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Desde un décimo piso...(crónicas de la vida urbana de un profesional treintón, separado, con dos hijos) |
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11/28/2009 Otra de fans...Como prácticamente todos los tipos de mi generación, mi vida se ha visto relativamente afectada por el fenómeno de Star Wars.
La primera película que recuerdo haber visto en el cine, en el desaparecido Velarde de Quilpué, fue Star Wars (muchísimo antes de que se llamara A New Hope), con tiernos cinco años. La primera película que fui a ver absolutamente solo a un estreno fue Return of the Jedi, al también desaparecido cine Rex de Viña del Mar (¡en otra ciudad!). La prmera caja de CDs que encargué fuera del país fue una caja de cuatro discos con el soundtrack de la trilogía. Armé un Tie Interceptor y un X-Wing, que estuvieron colgados del techo durante años poco después de que llegué a Santiago. La primera vez que hice fila pra comprar entradas para una película antes de que abrieran la boletería fue para el estreno de las versiones especiales en 1997. Tuve esas ediciones en dos versiones distintas en VHS, Platinum (Widescreen) y Gold (Fullscreen). Llegué cinco horas antes del estreno del infame Episode I a hacer la fila para entrar a la sala, junto con Morgan y Alvaro. Tengo un sable láser de juguete, modelo Qui-Gon Jinn, colgado en el muro encima de mi cama (regalo de cumpleaños de mi buen amigo Federico hace como diez años). Y una figurita de Obi Wan Kenobi. Fui a ver Attack of the Clones a la función de las 12 de la noche el día del estreno. Y lo mismo hice con Revenge of the Sith. Cuando por fin logré tener todas las películas en DVD, apareció una edición nueva con las versiones originales, y me las tuve que comprar de nuevo.
Sigo esperando que la ciencia informe que finalmente lograron desarrollar una espada láser operativa. Me río con cada referencia a Star Wars que aparece en los lugares más insólitos, y aún más con las que hace Kevin Smith en sus películas. Nos hemos despedido con amigos muy queridos y cercanos diciéndonos "Que la fuerza te acompañe". Y sí, cada cierto tiempo hago el gesto de usar la fuerza para detener una puerta apunto de cerrarse o para alcanzar un lápiz (sin éxito hasta el momento). Y mis hijos se matan de la risa y me siguen el juego cuando a la pregunta "¿quién es?" les respondo "yo soy tu padre".
Si leyeron con atención, se darán cuenta que hay una película que omití: Empire Strikes Back. Esa fue la primera película que entré a ver solo a un cine, con ocho o nueve años de edad. Andábamos en Valparaíso con mi mamá, la estaban dando en el Velarde, a ella no podía interesarle menos ver esa película, así que me ofreció entrar solo y esperarme sentada en la plaza. Eran otros tiempos. ¿A pito de qué me estoy acordando de todo esto? Porque hoy al mediodía me fui a dar una vuelta a un evento relacionado con Star Wars que se realizó acá en Santiago. Los chicos de Fansolo, una agrupación de fanáticos de la saga, cumplen diez años por estos días y no encontraron mejor manera de celebrarlo que tirando la casa por la ventana en el edificio de la Telefónica. Muestras de material, naves a escala hechas a mano, cascos, disfraces, actividades infantiles, juegos de rol y, por supuesto, la proyección en pantalla gigante de la película que resultó más votada como la favorita durante los días previos al evento. Y así volví a ver, una vez más, Empire Strikes Back en una pantalla tamaño cine. Y así volví a evocar lo que sentí casi treinta años atrás cuando estaba sentado, solo, en una butaca del Velarde de Valparaíso. Y, casi de yapa, volví a sentir la piel de gallina sólo con ver el título de una película en el cine (cosa que me pasa sólo con estas tres y con... Superman, la de 1978).
En definitiva, aplausos y mis agradecimientos para los chicos y chicas de Fansolo. Porque, en definitiva, estos eventos no sólo nos conectan con nuestros gustos y aficiones, sino con algunas emociones que asociamos a los objetos de nuestro fanatismo, con recuerdos, con memorias, con lugares, con pedazos de nuestras vidas. Y el poder evocar eso, aunque sea con la excusa de la ciencia ficción. es impagable. 11/18/2009 Glee
Adicionalmente, los profesores tienen sus propios problemas y conflictos, los que rápidamente quedan en evidencia y aportan a la receta. Todo lo anterior, matizado con las versiones que el "Glee Club" hace de conocidas canciones pop gringas. El resultado final es como se puede apreciar en este video.
En resumen, Glee es una serie más que recomendable para quien disfruta de la música y de las historias políticamente correctas en las que un grupo de perdedores se convierte, por la vía del trabajo duro y el talento, en un grupo de ganadores. La tendencia es clara: nerd is the new cool. 11/1/2009 Curvas de aprendizajeEl término Curvas de Aprendizaje (Learning Curves) llegó a mí a través de los videojuegos. Unos cuantos años atrás, allá cuando tenía una Playstation o una Dreamcast, solía comprar revistas sobre el tema. En ellas, dentro de los muchísimos factores de evaluación de cada videojuego (que incluyen la parte gráfica, lo entretenido que es, la ambientación, el argumento, y mucho más), se incluía la Curva de Aprendizaje.
¿Curva de Aprendizaje? ¿Acaso se necesita aprender a jugar videojuegos? La respuesta es si. En el principio de los tiempos, cuando todo se reducía a Space Invaders, Pac-Man y Rally-X, este aprendizaje tomaba apenas un par de minutos, lo suficiente para manejar una palanquita y, a lo sumo, un botón. Pero, con el paso del tiempo la complejidad de los videojuegos ha aumentado considerablemente, y hoy un control estándar tiene la friolera de dos palancas y más de diez botones. Además, las historias son más complejas, y lo que se puede hacer dentro de los juegos también. Tomemos por ejemplo un Grand Theft Auto: se puede caminar, correr, entrar en edificios, cambiarse de ropa, tener sexo, disparar, golpear, y algunas combinaciones de lo anterior. Obviamente, lograr disparar desde un auto en movimiento no es algo fácil de hacer, por lo que para llegar a eso se requiere aprender algunos pasos previos.
Volviendo al punto inicial: en términos muy simples, un atributo buscado en los juegos era el que la Curva de Aprendizaje no fuera muy pronunciada. ¿Cómo así? Muy simple de explicar con una analogía: si algo, cualquier cosa, es muy difícil de aprender desde el principio, generará frustración y la gente le hará el quite. Rápidamente los fabricantes de videojuegos aprendieron de esto, y comenzaron a producir juegos que tienen una curva de aprendizaje progresiva, no muy pronunciada, en la que el proceso de aprendizaje forma parte del juego en si mismo. Así, los God of War, Gran Turismo, Halo, Guitar Hero, Grand Theft Auto y similares, comienzan con una pequeña introducción y un trozo de juego básico, en el que se enseñan los principios iniciales, la funcionalidad mínima. Y así, poco a poco y progresivamente, a cada pequeño paso, se va entregando más información de funcionalidades, y de lo que hay que hacer. Y se aprende, bueno, jugando. Así, al cabo de un par de semanas el jugador ya conoce todos los botones, todas las funciones, y está listo para entrar en tierra derecha, en la parte de alta complejidad del juego.
Lo divertido del caso es que este concepto, de las Curvas de Aprendizaje, no es exclusivo del mundo de los juegos de video. Todas las destrezas, todas las habilidades, todo lo que aprendemos en nuestra vida, está sujeto a ellas. Cada nueva tarea que aprendemos se cimenta sobre las bases de lo que aprendimos antes. La vida entera puede verse como eso, como un proceso de aprendizaje con su respectiva curva. Y cada paso que damos en el mundo del aprendizaje es eso, un paso. Un escalón. Y así debe ser, puesto que en el momento en que lo que tenemos al frente no es un escalón sino un muro, quiere decir que la curva de aprendizaje es muy pronunciada y que es posible que hasta ahí no más lleguemos en ese aprendizaje.
Cada cosa nueva que aprendemos es un avance, progresivo, sobre algo que ya sabemos. Y la lógica de los procesos de aprendizaje está explícita en nuestra mente. Ejemplo de ello es el dicho "se debe aprender a caminar antes de aprender a correr". Prácticamente todo lo que aprendemos tiene un orden, una secuencia lógica, sea esto un deporte, manejar un vehículo, otro idioma, un nuevo programa en el computador. Y la curva de aprendizaje es el incremento de dificultad que conlleva cada uno de los pasos de esa secuencia. Y esta curva es determinante en el resultado final. Si es muy pronunciada -ya se dijo- espantará y, si por el contrario, tiene poca pendiente, el aprendiz se aburrirá rápido porque sentirá que no aprende nada pese al tiempo dedicado al proceso.
Pasa con las destrezas físicas, con las asignaturas del colegio o la universidad, o con un programa. Cada paso a su vez. Cada escalón. Y cuando el escalón sea muy pronunciado, se debería buscar la manera de fraccionarlo en escalones más pequeños. Ejemplo: aprender a andar en bicileta. Para lograr el equilibrio, al principio, se baja la pendiente de la curva de aprendizaje por el expediente de las rueditas chicas. Después la curva se incrementará si el aprendiz quiere aprender a andar sin manos, o a hacer piruetas al nivel de los X-Games.
Los colegios han sabido asimilar este concepto, y aplicarlo en buena forma. Yo lo experimento en forma casi diaria, con lo que aprenden mis hijos en el colegio, acompañándolos a estudiar, viendo cómo hacen las tareas. Los procesos formativos han cambiado enormemente desde la época en que yo fui al colegio, y se nota. La enseñanza ahora es más entretenida.
¿A qué voy con todo esto? A que, en un análisis final, no debería haber nada que una persona normal no pudiera aprender, en la medida en que la curva de aprendizaje asociada sea la correcta para él o ella. La misión de quienes enseñan, de los educadores, de los maestros (además de definir objetivos, entregar contenidos, y evaluar, dentro de una larga lista), debería ser el poder adaptar la curva, suavizándola, y eliminando los saltos bruscos. Tal como hacen los videojuegos: enseñando a jugar un paso a la vez (y si no me creen que esta es la forma correcta, pregúntenme por qué abandoné el juego de Superman Returns apenas después de la primera etapa). Kalfukura El lanzamiento estuvo buenísimo. Una hora de charla en la que los ya mencionados Baradit, Ortega y Osses, a quienes se sumó (en reemplazo de Patricio Jara) Jorge David, alias Dr. Zombie, entretuvieron a unos ciento cincuenta asistentes hablando del libro, de la fantasía local, de nuestros mitos, de la historia, todo como parte de una edición especial de la serie de podcast que Baradit y Ortega realizan bajo el título de Desde el Fin del Mundo (para los que quieran escuchar el show completo, el podcast del mismo está acá). Una fiesta. Jolgorio total. Reflejo claro de algo que sólo puedo imaginar: lo que siente un autor al entregar al mundo a su nueva criatura con una masa de fanáicos al frente.
¿De qué va Kalfukura? Una novela fantástica, de aventuras, la que -en palabras del autor- habla sobre "la conquista mágica de América". Baradit es, en primer lugar, un tipo arrojado. En un mes y medio parió este libro, tercer paso en su aventura en las letras. Baradit es, además, un tipo entretenido. Su participación en charlas y mesas redondas no tiene desperdicio. Baradit es, en tercer lugar, un tipo honesto: durante el lanzamiento se le preguntó el por qué había tirado toda la carne a la parrilla en Kalfukura, en vez de fraccionarla, descartando así la posibilidad de escribir una serie de libros con buen nivel de venta (acá cabe recordar que Ygdrasil se convirtió en un éxito de ventas en España, con lo que tiene e interés de ese mercado ya asegurado); su respuesta fue simplemente que así le había salido.
En definitiva: ya sea por las virtudes de Baradit, por las ganas de leer un buen libro de fantasía, o -por último- por el manoseado argumento de "es chileno", les recomiendo acercarse a su librería más cercana y hacerse con una copia. No se arrepentirán. Es más, en unos cuantos años, cuando Baradit se convierta en el fenómeno mundial que está destinado a ser, cuando sus libros sean hechos películas de gran presupueso en Hollywood, cuando el tipo se radique en otro país y aparezca en la lista del Forbes como uno de los autores que más gana en el mundo cortesía de sus libros, podrán decir con orgullo "yo leo sus libros desde hace mucho tiempo", y demostrarlo, mostrando su copia de la primer edición de Kalfukura. 10/11/2009 Se acaba desenfocados¿Cómo nos afectan las personas que conocemos, las decisiones que tomamos, los lugares en los que estamos? ¿Cómo se va desarrollando nuestra vida según estos parámetros? La interrelación entre sucesos aparentemente inconexos muchas veces es sorprendente.
¿A qué voy? A que en este momento de la vida (desde una perspectiva de lo que hago) me defino como un ingeniero al que le gusta escribir. Y esto porque en los últimos seis años he tenido distintos espacios en los que escribir. Y esos espacios, todos, han partido de un mismo origen: la lista de cómics en que participaba Rolando. Así es: los distintos e-zines o sitios web, la publicación en CeroUno el año pasado, e incluso ahora la posibilidad de publicar el libro que escribí, todo eso, ha sido a través de amigos que he hecho en comics_cl. Quién más, quién menos, en ese grupo humano virtual he encontrado más que personas con las que compartir una afición. He encontrado amigos, espacio, motivación para desarrollar una veta que estuvo largo tiempo dormida.
¿Por qué hago este análisis aquí y ahora? Porque -tristemente- uno de los e-zines a los que llegué desde comics_cl, el ñoñolog desenfocados.cl, cierra sus puertas. Mi buen amigo Lecaros baja la cortina en su encarnación actual. No más artículos. Lo que ya está arriba se quedará un tiempo, pero más pronto que tarde desaparecerá.
Atrás quedan casi cinco años en los que escribí de ñoñerías varias: el renacimiento de Green Lantern, los New X-Men de Morrison, Superman Returns, la película Hollywoodland, el último libro de Harry Potter, Planet Hulk, World War Hulk, y un par de cosas más, incluída mi reseña a la peor película de la historia, Blonde Ambition. Entremedio, migraciones de plataforma, borrado masivo de artículos, y la siempre presente edición de Lecaros, abierto a recibir mis colaboraciones en todo momento y lugar.
Quizás desenfocados nunca fue un sitio muy grande, popular o visitado. Pero fue un sitio con onda, donde las ñoñerías se llevaban con orgullo. Es triste, aunque entendible, que estas ventanas se cierren. Pero así es el mundo, sobre todo en el rápido negocio del internecs, donde estas quijotadas autosustentadas, que en muchas ocasiones no generan ingresos, no se pueden mantener para siempre.
La vida ha sorprendido gratamente a mi yo escritor. Desde la primera columna que envié a puertocero en el 2003, hasta ahora, debo haber escrito sobre un cuarto de millón de palabras en notas varias y en mi libro (tengo pendiente hacer los números totales). He descubierto que hay gente que sigue este blog, que ya pasó las 12.000 visitas. Me han publicado tres veces en un medio impreso. Me han llegado correos de amigos a los que les llegó un correo apuntando a algún artículo que escribí. Me atreví a mandar cuentos al Santiago en 100 palabras. Un par de amigos me ha dado las gracias y se han emocionado leyendo alguna tontera que posteé en alguna parte. Y tengo terminado un libro que, quizás, se publique y venda. Todo eso, todas las alegrías que me ha dado esto de escribir, no habrían sido posibles de no existir tipos como mis amigos Orpheus (que regentaba puertocero) y Lecaros.
Quién sabe qué nos depare el destino, o en qué vuelta del camino nos volvamos a encontrar. Pero independientemente de cómo o cuándo sea, será con la alegría de reencontrarse con alguien con quien se compartió algo bueno. Con alguien a quien conocí inicialmente de la manera más improbable. Porque, como decía al principio, los recovecos de la vida y los compañeros de ruta están donde uno menos los espera. Como sea, y hasta entonces, gracias, Lecaros. Fue un gusto colaborar con desenfocados. Me quedo con el mejor de los recuerdos del segundo sitio que me acogió, que me dió un espacio, que me permitió -si se quiere- alzar vuelo.
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