Victor's profileDesde un décimo piso...PhotosBlogLists Tools Help

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    11/28/2009

    Otra de fans...

    Como prácticamente todos los tipos de mi generación, mi vida se ha visto relativamente afectada por el fenómeno de Star Wars.
     
    La primera película que recuerdo haber visto en el cine, en el desaparecido Velarde de Quilpué, fue Star Wars (muchísimo antes de que se llamara A New Hope), con tiernos cinco años. La primera película que fui a ver absolutamente solo a un estreno fue Return of the Jedi, al también desaparecido cine Rex de Viña del Mar (¡en otra ciudad!). La prmera caja de CDs que encargué fuera del país fue una caja de cuatro discos con el soundtrack de la trilogía. Armé un Tie Interceptor y un X-Wing, que estuvieron colgados del techo durante años poco después de que llegué a Santiago. La primera vez que hice fila pra comprar entradas para una película antes de que abrieran la boletería fue para el estreno de las versiones especiales en 1997. Tuve esas ediciones en dos versiones distintas en VHS, Platinum (Widescreen) y Gold (Fullscreen). Llegué cinco horas antes del estreno del infame Episode I a hacer la fila para entrar a la sala, junto con Morgan y Alvaro. Tengo un sable láser de juguete, modelo Qui-Gon Jinn, colgado en el muro encima de mi cama (regalo de cumpleaños de mi buen amigo Federico hace como diez años). Y una figurita de Obi Wan Kenobi. Fui a ver Attack of the Clones a la función de las 12 de la noche el día del estreno. Y lo mismo hice con Revenge of the Sith. Cuando por fin logré tener todas las películas en DVD, apareció una edición nueva con las versiones originales, y me las tuve que comprar de nuevo.
     
    Sigo esperando que la ciencia informe que finalmente lograron desarrollar una espada láser operativa. Me río con cada referencia a Star Wars que aparece en los lugares más insólitos, y aún más con las que hace Kevin Smith en sus películas. Nos hemos despedido con amigos muy queridos y cercanos diciéndonos "Que la fuerza te acompañe". Y sí, cada cierto tiempo hago el gesto de usar la fuerza para detener una puerta apunto de cerrarse o para alcanzar un lápiz (sin éxito hasta el momento). Y mis hijos se matan de la risa y me siguen el juego cuando a la pregunta "¿quién es?" les respondo "yo soy tu padre".
     
    Si leyeron con atención, se darán cuenta que hay una película que omití: Empire Strikes Back. Esa fue la primera película que entré a ver solo a un cine, con ocho o nueve años de edad. Andábamos en Valparaíso con mi mamá, la estaban dando en el Velarde, a ella no podía interesarle menos ver esa película, así que me ofreció entrar solo y esperarme sentada en la plaza. Eran otros tiempos. ¿A pito de qué me estoy acordando de todo esto? Porque hoy al mediodía me fui a dar una vuelta a un evento relacionado con Star Wars que se realizó acá en Santiago. Los chicos de Fansolo, una agrupación de fanáticos de la saga, cumplen diez años por estos días y no encontraron mejor manera de celebrarlo que tirando la casa por la ventana en el edificio de la Telefónica. Muestras de material, naves a escala hechas a mano, cascos, disfraces, actividades infantiles, juegos de rol y, por supuesto, la proyección en pantalla gigante de la película que resultó más votada como la favorita durante los días previos al evento. Y así volví a ver, una vez más, Empire Strikes Back en una pantalla tamaño cine. Y así volví a evocar lo que sentí casi treinta años atrás cuando estaba sentado, solo, en una butaca del Velarde de Valparaíso. Y, casi de yapa, volví a sentir la piel de gallina sólo con ver el título de una película en el cine (cosa que me pasa sólo con estas tres y con... Superman, la de 1978).
     
    En definitiva, aplausos y mis agradecimientos para los chicos y chicas de Fansolo. Porque, en definitiva, estos eventos no sólo nos conectan con nuestros gustos y aficiones, sino con algunas emociones que asociamos a los objetos de nuestro fanatismo, con recuerdos, con memorias, con lugares, con pedazos de nuestras vidas. Y el poder evocar eso, aunque sea con la excusa de la ciencia ficción. es impagable.
    11/18/2009

    Glee

    gkee

    Hace un par de semanas un par de buenos amigos me comentaron que habían comenzado a ver Glee, una nueva serie de la TV gringa, y que la estaban disfrutando. No me entregaron mucha más información. Pero, en vista y considerando que son los mismos amigos que me recomendaron How I Met Your Mother y The Big Bang Theory, consideré prudente hacerles caso.

    Así las cosas, la semana pasada vi el episodio piloto de esta serie.

    ¿De qué va? Típica secundaria gringa, con los típicos grupos de todas las series de TV en que salen secundarias gringas: los deportistas que juegan fútbol americano, las cheerleaders, y el resto. En ese "resto" está un chico con look y actitud completamente gay, y una estudiante sobresaliente con aptitudes artísticas que es rechazada por todos los demás. Hasta ahí, una serie como cualquier otra.

    Entra en escena Will, un profesor de español, que se hace cargo del "Glee club" de la escuela luego de la poco decorosa salida del anterior responsable. Claro que su misión es cuesta arriba: entre todas las restricciones presupuestarias, y un grupo de cheerleaders que ha triunfado en las competencias regionales, no hay muchos recursos ni voluntad para apoyar su iniciativa.

    Pese a ello, y alentado por los éxitos que cosechó en su etapa escolar como parte de dicho club, sale a reclutar estudiantes. El resultado de la convocatoria es, por decir lo menos, pobre: un minusválido, el gay antes mencionado, la matea a la que todos odian, una afroamericana con sobrepeso y una descendiente de orientales con tendencias góticas.

     Con ese reparto, ocurre el primer milagro: casualmente escucha cantar (en las duchas, ni más ni menos) a uno de los astros del  equipo de fútbol. Y bueno, la necesidad tiene cara de hereje, y con un poco de coerción, logra incorporarlo a sus filas. Si a alguien la idea le suena como una copia burda de High School Musical de Disney, está bastante cerca. No obstante, acá los conflictos son un poco más cercanos a la realidad que en dichas películas, en tanto no tienen que pasar por el filtro de la compañía del ratón.

    Adicionalmente, los profesores tienen sus propios problemas y conflictos, los que rápidamente quedan en evidencia y aportan a la receta. Todo lo anterior, matizado con las versiones que el "Glee Club" hace de conocidas canciones pop gringas.

    El resultado final es como se puede apreciar en este video.

      

    En resumen, Glee es una serie más que recomendable para quien disfruta de la música y de las historias políticamente correctas en las que un grupo de perdedores se convierte, por la vía del trabajo duro y el talento, en un grupo de ganadores. La tendencia es clara: nerd is the new cool.

    11/1/2009

    Curvas de aprendizaje

    El término Curvas de Aprendizaje (Learning Curves) llegó a mí a través de los videojuegos. Unos cuantos años atrás, allá cuando tenía una Playstation o una Dreamcast, solía comprar revistas sobre el tema. En ellas, dentro de los muchísimos factores de evaluación de cada videojuego (que incluyen la parte gráfica, lo entretenido que es, la ambientación, el argumento, y mucho más), se incluía la Curva de Aprendizaje.
     
    ¿Curva de Aprendizaje? ¿Acaso se necesita aprender a jugar videojuegos? La respuesta es si. En el principio de los tiempos, cuando todo se reducía a Space Invaders, Pac-Man y Rally-X, este aprendizaje tomaba apenas un par de minutos, lo suficiente para manejar una palanquita y, a lo sumo, un botón. Pero, con el paso del tiempo la complejidad de los videojuegos ha aumentado considerablemente, y hoy un control estándar tiene la friolera de dos palancas y más de diez botones. Además, las historias son más complejas, y lo que se puede hacer dentro de los juegos también. Tomemos por ejemplo un Grand Theft Auto: se puede caminar, correr, entrar en edificios, cambiarse de ropa, tener sexo, disparar, golpear, y algunas combinaciones de lo anterior. Obviamente, lograr disparar desde un auto en movimiento no es algo fácil de hacer, por lo que para llegar a eso se requiere aprender algunos pasos previos.
     
    Volviendo al punto inicial: en términos muy simples, un atributo buscado en los juegos era el que la Curva de Aprendizaje no fuera muy pronunciada. ¿Cómo así? Muy simple de explicar con una analogía: si algo, cualquier cosa, es muy difícil de aprender desde el principio, generará frustración y la gente le hará el quite. Rápidamente los fabricantes de videojuegos aprendieron de esto, y comenzaron a producir juegos que tienen una curva de aprendizaje progresiva, no muy pronunciada, en la que el proceso de aprendizaje forma parte del juego en si mismo. Así, los God of War, Gran Turismo, Halo, Guitar Hero, Grand Theft Auto y similares, comienzan con una pequeña introducción y un trozo de juego básico, en el que se enseñan los principios iniciales, la funcionalidad mínima. Y así, poco a poco y progresivamente, a cada pequeño paso, se va entregando más información de funcionalidades, y de lo que hay que hacer. Y se aprende, bueno, jugando. Así, al cabo de un par de semanas el jugador ya conoce todos los botones, todas las funciones, y está listo para entrar en tierra derecha, en la parte de alta complejidad del juego.
     
    Lo divertido del caso es que este concepto, de las Curvas de Aprendizaje, no es exclusivo del mundo de los juegos de video. Todas las destrezas, todas las habilidades, todo lo que aprendemos en nuestra vida, está sujeto a ellas. Cada nueva tarea que aprendemos se cimenta sobre las bases de lo que aprendimos antes. La vida entera puede verse como eso, como un proceso de aprendizaje con su respectiva curva. Y cada paso que damos en el mundo del aprendizaje es eso, un paso. Un escalón. Y así debe ser, puesto que en el momento en que lo que tenemos al frente no es un escalón sino un muro, quiere decir que la curva de aprendizaje es muy pronunciada y que es posible que hasta ahí no más lleguemos en ese aprendizaje.
     
    Cada cosa nueva que aprendemos es un avance, progresivo, sobre algo que ya sabemos. Y la lógica de los procesos de aprendizaje está explícita en nuestra mente. Ejemplo de ello es el dicho "se debe aprender a caminar antes de aprender a correr". Prácticamente todo lo que aprendemos tiene un orden, una secuencia lógica, sea esto un deporte, manejar un vehículo, otro idioma, un nuevo programa en el computador. Y la curva de aprendizaje es el incremento de dificultad que conlleva cada uno de los pasos de esa secuencia. Y esta curva es determinante en el resultado final. Si es muy pronunciada -ya se dijo- espantará y, si por el contrario, tiene poca pendiente, el aprendiz se aburrirá rápido porque sentirá que no aprende nada pese al tiempo dedicado al proceso.
     
    Pasa con las destrezas físicas, con las asignaturas del colegio o la universidad, o con un programa. Cada paso a su vez. Cada escalón. Y cuando el escalón sea muy pronunciado, se debería buscar la manera de fraccionarlo en escalones más pequeños. Ejemplo: aprender a andar en bicileta. Para lograr el equilibrio, al principio, se baja la pendiente de la curva de aprendizaje por el expediente de las rueditas chicas. Después la curva se incrementará si el aprendiz quiere aprender a andar sin manos, o a hacer piruetas al nivel de los X-Games.
     
    Los colegios han sabido asimilar este concepto, y aplicarlo en buena forma. Yo lo experimento en forma casi diaria, con lo que aprenden mis hijos en el colegio, acompañándolos a estudiar, viendo cómo hacen las tareas. Los procesos formativos han cambiado enormemente desde la época en que yo fui al colegio, y se nota. La enseñanza ahora es más entretenida.
     
    ¿A qué voy con todo esto? A que, en un análisis final, no debería haber nada que una persona normal no pudiera aprender, en la medida en que la curva de aprendizaje asociada sea la correcta para él o ella. La misión de quienes enseñan, de los educadores, de los maestros (además de definir objetivos, entregar contenidos, y evaluar, dentro de una larga lista), debería ser el poder adaptar la curva, suavizándola, y eliminando los saltos bruscos. Tal como hacen los videojuegos: enseñando a jugar un paso a la vez (y si no me creen que esta es la forma correcta, pregúntenme por qué abandoné el juego de Superman Returns apenas después de la primera etapa).

    Kalfukura

    portadaKALFUKURA
    Cortesía de mi buen amigo Lecaros, recibí una invitación para asistir a la FILSA (Feria Internacional del Libro de Santiago) y al lanzamiento del nuevo libro de Jorge Baradit, Kalfukura.
     
    Tuve oportunidad de conocer a Baradit hace cosa de dos meses, en la última sesíón de los coloquios de Literatura Fantástica que organizó el Instituto Chileno Norteamericano durante el mes de agosto. En esa ocasión, junto con galletas y quesos para picar, y un buen tinto, Baradit compartió una mesa redonda con los autores Darío OssesPatricio Jara (que un par de días después salió a librerías con Quemar un Pueblo). Como moderador de la mesa, el reputadísimo Francisco Ortega (autor de El Número Kaifman). Ese día, la conversación se movió por distintos derroteros, y el par de horas del coloquio pasaron rápidamente. Escuchar a este grupo de escritores, con los que comparto más de un punto de vista y de formación, fue una experiencia interesantísima.
     
    Así las cosas, asistir al lanzamiento del nuevo libro de Baradit apareció como una excelente alternativa para una tarde de sábado, antes de partir con los niños a pedir dulces de jálogüin.
     
    Pero antes de adentrarme en el lanzamiento en si, y en Kalfukura, un poco de historia. Jorge Baradit explotó en las librerías locales el año 2007, con su primera novela, Ygdrasil. Ambientada en un futuro tecnologizado más allá de lo razonable, militares mexicanos descubren una persona sobre la cual se han realizado experimentos que han dado como resultado la fragmentación de su alma. Así de fuerte. Al año siguiene, publicó Synco, una novela ambientada en una línea temporal alternativa en la que el gobierno de la Unidad Popular no terminó el 11 de Septiembre de 1973, y en la que se logró implementar un sistema informático de control, tecnológicamente revolucionario para la época, que logró resolver los problemas de la época y transportarnos a un Chile distinto al actual.
     El lanzamiento estuvo buenísimo. Una hora de charla en la que los ya mencionados Baradit, Ortega y Osses, a quienes se sumó (en reemplazo de Patricio Jara) Jorge David, alias Dr. Zombie, entretuvieron a unos ciento cincuenta asistentes hablando del libro, de la fantasía local, de nuestros mitos, de la historia, todo como parte de una edición especial de la serie de podcast que Baradit y Ortega realizan bajo el título de Desde el Fin del Mundo (para los que quieran escuchar el show completo, el podcast del mismo está acá). Una fiesta. Jolgorio total. Reflejo claro de algo que sólo puedo imaginar: lo que siente un autor al entregar al mundo a su nueva criatura con una masa de fanáicos al frente.
     
    ¿De qué va Kalfukura? Una novela fantástica, de aventuras, la que -en palabras del autor- habla sobre "la conquista mágica de América". Baradit es, en primer lugar, un tipo arrojado. En un mes y medio parió este libro, tercer paso en su aventura en las letras. Baradit es, además, un tipo entretenido. Su participación en charlas y mesas redondas no tiene desperdicio. Baradit es, en tercer lugar, un tipo honesto: durante el lanzamiento se le preguntó el por qué había tirado toda la carne a la parrilla en Kalfukura, en vez de fraccionarla, descartando así la posibilidad de escribir una serie de libros con buen nivel de venta (acá cabe recordar que Ygdrasil se convirtió en un éxito de ventas en España, con lo que tiene e interés de ese mercado ya asegurado); su respuesta fue simplemente que así le había salido.
     
    En definitiva: ya sea por las virtudes de Baradit, por las ganas de leer un buen libro de fantasía, o -por último- por el manoseado argumento de "es chileno", les recomiendo acercarse a su librería más cercana y hacerse con una copia. No se arrepentirán. Es más, en unos cuantos años, cuando Baradit se convierta en el fenómeno mundial que está destinado a ser, cuando sus libros sean hechos películas de gran presupueso en Hollywood, cuando el tipo se radique en otro país y aparezca en la lista del Forbes como uno de los autores que más gana en el mundo cortesía de sus libros, podrán decir con orgullo "yo leo sus libros desde hace mucho tiempo", y demostrarlo, mostrando su copia de la primer edición de Kalfukura.
    10/11/2009

    Se acaba desenfocados

    ¿Cómo nos afectan las personas que conocemos, las decisiones que tomamos, los lugares en los que estamos? ¿Cómo se va desarrollando nuestra vida según estos parámetros? La interrelación entre sucesos aparentemente inconexos muchas veces es sorprendente.
     
    ¿A qué voy? A que en este momento de la vida (desde una perspectiva de lo que hago) me defino como un ingeniero al que le gusta escribir. Y esto porque en los últimos seis años he tenido distintos espacios en los que escribir. Y esos espacios, todos, han partido de un mismo origen: la lista de cómics en que participaba Rolando. Así es: los distintos e-zines o sitios web, la publicación en CeroUno el año pasado, e incluso ahora la posibilidad de publicar el libro que escribí, todo eso, ha sido a través de amigos que he hecho en comics_cl. Quién más, quién menos, en ese grupo humano virtual he encontrado más que personas con las que compartir una afición. He encontrado amigos, espacio, motivación para desarrollar una veta que estuvo largo tiempo dormida.
     
    ¿Por qué hago este análisis aquí y ahora? Porque -tristemente- uno de los e-zines a los que llegué desde comics_cl, el ñoñolog desenfocados.cl, cierra sus puertas. Mi buen amigo Lecaros baja la cortina en su encarnación actual. No más artículos. Lo que ya está arriba se quedará un tiempo, pero más pronto que tarde desaparecerá.
     
    Atrás quedan casi cinco años en los que escribí de ñoñerías varias: el renacimiento de Green Lantern, los New X-Men de Morrison, Superman Returns, la película Hollywoodland, el último libro de Harry Potter, Planet Hulk, World War Hulk, y un par de cosas más, incluída mi reseña a la peor película de la historia, Blonde Ambition. Entremedio, migraciones de plataforma, borrado masivo de artículos, y la siempre presente edición de Lecaros, abierto a recibir mis colaboraciones en todo momento y lugar.
     
    Quizás desenfocados nunca fue un sitio muy grande, popular o visitado. Pero fue un sitio con onda, donde las ñoñerías se llevaban con orgullo. Es triste, aunque entendible, que estas ventanas se cierren. Pero así es el mundo, sobre todo en el rápido negocio del internecs, donde estas quijotadas autosustentadas, que en muchas ocasiones no generan ingresos, no se pueden mantener para siempre.
     
    La vida ha sorprendido gratamente a mi yo escritor. Desde la primera columna que envié a puertocero en el 2003, hasta ahora, debo haber escrito sobre un cuarto de millón de palabras en notas varias y en mi libro (tengo pendiente hacer los números totales). He descubierto que hay gente que sigue este blog, que ya pasó las 12.000 visitas. Me han publicado tres veces en un medio impreso. Me han llegado correos de amigos a los que les llegó un correo apuntando a algún artículo que escribí. Me atreví a mandar cuentos al Santiago en 100 palabras. Un par de amigos me ha dado las gracias y se han emocionado leyendo alguna tontera que posteé en alguna parte. Y tengo terminado un libro que, quizás, se publique y venda. Todo eso, todas las alegrías que me ha dado esto de escribir, no habrían sido posibles de no existir tipos como mis amigos Orpheus (que regentaba puertocero) y Lecaros.
     
    Quién sabe qué nos depare el destino, o en qué vuelta del camino nos volvamos a encontrar. Pero independientemente de cómo o cuándo sea, será con la alegría de reencontrarse con alguien con quien se compartió algo bueno. Con alguien a quien conocí inicialmente de la manera más improbable. Porque, como decía al principio, los recovecos de la vida y los compañeros de ruta están donde uno menos los espera. Como sea, y hasta entonces, gracias, Lecaros. Fue un gusto colaborar con desenfocados. Me quedo con el mejor de los recuerdos del segundo sitio que me acogió, que me dió un espacio, que me permitió -si se quiere- alzar vuelo.
     
    10/10/2009

    Pet Shop Boys en vivo, en Santiago (otra vez!)

    Y los Pet Shop Boys volvieron a Santiago. Y pasé de no haberlos visto nunca en la vida en vivo, a haberlos visto dos veces en menos de tres años. No es malo.

    Así es: no han pasado ni tres años desde su visita en Marzo/2007 como parte de su tour Cubism, y reaparecieron con nuevo disco (el muy interesante Yes!) y una nueva gira llamada Pandemonium. Esta vez, en el Arena Santiago (me resisto con uñas y dientes a referirme al lugar con el nombre de la indigna compañía que de algún modo patrocina el lugar). Mucho más acogedor, y con mejor acústica que la Estación Mapocho. ¡Y con asientos!

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    Para comenzar, debo aclarar que las diferencias entre los dos espectáculos son numerosas. No sólo cambió la lista de canciones que interpretaron, sino también la escenografía, la puesta en escena, los elementos de apoyo, las distintas rutinas... puede ser que sigan cantando las mismas canciones clave, los hits imperdibles, pero cada show es una experiencia en si misma. Si alguien tiene claro el concepto de espectáculo audiovisual, son estos tipos.

    Como sea, todo comienza con un escenario muy minimalista, con dos cuadrados grandes, blancos, construidos en base a cubos (lo divertido es que el tour anterior se llamaba Cubism, no éste!), sobre los que comienzan a proyectarse las imágenes asociadas a los primeros temas: Hearts y Love Etc., mientras tanto Neil Tennant como Chris Lowe entran al escenario con sus cabezas convertidas en sendos cubos. Por decir lo menos, llamativo. Consistente.

    Eventualmente aparecieron más elementos, al punto que hasta el soporte del teclado de Chris Lowe se convirtio en pantalla... y su chaqueta en una bola de espejos.

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    Acá tengo que hacer una pausa aclaratoria. Hace poco menos de un mes llegó a mis manos una copia de un excelente documental llamado Pet Shop Boys: A Life in Pop. En esta película, que dura poco más de dos horas, se explora la historia de la banda, desde que eran infantes, hasta el momento presente. Si bien es un tanto proselitista, aporta información interesante respecto de la banda.

    Con esa información, por ejemplo, se entiende claramente que las imágenes que proyectan durante Always on my Mind corresponden a su pueblo, y que -al final- le cantan una canción de amor a sus orígenes. ¿Nostálgico? Quizás. Y, adicionalmente, se comprende mucho mejor el rol de Chris Lowe, que -en opinión de algunos desnformados- sobra.

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    Del disco nuevo -que, hay que decirlo, está bastante bueno- además de Love Etc., interpretaron All Over the World, Did You See Me Coming? (en mi opinión la mejor de sus nuevas canciones) y Building a Wall ("no tanto para dejarte a tí afuera, sino más para quedarme yo dentro"). Al momento de tocar esta última, la escenografía inicial se derrumba, tal y como si fuera un muro.

    Y ahí la cosa pasó a mayores. Go West, en la que ahora se proyectan imágenes de chinos, no de rusos. Se a Vida E, en versión completa (no truncada como en el show anterior). Left to my Own Devices. New York City Boy. Y en todas las voz de Tennant luce impecable. Este tipo comenzó en el negocio hace ya veinticinco años, y aparentemente no tiene para cuando parar.

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    A esas alturas toda la concurrencia ya estaba de pie bailando, saltando, gritando, cantando.

    Tennant cantaba y cantaba, y muy de vez en cuando hacía gala de su pobrísimo español, que le alcanza para decir "buenas noches" y "fabulosos" (refiriéndose al público). Y Lowe aporreaba sus teclados. Y con eso bastaba para armar la fiesta.

    ¿Puntos en contra? En mi opinión, apenas uno: hizo falta el potente apoyo vocal del tour anterior. Canciones como Suburbia y Go West sonaron más débiles por lo mismo.

    Y, además, la ausencia de So Hard. Pecado mortal. Segundo show consecutivo en que dejan fuera una de sus mejores canciones. Y que el show se hizo muy corto. 90 minutos se pasaron volando.

    ¿Puntos a favor? Las rutinas de baile en algunas canciones (memorable la pelea de la pareja en Jealousy), con la incorporación del hasta ahora impávido Chris Lowe en una secuencia, estuvieron buenísimas. Y ni hablar de la pareja de bailarinas gemelas (si es que lo eran... desde la antepenúltima fila se veían idénticas).

    Y bueno, los cubos se caían, se levantaban, se convertían en escaleras, en plataformas, quedaban colgando... Y en un giro sorprendente, aparece Tennat con una capa de rey y se pone a cantar Viva la Vida, de Coldplay. Demostrando, una vez más, que un buen tema de rock puede pasar a ser un buen tema de pop bailable.

    Para terminar el espectáculo, Being Boring: "nunca nos sentimos aburridos, porque nunca fuimos aburridores". Nunca mejor dicho. Con los Pet Shop Boys, imposible aburrirse. Y será, esperemos, hasta que vengan de nuevo. Porque seguirán viniendo. Por mi parte, esperaré escuchando sus canciones y disfrutando con grabaciones de sus otros shows en vivo.

    Quién sabe como serán las cosas de acá a tres años. Ni idea. Pero es reconfortante el saber que más allá de lo que pase, en unos años más este parcito volverá por estos lados, prodigando entretenimiento electrónico y permitiendo que uno se conecte con tiempos pretéritos, a partir de sus canciones de los '80 y los '90, y animarse con su mensaje de fondo: "los problemas volarán de tu mente, es fácil creer que permanecerán, pero no los encontrarás en tu camino". Sabias palabras. Y si un dúo synth-pop puede promover esa idea y, mejor aún, hacerla bailable, vamos por buen camino.

    9/26/2009

    Otra vez La Cuarta

    Me cuesta imaginar un hecho más doloroso en la vida de una persona que la pérdida de un hijo. El ciclo de la vida, al menos como es entendido en su modo normal, dice que uno enterrará a sus padres, y que los hijos lo enterrarán a uno. Así debe ser el mundo. Uno asume un rol en la vida, en el momento en que se decide a ser padre o madre, y busca cumplir con ese rol a cabalidad hasta el fin de sus días.
     
    Me cuesta imaginar una voz, una expresión, más asociada a los momentos de felicidad deportiva de nuestro país que la de Pedro Carcuro. El periodista de TVN nos ha acompañado en prácticamente todas las -escasas- situaciones en las que el deporte nacional no ha brindado una alegría especial. Su característico "me pongo de pie" ha trascendido más allá del ámbito deportivo y se ha instalado en el léxico popular, al igual que el "justicia divina" del desaparecido JM, Julio Martínez.
     
    Me cuesta imaginar un medio de comunicación impreso más dicharachero y festivo que La Cuarta. Los ágiles reporteros de este matutino se las arreglan para relatar con el lenguaje más coloquial posible los diversos sucesos del acontecer nacional y mundial, poniendo un tinte de humor en cada noticia que relatan. Así, todos los eufemismos locales se ven reflejados de manera, si no poética, al menos artística.
     
    ¿Qué tienen que ver estos tres puntos en una misma nota?
     
    El pasado viernes 25 de septiembre, falleció el hijo menor de Pedro Carcuro. Al día siguiente, sábado 26 de septiembre, todos los diarios del país consignaron la noticia en su primera plana, cosa esperable en tanto se trata de un hecho vinculado a un periodista conocido -y querido- en todo el país. Como era de esperarse, cada matutino lo hizo de modo fiel a su estilo.
     
    La Cuarta, una vez más, supo demostrar que es mucho más que un diario divertido. No sólo estuvo a la altura de las circunstancias, reseñando el hecho con todo el respeto que se merece, sino -más aún- lo hizo de modo tal que la noticia se convirtió en expresión de apoyo representativa del medio en sí y del sentir de, imagino, una gran mayoría de compatriotas. ¿Cómo hizo esto? Consignando el siguiente titular como noticia principal del día: "¡Fueza Pedro! Estamos contigo para que te pongas de pie". Claro. Contundente. Preciso.
     
    Una vez más me saco el sombrero ante los periodistas de La Cuarta. Una vez más han demostrado que tienen lo que se necesita, según la clásica escuela del periodismo impreso, para trascender más allá de las noticias que publican. Una vez más han demostrado que lo de ellos no es mera redacción y consignación de hechos, sino el ponerle enjundia, corazón, sentimento. Una vez más me dan argumentos para sustentar mi hipótesis de que para trabajar en ese medio se requiere un talento especial. Cualquiera puede escribir en un medio sin corazón, sin opinión, sin sentimientos. No cualquiera puede escribir en La Cuarta.
     
    9/15/2009

    Otro símbolo de los '80 que se fue: Patrick Swayze

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    Poco a poco han ido desapareciendo los mejores representantes de la cultura pop de los '80. Hace unos meses, se fueron Farrah Fawcett y el Rey del Pop.

    Ayer, tras una lucha de un año y medio contra el cáncer, se fue Patrick Swayze, quizás el más exitoso actor de esa década.

    Es posible que mi afirmación parezca un despropósito, puesto que la figura de Swayze parece irrelevante frente a monstruos de la pantalla como Tom Cruise o Mel Gibson, que tuvieron muchísimos más éxitos en pantalla no sólo en los '80 sino también en los '90. Pero ninguno de ellos, ni de los otros grandes nombres de la década, logró la apabullante figuración de Swayze con solamente UNA película: Dirty Dancing.

    Este tejano, nacido en 1952, comenzó a trabajar en cine y televisión a comienzos de esa década, pero tuvo su explosión en 1987 con ese musical co-protagonizado por Jennifer Grey. En esa película, como el bailarín Johnny Castle, Swayze se convirtió en el sueño erótico de millones de mujeres en todo el mundo, puso un hit titulado "She's Like the Wind" en los charts del mundo, y registró una línea que trascendería por más de veinte años: "nobody puts Baby in the corner".

    Todo, con apenas una película casi de clase B, un musical que rescataba unas cuantas canciones Motown de los '60 y un par de secuencias de baile algo subidas de tono. Excelente inversión para la productora, que Swayze no supo -o no quiso- explotar adecuadamente.

    Los años pasaron, y tuvo un segundo golpe de suerte entrando a los '90, con Ghost, después de la cual su coprotagonista, Demi Moore, comparó su capacidad actoral con "un refrigerador".

    Y aparentemente ese sería el final de la gran carrera de Patrick Swayze. Pero no.  

    Los años pasaron, y en el nuevo siglo Swayze siguió actuando, asumiendo roles más acorde a su edad. En 11:14 asumió un secundario como el papá de la protagonista, en una película intensa que daría pie a varias aplicaciones de la misma idea. 

    Y así llegamos al 2005, donde aparece en la comedia británica Keeping Mum, compartiendo cartelera con Dame Maggie Smith, Rowan Atkinson y Kristin Scott Thomas. Grandes nombres del cine británico, a los que Swayze se unió para interpretar básicamente lo que fue una caricatura de su personaje clásico: un entrenador de golf, americano por añadidura, que enamora a la protagonista.  

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    Y esa es una buena manera de recordar a Patrick Swayze: como un tipo que logró el éxito, que se perdió en el camino y que después fue capaz de reirse de sí mismo. Pocos tienen esa capacidad. Y nada mejor que despedirlo volviendo a ver ambas películas. Y, por qué no, escuchando una vez más She's Like the Wind.

    Quizás en su lápida puedan escribir "Nobody put Patrick in the corner".

    8/18/2009

    Todos a inscribirse

    RM Paletas - Refugios Cafetera

    Esta historia comienza con las señorita de la imagen, protagonista involuntaria de una polémica intergubernamental.

    El Instituto Nacional de la Juventud, INJUV, lanzó una campaña publicitaria para motivar a los jóvenes a inscribirse en los registros electorales y así participar del proceso eleccionario de este año. Supongo yo que los creativos que asesoraron al INJUV determinaron, tras sesudos estudios, que los jóvenes se identifican con las señoritas que atienden en los cafés con piernas, habida consideración del rol social que cumplen.

    Como no debe sorprender a nadie, el Servicio Nacional de la Mujer, SERNAM, puso rápidamente el grito en el cielo por esta imagen, la que -en su opinión- es totalmente denigrante para el género femenino. Así las cosas, la campaña tiene que modificarse y la señorita en cuestión, salir de las paletas publicitarias.

    Ahora bien, más allá de la chica del café con piernas, la campaña es pobrísima. Si con eso quieren incentivar a una nueva generación de votantes para que se inscriban, nadie deberá sorprenderse si el número de votantes en esta elección baja.

    Así las cosas, mi buen amigo Lecaros lanzó su propia campaña a través de su sitio desenfocados.cl, nada menos que con He-Man invitando a los jóvenes a votar. Chistoso, si. Pero, tristemente, mucho más efectivo que la señorita del café.

    voto1

    Como las buenas ideas son para copiarse, lancé mi propia campaña, con un tinte especial: seres malévolos invitando a votar.

    Para comenzar, el Joker, en la encarnación de Heath Ledger en Batman: The Dak Knight.

    Si semejante monstruo anarquista invita a los jóvenes a participar del proceso eleccionario, quiere decir que el Joker ve en él algo dentro de su locura.

    Si vieron la película en cuestión (si no la vieron, dejen lo que estén haciendo, arriéndenla y veanla ahora mismo), sabrán que el personaje éste cree que las personas, con las motivaciones apropiadas, pueden despojarse de todo atisbo de respeto y civilidad. Mirando a nuestros políticos, no me cuesta creer en su hipótesis, por lo que -dentro de su locura- algo de razón debe tener.

    Por lo mismo, es un sujeto serio, digno referente para invitar a la juventud a inscribirse y votar. Lo dice el Joker.

    voto2

    El segundo "rostro" de mi campaña es un poco más antiguo, y tiene un nivel de poder bastante superior.

    Darth Vader, el señor oscuro del Sith, la perdición de los caballeros jedi y mejor no sigo. Ejemplo viviente de cómo un político sin moral (perdón por la redundancia) puede manipular y convertir a un inocente jovencito en un monstruo capaz de infundir terror a planetas enteros con su sola presencia.

    Así, el lado oscuro de la fuerza también invita a votar. Claramente, es poco probable que el Imperio tenga procedimientos democráticos, pero les aseguro que si hubiera una campaña de inscripción en los registros electorales imperiales liderada por el rostro de Vader, la inscripción sería absoluta (de más está decir que el Emperador ganaría la elección con el 100% de los votos).

    Ya sabes. Si no te inscribes, puede ser que el día de la elección, repentinamente, sientas que una mano invisible te asfixia...

    voto3

    Otra cara para invitar a votar: el Agente Smith, de la trilogía Matrix. Otro que gusta del orden y el control. Y éste si que maneja información. Absoluta, total y completa.

    Quizás la estrategia del registro electoral es incorrecta. Quizás debería tener agentes como Smith y sus secuaces, persiguiendo a los jóvenes para que se inscribieran. Inscripción a domicilio. ¿Qué tal? Si un día este tipo y dos de sus comparsas llegan a tu casa a decirte "inscríbete", ¿te atreverías a decirle que no?

    voto4

    ¿Alguien se acuerda de esta simpática criaturita? El Embajador de Marte en Mars Attacks!

    Estos marcianitos, que llegaron sorpresivamente en son de paz y tomaron rápidamente control del planeta por completo, también pueden tener espíritus democráticos y, armados de sus pistolas Wenco, salir a convencer a la juventud para inscribirse y cumplir con su deber cívico.

    Claro que hay que concederles algo: son los únicos marcianos del cine que han asesinado (en pantalla) a un presidente de los USA, y -mejor aún- haciéndole creer que se dejan engatusar por todas sus frases comunes y discursos politiqueros de amistad y hermandad (cuando todos sabemos que detrás de toda esa palabrería sólo se esconde el interés personal de cada político de arreglarse los bigotes o seguir vivendo a costa de la teta del estado, como esos diputados que ya llevan... 16 años!).

    voto5

    El General Zod, villano principal de Superman II.

    Este no está ni ahí con la democracia. Su apoyo a la inscripción sería uno sólo: inscríbanse y voten por mí, para que sea el gobernante supremo no del país, sino del planeta. El sueño de todos los políticos (poder), pero expresado en voz alta.

    Y su mejor frase para el bronce: arrodíllense ante Zod. Lo mismo que quieren nuestros apreciados políticos: que los reconozcamos como elegidos, especiales, con privilegios superiores (como poder andar por la carretera a todos los km/h que se les ocurran sin dar explicaciones a nadie), ellos pretenden ser una casta superior, por encima del votante medio.

    Al menos Zod, en su programa de gobierno, es claro en los beneficios a los que uno puede optar: seguir viviendo.

    voto6

    Finalmente, otro que tiene poder. Varios poderes, encima. Telekinesis, detectar si la gente miente, curación acelerada... Sylar, el mega-villano de Heroes.

    O te inscribes, o te asesina con alguno de sus mútiples poderes... ninguno más temible que el que te abra el cráneo (mientras estás vivo y conciente). Si hay una campaña del terror para que los votantes se inscriban, esta es.

    No sé si mi campaña tenga más éxito que la del INJUV. Pero, claramente, no le irá peor.

    8/16/2009

    Se acaba geocities...

    Uno de los problemas que presenta internet -al menos para mí- es la rapidez con la que evoluciona. Para peor, yo no llevo ningún registro de los cambios que tiene ni de cuándo acontecen. Como sea, recuerdo algunos hitos de mi historia personal con la red, desde lo más reciente a lo más antiguo:
    • Mi facebook lo abrí aproximadamente en mayo del 2008.
    • Comencé a colaborar con frecuencia semanal en dailyplanet.cl en septiembre del 2007.
    • Este espacio en live.com lo habilité a comienzos del 2005.
    • Me convertí en participante oficial del desaparecido puertocero.cl en septiembre del 2003.
    • De ahí para atrás, todo está medio nebuloso. ¿Cuándo empecé a usar messenger? Me suena por ahí por el 2000/2001, pero no estoy 100% seguro. Pero si recuerdo que antes de messenger, usé el equivalente de yahoo un tiempo.
    • Antes de eso, por ahí por 1998, "hice" mi primer sitio en la red, en geocities.com.
    • Por ahí por 1997/98 hice mis primeros pedidos a Amazon.com
    • Aún antes (pero no recuerdo el año exacto) creé mis cuentas hotmail y yahoo.
    • En 1995 encargué mis primeros CDs a musicspot.com (entre ellos, la caja de la trilogía de Star Wars).
    • En ese entonces, el único browser era Netscape, y todo era muy, muy primitivo.
    ¿A qué va toda esta retrospectiva? A que hace unas cuantas semanas me llegó un correo de yahoo, avisándome que geocities.com se cierra en fecha próxima.
     
    ¿De qué iba geocities? Muy simple: un espacio gratuito en la red para que hicieras lo que quisieras con él. Cosa que hoy no tiene ninguna gracia pero, cuando sus creadores lo implementaron en 1995, era la gran novedad. Organizado por "ciudades", cada quién ponía su sitio según el tema central del mismo. A mediados de 1997, geocities era el quinto sitio más popular de la red, y se empinaba por el millón de usuarios publicados. En 1998 la propiedad de geocities se abrió a la bolsa, con la acción a 17 dólares, para rápidamente superar los 100 dólares por acción. A comienzos de 1999, Yahoo! compró geocities por la friolera de 3.570 millones de dólares.
     
    Hasta ahí, una historia espectacular. Pero luego vendría la implosión de las .com, con lo que el escenario de estos negocios en línea cambiaría radicalmente. Por otro lado, cada vez se hacía más barato tener un espacio propio en la red, ya fuera para hacer negocios o solamente para tontear. Adicionalmente, nuevos modos de comunicación como los blogs, fotologs, y el mismo facebook, fueron mermando a fuerza de geocities y el interés del público.
     
    Así las cosas, geocities se despedirá en octubre de este año.
     
    ¿Alguien se atreve a elucubrar en cuántos años más estaremos conversando del cierre de facebook?
    8/10/2009

    La vida es como las películas... ¿o las películas son como la vida?

    zack and miri

    Hace ya un buen rato que vi Zack and Miri make a Porno (2008), la ¡octava! película de Kevin Smith, pero por diversas razones no hice mi comentario en ese momento. Como más vale tarde que nunca, acá está mi humilde opinión respecto de esta cinta que, seguramente, jamás se estrenará en los cines chilenos (aunque, en este caso en particular, la estrechez de mente no es sólo nuestra. Incluso dentro de los muy abiertos de mente Estados Unidos de América hubo estados y ciudades que no permitieron que la película se publicitara debido a que la palabra "porno" era parte de su título).

    Primero, un poco de contexto. Kevin Smith (nacido en 1970 en New Jersey) es un tipo que ha construido carrera en base a películas basadas en chistes gruesos y diálogos nerd, generalmente repitiendo una y otra vez a los mismos actores (ejemplos: él mismo y Ben Affleck). Sin embargo, o por lo mismo, goza de un cierto prestigio dentro del mundo fílmico norteamericano (al punto que algunos actores de prestigio como George Carlin y Alan Rickman han participado en sus película), y es adorado por un sector de la fanaticada que lo reconoce como un igual: otro nerd igual que ellos, que pudo cumplir su sueño dorado.

    Todo comenzó con Clerks (1994), una humilde película filmada en blanco y negro -aunque no por pretensiones artísticas- sobre la poco apacible vida diaria de dos tipos que atendían un almacén y un videoclub. Esta película, que le significó a Smith el despegue profesional como cineasta, fue filmada de noche en el mismo almacén en el que él trabajaba, para así ahorrar en locaciones y decorados.

    Con varios éxitos y fracasos en el cuerpo, llegamos a esta nueva película: Zack (Seth Rogen) y Miri (Elizabeth Banks) son amigos de toda la vida. Comparten departamento, y tienen trabajos que a duras penas les permiten mantenerse a flote, Miri en una tienda cualquiera y Zack en un café-clon de Starbucks. Así las cosas, hasta que el dinero se les acaba, y se quedan sin luz, agua ni calefacción en pleno invierno. Situación límite. De esas que -supuestamente- llevan a la gente a prostituirse... o a filmar películas porno.

    Zack, que hasta ese momento era un tipo sin ninguna ambición especial, se transforma en un tipo completamente motivado por este nuevo desafío.Y no sólo eso: arrastra consigo -o convence, como se prefiera- a varios personajes en esta iniciativa. Lo que sigue es la filmación de, posiblemente, la peor película porno de la historia. Por circunstancias del destino, la película se termina filmando durante las noches, en el café en que Zack trabaja, en un claro guiño autobiográfico totalmente justificado, aunque seguramente en la vida real las cosas no fueron tan glamorosas ni entretenidas. Vaya uno a saber. Pero da lo mismo.

    Los personajes (Zack y Miri incluidos) crecen en el proceso, donde dejan de ser personas comunes y corrientes que hacen sus trabajos de todos los días, para pasar a ser partes importantes de algo mucho más grande. No voy a hacer acá una apología del porno, ni mucho menos pretender que lo que están haciendo pueda tener algún valor artístico, pero como vehículo para plantear el crecimiento que propone el director, la película porno es más que suficiente. La historia, la película que vemos, es un viaje en el que los protagonistas avanzan y crecen. Y eso, de un tiempo a esta parte, Smith lo está manejando muy bien (tengo claro que a nadie le gustó Jersey Girl pero yo sigo sosteniendo que tiene sus momentos). Ahora, como buena película gringa, tiene su final feliz y todos terminan contentos, lo que -al menos en esta oportunidad- no molesta ni aparece como una solución forzada.

    Los protagónicos cumplen a cabalidad. Mal que mal, Smith escribió esta película con Seth Rogen en mente para el papel principal. Sus personajes son totalmente creíbles, tanto a nivel de diálogos, lenguaje corporal y emociones. La película, como es costumbre en Smith, está muy bien escrita, llena de guiños y chistes que muchos otros escritores no se permiten porque no son "politicamente correctos" (los chistes, no los directores).

    Como es costumbre, además, hay una serie de cameos interesantes, comenzando ni más ni menos que por Brandon Routh, el último Superman en persona, haciéndolas de ex compañero de curso de Zack y de Miri. Y, por supuesto, uno de los imperdibles del director, su amigo Jason Mewes como Lester Cockinstuff, saliendo por primera vez de su papel del drogadicto vende hierba Jay.

    En resumen, una película entretenida para todos los públicos (a diferencia de varias otras de Smith que son más bien para su cerrado círculo de seguidores) sobre los 18 años, con mucho chiste de doble sentido y otros tantos intraducibles -muy recomendable verla con subtítulos en inglés-, y fácil engache. Completamente recomendable, y una muestra más de que Kevin Smith se está convirtiendo, lentamente, en uno de los buenos relatores de historias urbanas del cine yanqui.

    ¿Por qué? Pues, porque en esta oportunidad fue capaz de tomar una historia de su vida pesonal, agregarle ciertos condimentos, y presentarla como una historia completamente ficticia, entretenida, chistosa, logrando que el público pase un buen momento y, encima, que al terminar de verla quede con ese saborcito agradable que dejan esas películas que tienen un mensaje pero que no lo predican desde un púlpito. En este caso, la película es como la vida. Como la vida de Kevin Smith.

    7/4/2009

    No hay lugar como tu hogar

    Hoy volví a ver Bolt, la película de Disney Animation sobre un perro que se cree superhéroe. O al menos volví a ver parte de, con mis enanos, que decidieron arrendarla (junto con el concierto de los Jonas Brothers). Al final, la película termina con una cancioncita cuyo coro dice no hay lugar como tu hogar, ahí perteneces tú (si quieren entender más el contexto de la canción y a lo que se refiere, vean la película. Van a pasar un buen momento).

    ¿A qué viene mencionar esta canción ahora?

    Al concepto de hogar, al pertenecer, que para mí fueron parte de un proceso largo y complejo.

    Si retrocediera el tiempo veinte años atrás, seguramente volvería a experimentar exactamente lo mismo: por primera vez la sensación de pertenecer a un lugar, de ser parte de algo más grande. ¿Dónde? En la Universidad Técnica Federico Santa María. ¿Cuándo? Comienzos del año académico 1989. ¿Con quiénes? Claudio “Robocop” Valderrama y Rolando “Stuka” Hermosilla, en el CB-3.

    Por primera vez, luego de doce años de incomodidad colegial, encontraba un lugar en el que me sentía a gusto, un lugar propio, un lugar al que podía llamar “hogar”. Ahí tenía que estar. Aunque, ahora que lo pienso, en mi curso no todos eran como yo. Igual había grupos y subgrupos. Estaban los tops, los deportistas, los extranjeros, los del norte, los del sur, y nosotros: los nerds. Nerds entre los nerds, si se quiere. Aún dentro de ese grupo, no estaba solo. En ese momento, en marzo de ese año, descubrí que no estaba solo en el mundo. Que, si bien era un bicho raro, había otros como yo.

    Ahí comenzó mi amistad con Rolando. El primer día de clases, segundo martes de marzo, Algebra I. Comenzamos, a partir de una serie de coincidencias de nuestras historias personales, una amistad que –ni modo de saberlo entonces- duraría el resto de su vida.

    En condiciones normales, deberíamos haber sido amigos hasta por ahí por el 2050, bordeando los ochenta años de edad, juntándonos –aún- a tomar un café y tirarle migas de pan a las palomas recordando cuando podíamos caminar sin ayuda.

    Pero entró en la historia el famoso estafilococo dorado y nos cortó la amistad 49 años antes, una noche de Julio del 2001. Porque una noche como hoy, un 4 de Julio, Rolando –por fin- dijo basta. Diez semanas de batalla en la UTI fueron demasiado. Ocho años atrás, una noche como hoy, estábamos todos ahí, en la sala de espera, esperando el final de la historia. Un final que se anunció como un ominoso 80% de posibilidades de muerte cuando cayó a la UTI. Un final que tres semanas antes dijo “despídanse, porque le quedan 72 horas”. Un final que, de tanto esperarlo, de tanta falsa alarma, terminó pillándonos a todos por sorpresa.

    Luego vendría lo surrealista: el velorio, el rito de despedida, el funeral, el entierro. Con su corbata de Batman, con el resumen de su vida, con su mamá y Susana llorándolo. Algo que no tenía que ocurrir hasta muchísimo tiempo después, ocurrió.

    Y, ocho años más tarde, aún se le extraña. Mucha, muchísima agua ha pasado bajo el puente. Todos hemos cambiado, crecido, evolucionado. Ya no nos vemos tanto como antes. Nuestros caminos se han separado. Quizás Rolando nos aglutinaba. No lo sé. Yo sigo extrañando sus comentarios ácidos, sus visitas, su voz. Las empanadas juntos en El Rápido. Sus abrazos cuando llegaba a casa. Conversar de cómics y jugar Worms. Extraño la posibilidad de hablar con él. Seguramente habría destrozado la película de Watchmen, qué sé yo. Seguro que estaríamos comentando los episodios de The Big Bang Theory, y los dos nos disputaríamos el rol de Leonard. O el de Sheldon. Y así, infinidad de tonterías.

    El haber conocido a Rolando, y su amistad, es una de las buenas cosas que me han pasado en la vida. En los trece años en que nuestros caminos corrieron paralelos, compartimos muchas situaciones y momentos, desde certámenes de cálculo hasta nacimientos, pasando por decepciones amorosas, matrimonios y los omnipresentes cómics.

    Partí hablando de que no hay lugar como tu hogar y terminé hablando de un amigo que me acompañó una parte importante del camino, y que tuvo una participación significativa en cómo entré y viví una de las más significativas etapas de mi vida. A veces el hogar es simplemente eso, el lugar donde uno está con los que quiere. Y los amigos son esos que llegan para hacerte sentir en casa, aún cuando no lo estás.

    Ocho años después, aún se te extraña por acá, Rolando.

    7/3/2009

    Que quede constancia de que aquí estuvo… Constanza

    Recuerdo con lujo de detalles el momento y la situación en que mi hermana me contó que iba a ser mamá. Fue el viernes 12 de diciembre del año pasado. Yo estaba en Arequipa, en viaje por trabajo, en mi habitación en el hotel Posadas del Inca. Venía llegando de cenar, me conecté a facebook y ahí me contó.

    Pero, para que se entienda cómo sentí la noticia, tengo que contextualizar un poco en qué estado emocional me encontraba en ese momento: dañado, triste, dolido. Tratando de cerrar una etapa y de entender lo inentendible (cosa que un par de días después dejaría de aplicar: todas las mentiras fueron descubiertas y todo sería muy fácil de entender).

    En ese momento, la revelación de que mi hermana esperaba un hijo fue una luz de alegría en el camino. Si bien es cierto que hay personas que no sienten nada con estas noticias, para mí son importantes. Y en este caso, el anuncio trajo un cambio en la marea. Señalaba el final de una mala etapa, y el comienzo de cosas buenas. Cosas que pronto pasaron. Cosas como los primeros sitios migrados dentro del proyecto de transformación. Como la génesis de mi libro. Fue una suerte de epifanía, si se quiere. Fue como si el futuro integrante de la familia viniera a echarme una mano con una situación difícil.

    (Un poco tal y como hizo mi hija Victoria, cuyo nacimiento antecedió la caída de mi buen amigo Rolando al hospital por justo una semana. Durante los dos meses y poco que siguieron, en que fueron más los días de preocupación por su situación que los días en que había tranquilidad, la chicoca me dio ánimo y alegría constante para no desfallecer).

    Volviendo a este año: el tiempo fue pasando rápidamente. En la medida que el embarazo de mi hermana avanzó, y comenzaron a hacerse las ecografías y controles de rigor, se supieron dos cosas. La primera, que sería niñita. La segunda, que su ritmo cardiaco era más lento de lo esperado. Vinieron más y más exámenes y análisis, y si bien mi hermana y su marido ya sospechaban algo, todos manteníamos en alto la fe. El último mes, se la pasó en el hospital para diversos exámenes y evaluaciones.

    Cuento corto, la noche del viernes 26 nació la pequeña Costanza Gabriela.

    En otras circunstancias, probablemente Constanza habría crecido para ser una niña chispeante y graciosa. Los próximos meses los dedicaríamos a celebrar sus primeras gracias, sus avances, a disfrutar con la nueva actitud maternal de mi hermana, a molestar al padre de la criatura, y a engolosinarnos con sus ojos y risa.

    Habríamos comentado sus primeros pasos, sus primeras palabras, sus primeros destrozos, sus primeras caídas.

    Nos habríamos sentido orgullosos de su primer día de colegio, nos habríamos preocupado cuando se enfermara, la habríamos llevado al cine, y jugaríamos con ella como la sobrina más pequeña del lote.

    Frecuentemente la compararíamos con sus padres, identificando en ella los rasgos de ambos, sus gestos, su personalidad. Cada vez que sus padres se quejaran de algo malo de la pequeña les diríamos “lo que se hereda no se hurta”. También la molestaríamos, le pondríamos sobrenombres, le diríamos “pequeño insecto” o “renacuajo”. La taparíamos a besos y regaloneos varios.

    Y así, día a día, semana a semana, mes a mes ni nos daríamos cuenta como la pergenia crecería y crecería, quemando etapas, avanzando, sorprendiéndonos.

    Claro que todo eso habría sido en otras circunstancias, en las que todos damos por sentadas al momento de embarcarnos en la aventura de tener un hijo: que la criaturita vendrá sana.

    En este caso, Constanza tenía un problema en su corazoncito. Así que toda su vida se redujo a algo así como un día y dos noches. La pequeñita se fue tan rápido como había llegado, en la mañana del domingo 28 de Junio. De aquí en más, el día de mi cumpleaños se funde con el día en que la chicoca nos dejó. La felicidad de mi cumpleaños se mezclará con la pena por mi sobrina.

    Ayer, la familia se reunió para despedirla. Yo no tenía idea de que era posible bautizar a alguien en los ritos católicos después de su muerte, pero se puede. Así que fue bautizo y despedida, todo junto. Palabras sobrias, mucha pena, y decirle adiós a una niña que ni siquiera alcancé a conocer, a la sobrina que no podré tomar en brazos, a la prima con la que mis hijos nunca podrán jugar.

    La pequeña Constanza se fue, tal como los globos de Up, derechito al cielo. A juntarse con mi papá, que se fue hace ya diecisiete años. Y con mi abu, la Flori, que nos dejó hace casi cuatro. Desde arriba, este pequeño angelito velará por sus padres, les dará fuerza y sabiduría para seguir adelante, y –por qué no- seguirá cuidando de todos nosotros. Si pudo hacerlo sólo con avisar que venía en diciembre, más podrá hacerlo ahora…

    7/1/2009

    UP

    up

    Es difícil reseñar una película sobre lo que aparentemente ya está todo dicho.

    Más aún, cuando es la décima película de Pixar, una compañía que -cual talentoso atleta en el mejor momento de su carrera- logra éxito tras éxito, tanto en taquilla como en calidad artística, superándose a sí misma una y otra vez, al punto que se ha convertido en el referente obligatorio de la industria de la animación. La compañía de la lamparita ha empujado a las demás empresas del negocio y se convirtió, al cabo de 20 años de esfuerzo sostenido, en parte de uno de los conglomerados mediáticos más importantes del mundo: Disney.

    Pero no porque reseñarla sea difícil voy a dejar de intentarlo.

    Desde un punto de vista técnico, esta película –al igual que sus antecesoras Wall-E,  Ratatouille y Cars- alcanza la perfección. Cada escena, cada lugar, cada toma está construida de manera impecable, logrando un espectáculo visualmente increíble. La sola proyección del momento (repetido hasta el hartazgo en los trailers) en que la casa de Carl Fredricksen remonta vuelo suspendida de miles y miles de globos es de una belleza tal que, por sí misma, ya justifica el precio de la entrada al cine.

    La historia en si misma muestra para cuánto se atreve Pixar. Ya no es una historia de juguetes, o de animales, o de superhéroes, o del futuro, todos tópicos fáciles de asimilar para su supuesto público objetivo. En este caso, una historia protagonizada por humanos (todo lo disfuncionales que se quiera, pero humanos al fin), simple, basada en una premisa disparatada pero perfectamente apta para un público infantil. Una historia que en base a apenas tres personajes humanos, un perro y un pajarraco, construye un cuento de amistad, de crecimiento, de confianza, que enseña y emociona, que permite múltiples lecturas, que entretiene a grandes y chicos por igual, que deja enseñanzas (como las películas de monitos de antes), y que al final hace que uno termine dando gracias por el par de horas que pasó en la sala de cine.

    Pero más allá del despliegue visual, y de la historia en sí misma, hay tres aspectos de UP que me llamaron profundamente la atención:

    El primero es la similitud que tiene con Gran Torino. En ambos casos, el peso de la historia está en la relación que desarrolla un anciano americano, solo, con un descendiente oriental, que no tiene modelo paterno y está desesperado por calzar, de un modo o de otro, con el mundo al que debería pertenecer. Ambos extremos de vidas tan disímiles se juntan, se conectan, y se nutren mutuamente. Claro que en el caso de UP el objetivo final se logra con mucho menos dramatismo, como corresponde a una película infantil.

    El segundo es la excelente secuencia inicial de la película: la historia de vida de Carl Fredricksen y su esposa es contada en apenas unos minutos, sin palabras, en una demostración de la maestría de Pixar para usar el medio cinematográfico y generar emociones en el público. Puedo afirmar que he visto más de una película que, en todo su desarrollo, no emociona tanto como esa sola secuencia de Up.

    El tercero fue el 3D. Esta es la primera película Pixar que, desde su concepción inicial, fue pensada para aprovechar la nueva tecnología de proyección digital 3D. Y se nota. Y se nota. Las escenas en que se utiliza el efecto de tridimensionalidad llegan a quitar el aliento.

    Una vez más, Pixar demuestra que está en otro nivel dentro del negocio. Como de costumbre, pudo combinar hábilmente el espíritu Disney con la belleza visual y un magnífico manejo cinematográfico. Ya está claro que va a ganar el Oscar a mejor cinta animada el 2010. Pero creo que, más allá de ello, Disney debería atreverse y –tal como ocurrió con Beauty and the Beast hace casi 20 años- postularla a mejor película, a secas.

    Como si todo lo anterior no bastara, Pixar tiene alma. En una época en que las compañías son despiadadas bestias que ven al público como un simple número, ellos entienden que hay algo más allá.

    En internet circula la siguiente historia: la pequeña Colby Curtin, de diez años de edad, estaba enferma de cáncer. En abril, sus padres la llevaron a ver Monsters vs Aliens, donde la chica quedó impresionada con la sinopsis de Up. Con su salud empeorando progresivamente, su madre encargó una silla de ruedas para llevarla a ver Up el día del estreno. Como a veces ocurre con las entregas, la silla no llegó a tiempo, y cuando –por fin- la recibieron, Colby ya no estaba en condiciones de salir de su casa. La vida se le estaba acabando rápidamente. Desesperado por cumplir el último deseo de la niña, un amigo de la familia comenzó a llamar a Pixar, hasta que finalmente logró comunicarse con alguien de la compañía y explicar la situación. Al día siguiente, un empleado de Pixar golpeaba la puerta de la casa de la familia con una copia en DVD de la película (junto con un póster y peluches de los personajes). La pequeña vio la película y murió siete horas después, en compañía de sus padres. Para su madre, la película significó que su niñita se iría para arriba, al cielo, tal como la casa de los Fredricksen. Pixar no ha realizado comentarios al respecto, ni ha identificado al empleado que fue a la casa familiar, pero aparentemente es una historia verídica.

    De estos hechos es de lo que se construyen las leyendas. Y Pixar seguirá acrecentando su nombre y su prestigio. Toy Story 3 el 2010. Cars 2 el 2011. Y suma y sigue. Y todo, porque hacer animaciones computacionales parecía una buena idea para vender computadores.

    6/26/2009

    Michael Jackson: 1958 - 2009

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    Respecto de Michael Jackson se pueden discutir muchas cosas, pero hay dos hechos de la causa que no resisten ningún análisis.

    El primero, es que fue el artista pop que dominó, sin contrapesos, la industria de la música durante los '80, por lo que se ganó el merecido apodo de Rey del Pop. Las cifras son indiscutibles: Thriller, su disco de 1982, vendió 45 millones de copias en todo el mundo durante el período 83-84 (y está consignado en el libro Guiness de los Récords como el disco más vendido de todos los tiempos). En total, acumuló un estimado de 750 millones de discos vendidos para toda su producción. Y puso 13 singles en el número 1. Pero no sólo era una voz: también tenía una descollante destreza como bailarín. Y como si todo lo anterior no bastara, supo hacer del naciente videoclip su arma más potente, elaborando sofisticados videos para cada nuevo single.

    El segundo, es que no tuvo lo que se llama una infancia normal. Hijo menor de una familia obrera de Indiana, y criado bajo la estricta fe de los Testigos de Jehová, desde la infancia fue formado y entrenado para participar en el grupo musical de la familia. Los cinco hermanos Jackson, bajo el nombre Jackson Five, publicaron su primer disco cuando Michael tenía apenas 11 años. Los cuatro singles de ese disco llegaron al número uno. ¿Cómo procesa ese éxito un pre-adolescente? ¿Cómo lo hace si, además, es la esperanza para que su familia cambie de condición social?

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    Claramente no es un desafío fácil. Muchísimas veces hemos visto historias de niños artistas que terminan siendo el único sostén de su familia, por lo que son -literalmente- explotados hasta que crecen lo suficiente como para terminar el abuso, o bien la sociedad se da cuenta y toma cartas en el asunto. Pero eso pasa hoy. Cuarenta años atrás, nadie se metía, nadie opinaba, ni tampoco existían todas las teorías y herramientas de psicología infantil de las que disponemos hoy.

    Así las cosas, cuando en 1972 Michael ya tenía su primer -y exitosos- single como solista en el mercado, el adolescente ya estaba completamente desconectado de la realidad. El mundo que conocía era uno solo: la música. Producir y producir. La historia dice que su padre, Joe, era severo y estricto. Incluso violento.

    El mayor daño ya estaba hecho. Un genio musical por lotería genética, disciplina de trabajo por formación, e incapacidad de relacionarse normalmente con otros seres humanos por crianza. Pero, en ese entonces, eso nadie lo sabía. Simplemente se suponía que era parte de su personalidad, y que cuando superara la adolescencia estos problemas se resolverían.

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    Saltamos a 1978, cuando Jackson saca su primer disco como adulto, a los 20 años, con producción de Quincy Jones: Off The Wall. Pese  los siete millones de copias vendidas, Jackson seguía participando del grupo musical de sus hermanos.

    En este disco el éxito se sustentó solo por la capacidad musical del artista. Cuatro singles en el top ten, sin pasos exclusivos de baile y con videos prehistóricos. Y sin polémicas. Era un afroamericano más, con su color de piel original y el pelo ídem. Y con la sonrisa de un tipo de veinte años que sabe que está a pronto a comerse el mundo. Y así debió ser.

    El salto más grande fue en 1982, con su segundo disco "adulto": Thriller. Nuevamente producido por Quincy Jones, las canciones, los videos, y la popularización de su uso del paso de baile conocido como moonwalk lo convirtieron en un destructor imparable.

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    Eso, sin contar que participaron en este disco Paul McCartney, Eddie Van Halen y Vincent Price.

    El disco estuvo más de dos años en los rankings, siendo número uno por un total de treinta y siete semanas. Siete de sus nueve temas fueron top ten. Este disco recibió ocho Grammys. Y así sucesivamente.

    Aprovechando el impulso, en 1983 volvió a trabajar con McCartney en un nuevo single, en 1984 salió en gira con sus hermanos, y en 1985 -junto a Lionel Richie- compuso We Are The World.

    Ya era una figura mundial, rostro de Pepsi, y acá en Chile juntábamos las laminitas del álbum que tenía su nombre. Y comenzaron los rumores: que recibía tratamientos hormonales para mantener su voz, que dormía en una cámara hiperbárica, y se compró un rancho en California, en el que puso un parque de diversiones privado (quizás buscando recuperar la infancia que perdió ensayando).

    mj_bad

    Por esos mismos años comenzó su transformación estética, con su piel aclarándose cada vez más (aunque él atribuía este cambio de tono a una enfermedad llamada vitiglio).

    Recién en 1987 apareció su siguiente disco: Bad. La fórmula se repetía: Quincy Jones en producción, destreza vocal, buenos acompañantes, abundante baile y videos de primera línea. ¿La recompensa? Cinco singles en el número uno, distribuidos a lo largo de todo un año.

    Claro que Bad no tuvo el éxito superespectacular de Thriller, y vendió "apenas" un tercio de copias en comparación.

    Pero Jackson, físicamente, ya no se parecía a sí mismo. Ya había pasado a ser una caricatura, y como tal empezó a ser tratado (y apodado). Los periódicos sensacionalistas británicos lo bautizaron como "Wacko Jacko".

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    Para su siguiente disco, aparecido en 1991, Jackson definió su propio apodo: El Rey del Pop.

    Dangerous (que así se llama el disco en cuestión) no fue producido por Quincy Jones.

    Si bien el primer single (Black or White) debutó en el número uno, no estuvo ajeno a la controversia. Con esto, la imagen de Jackson cada vez era más difícil de mantener en buena forma.

    Para complicar aún más la situación, en 1992 aparecería el grunge, Nirvana, y todos lo demás, cambiando el gusto del público masivo desde la hiperproducción hacia la simpleza.

    Como si todo lo anterior no bastara (y, de nuevo, quizás tratando de recuperar la infancia perdida), Jackson se rodeaba de niños. Hasta que en 1993 fue acusado de acoso a un adolescente de 13 años. Con la imagen que tenía ante el público, el veredicto de la sociedad fue rápido y determinante. Claro que el veredicto legal no fue necesario: dos años más tarde sus abogados lograron un acuerdo, a cambio de entre 18 y 20 millones de dólares con los demandantes.

    Para tratar de limpiar su imagen, en 1994 se casó con Lisa Marie Presley, la hija del Rey del Rock. Todo el mundo entendió la jugada como una maniobra de publicidad. El matrimonio terminaría apenas diecinueve meses más tarde.

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    El precipicio se acercaba a pasos agigantados.

    Su siguiente producción, un compilatorio llamado HIStory, que además traía un disco con material nuevo, no tuvo la fuerza suficiente para empujarlo de vuelta a su posición de Rey del Pop, pese a la enorme efigie del artista qua aparecía en la cubierta del disco.

    En 1996 se casó de nuevo, con la enfermera Debbie Rowe, teniendo dos hijos: Prince Michael y Paris Michael Katharine. El matrimonio terminó en 1999.

    El 2001 publicó un nuevo disco de material original: Invincible. Tampoco logró el éxito esperado y, para peor, se edscubrió que el productor ejecutivo de Sony asociado al disco estaba involucrado a una red de pornografía. Cuento corto, Jackson terminó su relación con el sello, en medio de una guerra de declaraciones.

    De ahí en más, la larga caída. Las apariciones en público cada vez más esporádicas, tapado con mascarillas, los rumores de su rostro cayéndose a pedazos, la escena con sus hijos en un balcón en Alemania, y así sucesivamente.

    Hasta que ayer, finalmente, encontró el descanso.

    ¿Qué nos queda de Michael Jackson? Un par de excelentes discos, varios videos insuperables, y un mensaje claro: los niños-artistas deben ser prohibidos. Ningún valor, artístico, comercial, o humano, debería estar por encima del derecho de los nilos a... ser niños.

    5/22/2009

    Fanboys

    fanboys

    Para hablar de esta película (que apenas se estrenó en algunos cines en USA, y que acá llegó directo a los DVD clubs) hay que retroceder en el tiempo. Casi diez años, aun lejano 1999, finales del siglo pasado.

    Ese año, la gran mayoría de los ñoños del mundo esperábamos, expectantes, el estreno de Star Wars Episode I: The Phantom Menace. Si, la esperábamos. Desde hace años. Desde hace dieciséis largos años, para ser exactos. Veamos: Star Wars (el episodio IV, A New Hope) se estrenó en 1977. Empire Strikes Back (el episodio V) vió el mundo en 1980. Y Return of the Jedi llegó a los cines locales el día de navidad de 1983. En 1997 las tres películas se reestrenaron, mejoradas, en la gran pantalla. Pero –para todos los efectos prácticos- ese reestreno no vale. La última vez que habíamos visto una película nueva de Star Wars fue en 1983.

    Durante dieciséis años esperamos a que Lucas, otrora chico revelación del cine y ahora convertido en un mega empresario hiper millonario a costa de las licencias y franquicias de su creación, se dignara darnos una nueva película. Claro que no cualquier película. La historia donde todo comenzaba. La madre de todas las historias. Con Obi Wan Kenobi joven. Con muchos jedis, cuando estaban en el punto álgido de su poder. Nada de peleas entre ancianos y cyborgs asmáticos. Peleas entre jedis jóvenes, ágiles, acrobáticos, y nuevos villanos. Eso era lo que esperábamos. Volver a ver el “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…” en una pantalla gigante.

    No me cuesta nada regresar a esa tarde de Julio de 1999 en que estábamos con Soledad, Morgan, el Perno San Martín, Mónica e Ian haciendo la fila para entrar al Hoyts San Agustín, a la función de las doce de la noche. A las siete en punto llegamos a ponernos a la fila. Cinco horas de pie, esperando (y fue poco, comparado con los fanáticos que en otros lugares del mundo acampando por días y semanas afuera de los cines), rodeados de gente disfrazada, de tipos eufóricos, con poleras y gorros de Star Wars. Pasión nerd en su grado supremo. Todos tarareando a coro la marcha imperial. Todos entonando cánticos religiosos ewok. Hasta que entramos a la sala. Se apagaron las luces. Sonó la fanfarria de la 20th Century Fox, apareció el logo de Lucasfilm y el mundo se detuvo.

    (Si a estas alturas de la crónica no te sientes identificado ni remotamente con lo que lees, o bien crees que es una nerditud intolerable, es el momento de cambiar de página)

    ¿Qué tiene que ver todo esto con Fanboys? Básicamente… todo.

    Fanboys es una obra de amor. Es una película de y para nerds. Para ñoños de Star Wars. Una película par disfrute e identificación de todos quienes hemos visto Star Wars más veces de las que somos capaces de recordar. Una película que rebosa de referencias freak, líneas de diálogo, chistes y tonterías varias basadas en el universo de Darth Vader y compañía.

    ¿De qué va? Cuatro amigos, fans acérrimos de la saga, deciden emprender un viaje atravesando estados unidos. ¿El objetivo? Llegar al rancho Skywalker (base de operaciones principal de George Lucas) para ver el Episodio I. ¿Por qué la prisa? Porque uno de ellos tiene un cáncer terminal, y es posible que no viva hasta la fecha del estreno. Así las cosas, este grupo de dementes emprende el viaje a bordo de un furgón que tiene las mismas mañas del Millennium Falcon.

    A lo largo del camino, como es de esperarse, encuentran enemigos, amigos, y sorpresas varias. Los enemigos, representados por los aún más nerds fans de Star Trek, también conocidos como trekkies. Como esta es una película por y para fans de Star Wars, los trekkies quedan como lo que son: loosers (mi buen amigo Lecaros tendrá que perdonarme). Los amigos que aparecen son algunos conocidos/desconocidos, como Harry Knowles (acá interpretado por Ethan Suplee, el hermano de Earl en My Name is Earl) y Zoe, una amiga que acude a su rescate cuando son encarcelados por escapar de la policía local. Y las sorpresas… bueno, son sorpresas y no se las voy a contar acá.

    Como sea, estos amigos deciden enfrentar su Estrella de la Muerte y continuar su travesía hasta llegar a destino. Y ver la película. O casi.

    ¿Qué tiene de especial esta película, de ñoños, sobre ñoños y para ñoños? Bueno, si eres un ñoño de Star Wars, todo. Más allá de que a uno le guste o no Star Wars, es un fenómeno cultural. El aglutinador de toda una generación (la mía), que deliró con entrar al hiperespacio escuchando los pitidos de un R2. Así las cosas, cada cita, cada gesto (como cuando Hutch, uno de los amigos, trata de lograr que las chicas se desvistan ante él usando la Fuerza), cada cameo (Carrie Fisher, Billy Dee Williams, Ray Park), cada detalle (como el logo de la productora de los Weinstein con sonido de sables  láser), se disfrutan enormemente.

    Las actuaciones –que, obviamente, no necesitan mucho: son nerds- van bien. Los más conocidos son Jay Baruchel (el tipo de Tropic Thunder) y Sam Huntington (el último Jimmy Olsen), mientras que Zoe es interpretada por Kristen Bell (de Heroes). Nada del otro mundo. Mención aparte para los actores que tuvieron que interpretar a los trekkies. En busca del realismo, aparentemente la producción seleccionó los especímenes humanos más patéticamente patéticos para interpretarlos, y el efecto es increíble: se ven representados perfectamente en pantalla.

    Para lo que pueda servir, George Lucas mismo dio su bendición a esta película, permitiendo a los productores usar los efectos de sonido originales de la saga. ¿Y cómo no iba a bendecirla? Esta película, junto con el corto George Lucas in Love son material obligatorio para cualquier fan. Merecen un lugar con la santa trilogía, incluso más que los mismos episodios I, II y III.

    En resumen: si viste Star Wars más veces de las que puedes recordar, ve a tu DVD club amigo y agénciate una copia. No te arrepentirás.

    5/5/2009

    Inner Circle - Sweat

    1994. Marzo. Inner Circle alegraba el almanaque con esta alegre y festiva canción para comenzar el año académico.
     

    Sweat (1993) - Inner Circle
    3/23/2009

    Dos películas de autos

    En el contexto de la crisis económica global, en que los gringos se debaten entre salvar o no salvar sus compañías automotrices, tuve oportunidad de ver dos películas, absolutamente disímiles entre sí, las que –de algún modo- ilustran la relación que tienen los norteamericanos con sus autos… o al menos con los autos que fabrican ellos.
     

    La primera tiene nombre de auto: Gran Torino.

    Dirigida y protagonizada por la última leyenda viviente de Hollywood, el soberbio Clint Eastwood, es una historia humana, compleja, con sentido y mensaje, con buenos secundarios, en la que cada momento, cada escena, tiene su razón de ser.

    Eastwood es Walter Kowalski, un viejo jubilado que peleó en la guerra de Corea y trabajó en la Ford, y que tiene por mayor tesoro un Ford Gran Torino en condición prístina. Más aún: ese auto en particular fue parcialmente armado por él en la línea de montaje. Ambos (Walter y el Gran Torino) son vestigios de un tiempo ya pasado, olvidado, en que en el medio oeste norteamericano vivían gringos y no inmigrantes orientales, en que el ciudadano de a pie iba tranquilo y no vivía escondiéndose de las pandillas.

    grantorino

     Toda la película gira en torno al Gran Torino y en torno a lo que eran los USA. Lo que eran. O lo que creían ser. Porque así como Kowalski reniega de sus nuevos vecinos orientales, el a su vez es un descendiente polaco, su peluquero es italiano, y así. Al final, los USA no son sino un crisol de inmigrantes. Siempre lo fueron y siempre lo serán. Como sea, Kowalski termina convirtiendo su mala onda en una suerte de adopción para con el adolescente oriental de la casa de al lado, llevándolo por el buen camino, guiándolo, como un mentor.

    Obviamente las cosas no pueden ser fáciles y el protagonista -no olvidemos que en otra vida fue Harry el Sucio- se ve obligado a repeler la violencia con más violencia. Rápidamente la cosa se le va de las manos y no queda otra alternativa más que una solución drástica y definitiva. Al final, lo que queda es el Gran Torino, alejándose por una carretera al costado del mar, y la sensación –una vez más- de que el viejo Eastwood es uno de los grandes. Un artista. Un dotado. Un cowboy que seguirá interpretando una y otra vez el mismo papel, en distintos contextos y con distintos acompañantes, pero siempre mostrando ese lado heróico que tanto gusta al yanqui promedio.

    Gran Torino se estrenó en los cines locales el pasado jueves. Vayan y véanla. Aprovechen. Es de las últimas (si no la última) oportunidades de ver una película de Eastwood mientras el viejo está vivo. (Al terminar la película no puede dejar de recordar otra joya eastwoodiana –perdón por la palabreja-, claro que de hace ya unos diez años: Space Cowboys).

    Deathproof

    La segunda no tiene nombre de auto, pero está llena de ellos: Deathproof.

    Dirigida por el enfant terrible de Hollywood, Quentin Tarantino, es una película que nació como una humorada junto a su partner Robert Rodriguez (y que debe verse acompañada de otra cinta dirigida por este último, Planet Terror, ambas con el rótulo a Grindhouse feature).

    Como buena película tarantinesca, la historia está llena de diálogos largos y bien estructurados, pletóricos de citas a la cultura pop. Como sea, acá el protagonista –si se le puede llamar así- es Stunt Mike (Kurt Russell). Un tipo que maneja un Chevy Nova negro con una calavera pintada en el capot, que más que un auto es un arma mortal… o quizás al revés. En estricto rigor, es un auto a prueba de muerte. Un auto completamente reforzado de modo que su ocupante pueda salir ileso de cualquier accidente.

    Stunt Mike es un psicótico que elige a sus presas con detención. La primera mitad de la película es una sorpresa. La historia va por otro lado, las tres amigas, un contrato de cine, una casa en el lago, hasta que repentinamente Tarantino muestra lo que quiere mostrar. Triste final para las víctimas. Claro que –y acá es donde los yanquis muestran una vez más cómo aman a sus autos- las pobres andaban en un compacto japonés. Y así les fue.

    Dieciocho meses más tarde, Stunt Mike ya tiene elegidos sus nuevos objetivos. La segunda mitad de la película todo está más claro: ya sabemos lo que el “protagonista” quiere, conocemos su modus operandi, sólo nos falta ver cómo y cuándo despachará a las muchachas. ¿Si? No. Craso error. Estas chicas no andan en un japonés compacto. Andan en un Dodge Charger. Y no solo eso, sino que además saben conducir. Para hacer corta una historia larga, presentarán pelea. Homenajeando todas y cada una de las películas de persecuciones automotrices de los ’70 (Vanishing Point, Bullit, etc.). En la carretera, la acción no descansa

    Tarantino sabe entretener. Y, mientras llega Unglorious Basterds, esta Deathproof es entretención sangrienta, disponible en todos los buenos videoclubes de barrio (ya que estamos: otra buena de persecuciones automovilísticas es Ronin, de John Frankeinheimer). Como decía al principio: dos películas absolutamente disímiles, pero con un elemento en común: el amor que los yanquis tienen por sus autos. Dos escuelas de cine. Una sobria, otra sangrienta. Dos historias. Una humana, la otra salvaje. Pero al fin y al cabo, Chevrolet, Ford, Dodge. Y los hombres y mujeres que los conducen. Que Obama salve a Detroit. Si no por las razones económicas, por su lugar en la cultura pop.

    3/9/2009

    Watchmen

    Y… finalmente logré ver Watchmen en la gran pantalla.  Finalmente no porque me haya costado encontrar entradas para el cine o hacerme el tiempo. No. Finalmente porque empecé a querer ver esta película hace unos… diecisiete años.

     

    Si bien Watchmen se publicó originalmente en los USA por allá por 1986, yo tomé razón de su existencia en el lejano año de 1992. En esos momentos yo estaba reactivando mi afición comiquera (que databa de la infancia, protagonizada por las ediciones Novaro) y alimentándola con los únicos elementos disponibles: los cómics de la argentina editorial Perfil y los de la española Zinco. En ambas ediciones hasta el último espacio era aprovechado en secciones de información y de correos con el público. Y, en los españoles, ya le rendían pleitesía a Watchmen (de hecho la habían publicado en español en 12 números) y con cierta frecuencia aparecían notas sobre la versión cinematográfica que, en ese entonces, preparaba Terry Gilliam (Brazil, 12 Monkeys). Al tiempo después, en una de esas mismas notas, se anunciaría que Gilliam se descartaba del proyecto, no sin antes declarar que semejante historia no era viable en la gran pantalla. Todo lo anterior no hacía sino aumentar mis ganas de leer esta historia, cosa por ese entonces imposible dado que simplemente no existía en el mercado local.

     

    Si había disfrutado la genialidad de Alan Moore, con dos historias de Batman: Killing Joke, dibujada por Brian Bolland, y Mortal Clay, con arte de George Freeman. Dos relatos relativamente cortos que dejaban en claro que el barbón era un super clase. Pero de Watchmen, o de cualquier obra más “larga”, nada. Finalmente logré hacerme con V from Vendetta (con arte de David Lloyd): oscura, opresiva, anárquica, liberadora. Si esta era la reinterpretación de Moore del mundo político… ¿cómo sería su idea de los superhéroes?

     

    Avance rápido a fines de 1995. Cortesía de un dato de Rolando, la naciente internet, mi tarjeta de crédito y Correos de Chile, recibo en mi casa un sobre proveniente de los USA. ¿El contenido? Dos novelas gráficas: Hulk Future Imperfect (de Peter David y George Pérez) y… Watchmen.

     

    Por fin. La leí, casi de una sentada. Buena. Pero –en mi modesta opinión- página por página, el Dark Knight Returns de Frank Miller es mejor. Quiero decir… Watchmen es buena, excelente, atrapante, entretenida, con muchas vueltas de tuerca… pero también es demasiado pesada. Exige una lectura atenta, mucho ojo con los detalles, y varias relecturas para mostrarse en su total magnitud (eso, y leer una serie de anotaciones de los entendidos en la materia, revisando/explicando/exponiendo las simetrías de página y otros elementos de la composición gráfica que –al menos para mí- no son evidentes de buenas a primeras.

     

    Desde entonces, la he leído y vuelto a leer unas diez veces. No diré que me la sé de memoria, pero si puedo recitar algunas líneas y explicar someramente el argumento. Y eso debería ser todo lo que podría decir de Watchmen de no ser por Zack Snyder.

     

    Aparecido en 2007 con su prácticamente literal adaptación al cine de la novela gráfica 300 de Frank Miller, el año pasado anunció a los cuatro vientos que llevaría al mismo formato Watchmen. Al principio la incredulidad corrió por hectolitros. Ningún fanático del cómic creía que Snyder pudiera llegar a buen puerto con su empresa. Cuando se anunció el reparto, las cosas no mejoraron (claro que cuando vi Little Children y la manera en que Jackie Earle Haley interpretaba a un abusador de niños me quedó claro que sería un perfecto Rorschach). Hasta que comenzaron a aparecer los teasers y trailers y las fotos de producción. Y quedó claro que la adaptación era literalmente literal. Al detalle. Al punto. Riesgoso… pero posible.

     

    Y… finalmente logré ver Watchmen en la gran pantalla.  El jueves pasado, en la sala 1 del Hoyts San Agustín. ¿Puntos a favor? Se deja ver, es entretenida, está bien compuesta, no exige conocimiento previo del género o de la historia, tiene buenos efectos, buen sonido, buena música, altera la historia lo justo y necesario para permitir comprenderla, e introduce elementos de la cultura pop yanqui no presentes en la historia original.

     

    Más aún: Nite Owl en el cine es diez mil veces más cool que en la novela gráfica. Las líneas de Rorschach (sobre todo en la cárcel) sacan aplausos y risas de la concurrencia. Los secundarios no incluidos en la película para llevarla a una extensión razonable aparecen al final a modo de compensación. La estructura del cómic se respeta fielmente, incluso a nivel de composición de planos, al menos durante la primera hora. Los trozos de la historia que se evitan (Tales of the Black Freighter, el destino de Hollis Mason) no le restan potencia a la historia. Y así podría seguir enumerando puntos a favor.

     

    Pero Watchmen no es perfecta. Y no lo es simplemente por una tontería. Bueno, por dos (en mi opinión, al menos). Tontería número 1: la Sally Jupiter actual… no representa 60 años. Ni con flecos. Cero posibilidad. Y no es un tema de maquillaje: es un tema de rango expresivo de la mina que la interpreta. La mamá de Marty McFly (¿se acuerdan?) tenía 18 y 48 años en la misma película… y era totalmente convincente. Más allá del maquillaje, se movía/comportaba/hablaba como una mujer de la edad que representaba. Asimismo, The Comedian se ve bien en los Minutemen, en Vietnam, en los ’70… pero de viejo tampoco convence. Tontería número 2: si se quiere dar el efecto esperado a la escena final (tal y como en el cómic), ¿no debería contextualizarse un poco qué es The New Frontiersman? ¿O estoy tremendamente equivocado? Digo, porque si la idea es sembrar dudas sobre lo que viene después…

     

    No me interpreten mal. Son errores menores, completamente perdonables. Simplemente impiden que esta película sea una adaptación perfecta, como lo fue la de Lord of the Rings (ok, ok, tampoco lo fue: ¡las tres películas fueron muy cortas!).

     

    En resumen, vayan a ver Watchmen, tanto si leyeron el cómic como si no lo conocen ni en pelea de perros. Y disfrútenla.

    1/24/2009

    Una pérdida

    Acabo de caer en cuenta de que en el verano escribo más obituarios o notas recordando personas que han dejado el mundo de los vivos que durante el resto del año. Sólo el verano pasado desaparecieron el escritor de cómics Steve Gerber, el ex-campeón del mundo de ajedrez Bobby Fischer, el actor Heath Ledger y el también actor -y comediante- George Carlin. Todos tipos famosos, cercanos a través de su historia y su trabajo, pero lejanos en un plano personal. Muertes que uno lamenta desde la historia contemporánea, desde el arte, desde los cómics, desde la irreverencia. Muertes lamentables, pero al fin y al cabo lejanas.

    El lunes de la semana que termina me enteré, a través de facebook, de la primera desaparición significativa de este año. Y en este caso tampoco es una muerte cercana (nadie, digamos, de mi círculo directo de amigos y conocidos), pero es una muerte muchísimo más cercana que los casos antes mencionados: Marcelo Dragas.

    Conocí a Marcelo hará cosa de unos veinte años, en el movimiento EJE de Quilpué (si, sorprendentemente, en mi adolescencia participé de un grupo de iglesia). Las circunstancias en las que lo conocí fueron bastante... atípicas. Apareció como el pololo de una niña que a mí me gustaba. Y él sabía de esta situación. Quizás la mejor manera de retratarlo sería diciendo que, ya en ese entonces, tenía la generosidad y la madurez necesarias para no ser pesado conmigo... pudiendo haberlo sido, dado que sabía que a mí me gustaba/había gustado su polola. Pero no. Marcelo era especial. Un buen tipo. Siempre de buen ánimo, con una sonrisa, y -como ya dije- generoso. Al poco tiempo entré a la universidad y, con la excusa del poco tiempo disponible (para no tener que detallar de que estaba chato de las humanas conductas de los líderes del espiritual grupo-, dejé de participar, pero no sin antes invitar a EJE a una amiga, Yanella, que llevaba meses hinchándome para ello.

    Pasaron los años y no volví a saber de Marcelo ni de Yanella, ni de nadie más del EJE. Me vine a Santiago. Comencé una nueva vida. Hasta que este año, cortesía de facebook, me encontré con Yanella. Diseñadora, madre de dos hijos, casada ni más ni menos que con... Marcelo. Tal cual. Las vueltas que tiene la vida. Lo que para uno puede ser una anécdota irrelevante, puede afectar completamente la vida de otra persona (tal como una decisión aparentemente intrascendente, como tomar un avión a una hora distinta que la acostumbrada o pasar por un café, puede afectar la propia vida en maneras insospechadas). Ambos diseñadores gráficos, ella dedicada a criar los hijos, él trabajando en algo fuera de su profesión. Hablamos un par de veces con Yanella, vimos de que nos echara una mano con los diseños de un emprendimiento que estaba comenzando en ese momento con un amigo (y que ha avanzado bien poco, la verdad), y desde entonces compartimos un par de mensajes de vez en cuando en el chat de facebook.

    Hasta que el lunes en (nuevamente) facebook, me aparece que una ex-compañera de curso se incorporó al grupo yo conocí a Marcelo Dragas. Claramente tenía que ser un error de redacción. Entré al grupo. No era un error. Efectivamente... había un grupo para recordar al desaparecido Marcelo. Un rápido googleo y los hechos de la causa: trabajando como instalador de cable, el poste en el que estaba encaramado -con todas las medidas de seguridad- cedió y se le cayó encima. No me alcanzo a imaginar el impacto, la situación, todo, para Yanella. Recuerdo que la muerte de Rolando, hace ya más de siete años, nos impactó duramente... y eso que la esperamos durante varias semanas. Y Rolando no tenía hijos.

    La vida es frágil, y a veces, muy breve. Al menos Marcelo la supo vivir bien, como un buen tipo. Me habría gustado tener la oportunidad de compartir con él ahora de adulto, de haberle dado las gracias por la manera en que se comportó conmigo en aquél entonces. Ya no fue. Me quedo con el recuerdo de haber conocido a una persona que ya era una gran persona cuando aún era un adolescente. Me quedo con la certeza de que fue inmediatamente recibido en un lugar mejor. Y me quedo con la seguridad de que, desde allá, seguirá cuidando de Yanella y de sus hijos.

    Un abrazo a la distancia, Marcelo. Por acá se te recuerda con cariño.