las mañanas en la radio de mi pueblo, sin embargo lo que necesitaba era más un bote. Como sea, siguiendo con las metáforas, dicha tormenta me arrojó en una isla pequeña y con pocos recursos, no paradisiaca como en Lost. Entonces pensé en convertir dicha isla en algo más. Nace entonces Puertocero, un lugar que no es un lugar, un lugar de paso. Puertocero nunca pretendió ser un sitio web noticioso ni nada. Como mucho se parecía un poco a lo que hoy conocemos como blog. Solo era un lugar donde un náufrago de la vida podía sentarse unos momentos para planear su escape.

    Con lo anterior quise decir que el sitio lo armé solo y ello es causa de todos sus errores (aunque también de sus aciertos). Como sea, una de las primeras cosas que hice en Puertocero fue hacer una entrevista a un grupo de amigos que integran una lista de discusión. En dicha entrevista hablamos de uno de los miembros que había partido (Rolando Hermosilla) y la entrevista quedó bien interesante y mostraba el lado humano y cálido que se puede lograr con los años a través de algo tan distante e impersonal como una lista de discusión. Entonces una vez publicada la entrevista uno de los entrevistados, nuestro conocido Victor, me escribe y solicita poder participar como columnista. Claro, dije yo. No hay ningún problema. Y resulta que ese día me encontré con el columnista más puntual, metódico e imaginativo que tuve en esa época, con una sección que hoy ocupa el título de su blog: Desde un Décimo Piso.

    Rápidamente Victor hizo de su participación algo imporante para Puertocero. Porque lo que se espera de un columnista es que solo entregue su material y nada más, dentro de un limitado abanico de temas. Sin embargo, Victor participaba activamente de ese sitio apoyando cada salida, llamando desde Santiago, mandando muchos mails, y aportando con ideas para más secciones. Mr. Gutiérrez pertenece a otra línea profesional dominada por números, sin embargo sus intereses sobrepasan la sección Economía y Negocios. Leer sus columnas era leer varias revistas a la vez. Hablaba de cine, hablaba de videojuegos, sobre relaciones laborales, sobre la vida misma. Leyendo y editando sus colaboraciones conocí el Grand Theft Auto, supe sobre la palabra resilencia, y reflexioné sobre muchas cosas más. Y me tuve que poner más serio también a la hora de escribir, ya que no podía bajar el nivel ante un tipo que es un excelente lector, y que se preocupa de estar al día en muchos temas, desde los más trascendentes y prácticos hasta los más ligeros. 

    Con un colaborador así rápidamente creamos una sección interesante llamada El Coliseo, donde yo elegía un tema (citaba un hecho noticioso de contingencia exponiendo sólo los datos) y luego el equipo integrante de Puertocero (al que se sumó un tercer integrante) posteaba sus opiniones más subjetivas respecto al tema en cuestión y a lo anteriormente posteado por los demás. Más tarde inauguramos criticas musicales, de televisión, cine, etc.

    Pasa entonces lo que señalaba al principio. Al igual que un lector se adueña de un libro, o un espectador de una película, Victor Gutiérrez como columnista se adueñó de Puertocero y lo reinterpretó. Aunque seguía siendo mio, y seguía mi linea editorial, esta consideraba tanto la presencia de Victor que habría sido un sitio muy distinto si él no hubiera entrado. Ahora este adueñamiento es en ambas direcciones, ya que es posible que las columnas de Victor hayan sido muy distintas si no hubiera existido Puertocero. Eran tan parte del sitio, que hoy no puedo evitar ver su blog como un exitoso spin off. Y al igual que con la lectura de Harry Potter, Victor y yo somos personas muy distintas desde que comenzamos esta aventura de escribir en Puertocero. Finalmente sus textos y los mios  trascienden sus significados más inmediatos, y leerlos e incluso pensar en ellos nos traen a la memoria recuerdos no sólo de lo que escribimos, sino de lo que vivíamos mientras escribíamos.

    Y bueno, como pasa con todos los proyectos personales no financiados, Puertocero desapareció apenas pasó la mencionada tormenta de cesantía. Conseguí trabajo en otro lado, me especializé en otro tema y Puertocero bajó sus persianas.

    Hoy uno de los que más se acuerdan de ello es Victor, quien cada cierto tiempo insiste en que Puertocero abra sus puertas a nuevos navegantes, pero he sido yo quien no ha querido por varias razones: la primera, es que con todo lo malo que tuvo, Puertocero tenía responsabilidades profesionales: salía periodicamente, tenía un director responsable, un equipo de colaboradores (ad honorem) obligaciones eticas, y en el fondo, aspiraciones de ser un medio digital oficial y profesional (incluso tenía tarjetas de presentación y estaba acreditado en el Festival de Cine de Valdivia). Mis ocupaciones no me dan el tiempo de hacer eso hoy, y no quiero tener un sitio fantasma abandonado, pese a lo mucho que me habría entusiasmado contar con el hoy y debatir temas interesantes: me imagino algunos: el futuro político de Adolfo Zaldivar, teorias de Lost (la isla como puente espacio-temporal-dimensional), pros y contra de la marihuana, quién será la esposa de Ted en How I Met Your Mother, qué debería haber hecho un establecimiento educacional de verdad si una de sus alumnas aparece grabada haciendo un fellatio a uno de sus compañeros, porqué la rutina de Salomón y Tutututu estuvo tan mal hecha en Viña, etc.

    Afortunadamente la era del blog nos permite tener a Victor nuevamente en las pistas, llenando de bits este aparentemente pozo sin fondo que es internet. Podría seguir hablando de Victor, sobre su preocupación y lealtad como amigo por ejemplo, pero el compromiso era hablar de el como columnista. Y aunque no tengo pruebas de que él haya debutado como columnista en Puertocero (descartemos los foros y listas de discusión), me gusta pensar que éste fue uno de los sitios que lo vio nacer, y que fue un bebé bastante bastante saludable por lo demás, ya que con todo, hoy no parece tener la menor intención de dejar de escribir hasta por los codos.

    2/24/2008

    Toda historia tiene un comienzo

    El título de este post (tomado del primer teaser del infame Episode I de Star Wars) no es antojadizo. Hay un pequeño click, un cambio de estado, un logro, un objetivo cumplido que quiero contarles... pero me tomaré un poco de tiempo para hacerlo. 

    Si bien no recuerdo cuándo comenzó mi gusto por la escritura (ni mucho menos por la lectura: los libros siempre han estado conmigo), si recuerdo perfectamente el momento en que empecé a escribir.  

    (Antes, un paréntesis: en la U escribí ficción –o al menos lo intenté- en la época en que era fan de la Zona de Contacto, cuando existía en papel y era un suplemento aparte que iba con el diario los días viernes, y no solamente un buen sitio donde leer las increíbles críticas de cine de Hermes. Incluso una vez mandé un cuento, que ni siquiera salió mencionado en el correo. Escribí otra historia, breve, de ficción para un concurso en la U. No figuró ni en las tiras cómicas. También participé en un concurso de diseño gráfico. Intereses variados, que le llaman).

    El momento: Agosto 2003. Orpheus (nombre artístico de un amigo co-listero de comics_cl) parte con su e-zine, puertocero. Para la primera edición, me manda un cuestionario relativo a la muerte de Rolando, el cual respondí y fue publicado como parte de un artículo sobre comics_cl en la edición inicial de puertocero.

    Luego de eso, no recuerdo si fui yo quién le pidió a Orph un espacio, o si él me lo ofreció (Orph, plis, aclara el punto con un comentario, ¿si? Gracias): el punto es que para las ediciones de Septiembre, Octubre y Noviembre de puertocero envié tres artículos de mi autoría (englobados bajo el título genérico Desde un décimo piso, y aún encontrables en la red cortesía del hosting gratuito e imperecedero de geocities):

    el 11 de septiembre en los cómics gringos, con una larga reseña (con muchísimas imágenes) del impacto de los atentados del 11-S en el mundo de los cómics y tiras de prensa norteamericanas en los medios.

    Desert Island Discs (herencia temática de otro amigo de la época de la UTFSM: Claudio Sansanito Pérez, melómano empedernido que me enseñó algunas cosas respecto de la música), con mi selección de los diez discos que me llevaría a una isla desierta (cuatro años más tarde, la lista no ha cambiado mucho).

    Cameron Crowe, o más bien, la pertenencia a un lugar, explicada a través de una escena de una película de este director de cine gringo.

    Luego puertocero creció y tuvo hosting propio, por lo que los artículos posteriores que escribí están perdidos en el tiempo y en el espacio.

    Por primera vez escribí algo para otros. Para que otros lo leyeran. En este caso en particular, con el filtro de alguien que tenía formación profesional en el tema: un periodista. Luego de la decepción, del rechazo, de mi intento en la ficción en la época de estudiante, lo intenté nuevamente. Aparentemente lo que escribía no estaba tan mal, puesto que al editor de puertocero le gustó y publicó mis notas. Sucesivamente, cada nueva edición del e-zine llevaba un Desde un décimo piso. En una ocasión, incluso, llegué a enviar tres artículos. Estaba escribiendo. Y alguien estaba leyendo.

    Pero, como decía el tagline de Matrix Revolutions, todo lo que tiene un comienzo tiene un final. Al cabo de un tiempo (un año y medio o algo así), puertocero dejó de editarse. El pequeño espacio que tenía para opinar ante el mundo se cerraba.  

    Pero esta historia no terminaría ahí.