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10/10/2009 Pet Shop Boys en vivo, en Santiago (otra vez!)
Y los Pet Shop Boys volvieron a Santiago. Y pasé de no haberlos visto nunca en la vida en vivo, a haberlos visto dos veces en menos de tres años. No es malo.
Así es: no han pasado ni tres años desde su visita en Marzo/2007 como parte de su tour Cubism, y reaparecieron con nuevo disco (el muy interesante Yes!) y una nueva gira llamada Pandemonium. Esta vez, en el Arena Santiago (me resisto con uñas y dientes a referirme al lugar con el nombre de la indigna compañía que de algún modo patrocina el lugar). Mucho más acogedor, y con mejor acústica que la Estación Mapocho. ¡Y con asientos!
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Para comenzar, debo aclarar que las diferencias entre los dos espectáculos son numerosas. No sólo cambió la lista de canciones que interpretaron, sino también la escenografía, la puesta en escena, los elementos de apoyo, las distintas rutinas... puede ser que sigan cantando las mismas canciones clave, los hits imperdibles, pero cada show es una experiencia en si misma. Si alguien tiene claro el concepto de espectáculo audiovisual, son estos tipos.
Como sea, todo comienza con un escenario muy minimalista, con dos cuadrados grandes, blancos, construidos en base a cubos (lo divertido es que el tour anterior se llamaba Cubism, no éste!), sobre los que comienzan a proyectarse las imágenes asociadas a los primeros temas: Hearts y Love Etc., mientras tanto Neil Tennant como Chris Lowe entran al escenario con sus cabezas convertidas en sendos cubos. Por decir lo menos, llamativo. Consistente.
Eventualmente aparecieron más elementos, al punto que hasta el soporte del teclado de Chris Lowe se convirtio en pantalla... y su chaqueta en una bola de espejos. |
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Acá tengo que hacer una pausa aclaratoria. Hace poco menos de un mes llegó a mis manos una copia de un excelente documental llamado Pet Shop Boys: A Life in Pop. En esta película, que dura poco más de dos horas, se explora la historia de la banda, desde que eran infantes, hasta el momento presente. Si bien es un tanto proselitista, aporta información interesante respecto de la banda.
Con esa información, por ejemplo, se entiende claramente que las imágenes que proyectan durante Always on my Mind corresponden a su pueblo, y que -al final- le cantan una canción de amor a sus orígenes. ¿Nostálgico? Quizás. Y, adicionalmente, se comprende mucho mejor el rol de Chris Lowe, que -en opinión de algunos desnformados- sobra. |
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Del disco nuevo -que, hay que decirlo, está bastante bueno- además de Love Etc., interpretaron All Over the World, Did You See Me Coming? (en mi opinión la mejor de sus nuevas canciones) y Building a Wall ("no tanto para dejarte a tí afuera, sino más para quedarme yo dentro"). Al momento de tocar esta última, la escenografía inicial se derrumba, tal y como si fuera un muro.
Y ahí la cosa pasó a mayores. Go West, en la que ahora se proyectan imágenes de chinos, no de rusos. Se a Vida E, en versión completa (no truncada como en el show anterior). Left to my Own Devices. New York City Boy. Y en todas las voz de Tennant luce impecable. Este tipo comenzó en el negocio hace ya veinticinco años, y aparentemente no tiene para cuando parar. |
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A esas alturas toda la concurrencia ya estaba de pie bailando, saltando, gritando, cantando.
Tennant cantaba y cantaba, y muy de vez en cuando hacía gala de su pobrísimo español, que le alcanza para decir "buenas noches" y "fabulosos" (refiriéndose al público). Y Lowe aporreaba sus teclados. Y con eso bastaba para armar la fiesta.
¿Puntos en contra? En mi opinión, apenas uno: hizo falta el potente apoyo vocal del tour anterior. Canciones como Suburbia y Go West sonaron más débiles por lo mismo.
Y, además, la ausencia de So Hard. Pecado mortal. Segundo show consecutivo en que dejan fuera una de sus mejores canciones. Y que el show se hizo muy corto. 90 minutos se pasaron volando. |
¿Puntos a favor? Las rutinas de baile en algunas canciones (memorable la pelea de la pareja en Jealousy), con la incorporación del hasta ahora impávido Chris Lowe en una secuencia, estuvieron buenísimas. Y ni hablar de la pareja de bailarinas gemelas (si es que lo eran... desde la antepenúltima fila se veían idénticas).
Y bueno, los cubos se caían, se levantaban, se convertían en escaleras, en plataformas, quedaban colgando... Y en un giro sorprendente, aparece Tennat con una capa de rey y se pone a cantar Viva la Vida, de Coldplay. Demostrando, una vez más, que un buen tema de rock puede pasar a ser un buen tema de pop bailable.
Para terminar el espectáculo, Being Boring: "nunca nos sentimos aburridos, porque nunca fuimos aburridores". Nunca mejor dicho. Con los Pet Shop Boys, imposible aburrirse. Y será, esperemos, hasta que vengan de nuevo. Porque seguirán viniendo. Por mi parte, esperaré escuchando sus canciones y disfrutando con grabaciones de sus otros shows en vivo.
Quién sabe como serán las cosas de acá a tres años. Ni idea. Pero es reconfortante el saber que más allá de lo que pase, en unos años más este parcito volverá por estos lados, prodigando entretenimiento electrónico y permitiendo que uno se conecte con tiempos pretéritos, a partir de sus canciones de los '80 y los '90, y animarse con su mensaje de fondo: "los problemas volarán de tu mente, es fácil creer que permanecerán, pero no los encontrarás en tu camino". Sabias palabras. Y si un dúo synth-pop puede promover esa idea y, mejor aún, hacerla bailable, vamos por buen camino.
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